Poco se puede decir de la barbaridad que representa la obra de Edgar Allan Poe. Su genio y miseria, aspectos indisolubles de su vida, se catapultan hasta pronunciarse sobre los miedos y experiencias limítrofes más aterradoras de la vida humana. Ya decía Baudelaire en su sentido homenaje al norteamericano que la obra de Poe reflexionaba sobre la belleza como un atributo susceptible de alcanzarse tanto en la naturaleza como en la creación humana. De la mano de lo anterior, el mismo Poe afirma en "La posesión de Arnheim o el pasaje hacia el jardín" que, para alcanzar la felicidad, se deben observar cuatro condiciones: 1) el ejercicio al aire libre; 2) el amor a la mujer; 3) el desprecio por la ambición; 4) el cultivo de la poesía o la belleza (pág.1104). En cierto modo, sus cuentos logran condensar todas estas preocupaciones y la posibilidad de su negación-sin desconocer otras igualmente importantes como la fortuna y su injerencia en la vida, el humor, la palabra y su potencia, etc-.
De hecho, tal vez sea más preciso señalar que los cuentos de Poe presentan, sobre todo, la imposibilidad de ser partícipes de la felicidad. A diferencia de sus poemas, el personaje de los cuentos de Poe suele ser un sujeto atormentado por los nervios, en los extremos de la locura, sometido a la historia inmediatamente vivida que sólo puede ser narrada, como un impulso furioso en el que la vida se aloja antes de perder la posibilidad de su sosiego. En algunos casos, es el amor y su carencia la que se esgrime con plena potencia: "Morella", "Ligeia", "Berenice" y "Eleonora" son muestras de la pérdida del sentido de la vida misma a partir del hecho de saberse solo...de perderse la posibilidad de compartir la vida con el ser amado. En otros casos, Poe se vale de imágenes limítrofes, alegóricas, en las que la muerte nos recuerda que es nuestra última posibilidad: tal es el caso de cuentos como "El rey Peste", "La máscara de la muerte roja" (el cuento más bestial de Poe a mi juicio), "Hop-Frog" (otra barbaridad literaria), "Metzengerstein", "El hundimiento de la casa Usher" (estos dos últimos cuentos son preciosos en su composición y alegoría), los diálogos platónicos, "El gato negro" y "El corazón delator". En cada uno de estos casos, Poe se permite hilvanar la catastrofe y la serena muerte como únicas posibilidades de la experiencia humana; más allá de los breves intervalos en los que la felicidad pareciera ser el hecho mismo de la existencia. A mi juicio, son en estos dos conjuntos de cuentos donde sale a relucir el talante literario del escritor norteamericano: escritos con cincel sobre mármol, sus palabras son las del artesano que, reconociendo su talento, no se permite deslumbrarse por el mismo; sino que se esfuerza en la medida de sus posibilidades por pulir su arte. Desde el mismo propósito narrativo de Poe, que no era otro que el de hacer cuentos en los que cada oración contribuía a un afecto que debía ser constitutivo de la narración misma, se entrevé la necesidad de ser cuidadoso con cada oración y palabra. De allí que no sorprenda el afán del norteamericano por retocar cada uno de sus relatos, cuando no de reescribirlos directamente.
Especial mención cobran los relatos de aventura y los detectivescos: desde el viaje en globo y "El escarabajo dorado", pasando por "El viaje al Maelstrom" y el "Manuscrito hallado en una botella", Poe se permite mostrar sus dotes de narrador a la par que manifiesta su sensibilidad ante la naturaleza misma. Sobre los cuentos de Dupin, resta decir que "Los crímenes de la calle Morgue" sigue siendo de lo mejor de los relatos detectivescos.
Lean a Poe. Sin importar edad, ni momento de la vida, ni nada. Aquí está la belleza del que supo ver su vida apagada por la miseria.