Un libro fascinantemente sádico y desquiciado, enajenante, violento, excesivo y mundano, sin duda sarcástico hasta el punto de lo vejatorio y lacerante. En suma, un libro que personalmente disfruté (y que me gustó en cuanto ficción, aunque lo diga con el resquemor de un paréntesis), pero que no lo recomendaría, por ningún motivo. Que de eso se encargue el destino y sus locuras. La mejor analogía en cuanto a obra creativa en la que puedo pensar —para describir la experiencia de Ñachi— sería la de ejemplificar con A Servian Film. Algo más burdo sería imaginar que la historia es narrada por un Dahmer/Arthur-Fleck en un post vía darkweb de 4chan o en un subgrupo sospechoso de Reddit sin moderación. Todas esas limitaciones hacen evidente los obstáculos que puedan ocurrir al momento de leer este librillo. No me esperaba lo que leí, pero un sesgo a mi favor, el de cierta alienación controlada, me permitió un recorrido más apacible entre estos párrafos charquicanescos, cosa que no esperaría fuese un común denominador. Quién sabe; ni idea.
Del libro en sí. La historia de Ñachi es contada mediante una serie de cartas sucesivas que son escritas por quien es —sin duda alguna— un protagonista pervertido, depravado y corrompido hasta las uñas y la mugre de sus uñas. Sus misivas van hacia la que fuera la toqui líder de la última avanzada Mapuche, enfrentamiento detenido a la altura de Rancagua sin motivos aparentes. Todo ocurre en el año 2045, futuro que se nos evidencia como uno en el que Occidente ha caído (bombas nucleares y armas químicas mediante) y Chile se ha sumido en un conflicto armado con la nación Mapuche, guerra que se habría proclamado oficialmente en el año 2009. Los detalles de este mundo ucrónico-postapocalíptico revelan un evidente y claro deseo autoral de crítica sardónica, aunque limítrofe en su coherencia, riesgosa en sus propuestas que, valga mi párrafo introductorio, pueden perderse por su ejecución despiadada e impía, acaso la única forma de narrar en primera persona asumiendo a un protagonista como el de este libro… Con el escenario esclarecido, el texto avanza en torno a las dudas que se remiten al lector sobre qué detuvo la guerra en Rancagua, cuál es la verdadera obsesión fetichista y misógina del narrador hacia la toqui y, finalmente, cuál es el nivel de confianza y traición que destilan las epístolas, por dentro y por fuera de las páginas.
Un libro cuestionable, sin duda, y quizás por eso interesante. Como lector me vi siempre intrigado, con esa adrenalina culposa de leer algo tal vez demasiado sacrílego, pero que no tenía retorno, en mi caso. No lo recomiendo, del mismo modo que no recomendaría mirar el abismo por mucho tiempo.