Estamos ante una novela noir, que a su favor carga con el Premio Dashiell Hammett de la Semana Negra de Gijón, pero no es la típica historia llena de clichés y fórmulas habituales del género, si bien contiene sus premisas esenciales. Ahora, a pesar de haber compartido un buen trozo —bien resumido— de la sinopsis, te ofrezco mis ampliadas razones para que entiendas la clase de Librazo que me ha dado Carlos Bardem.
Con constantes aluciones al mundo del cine, y un sentido del humor refinado, buen equilibrio entre la prosa culta y la sencilla, juegos con el lenguaje y momentos de aguda introspección en el que Fortunato, el protagonista, nos invita a cuestionarnos desde a nosotros mismos hasta nuestro entorno, Carlos Bardem nos ofrece la historia de un asesino contada en primera y tercera persona, con mucho flujo de pensamiento y contrastes interesantísimos, como todos los personajes aquí presentes; se sienten totalmente reales.
Se apoya de saltos y mudas para llevarnos al pasado de Fortunato y conocer su vida, las raíces de sus sentimientos, de su ideología y de sus pasos, pero también para ver algunas acciones desde diferentes puntos de vista.
Al asesino le gusta escribir, y lleva un poemario y una obra de teatro de forma discreta, pero no tanto como su profesión, de la cual ni su mujer sabe. Esta afición dará un giro inesperado en la trama, y es comprensible teniendo en cuenta los códigos morales y éticos que vamos conociendo de este curioso personaje: «(...) Su asesino siempre modificaba e influia en su escritor...». Claudita, su mujer, que es actriz, adquiere más importancia en la trama a medida que se avanza en la lectura: «(...) del mal solo te salva amar, siquiera a una persona entre toda la humanidad, y ser amado por esta...».
El lirismo que alcanza en la prosa eleva muchísimo a la novela, que va más allá de lo noir, pues resulta también un estudio de la España de hoy, del estado en que se encuentra la naturaleza humana en la modernidad: «(...) Cualquiera que llegue a puestos de poder, en la empresa o la política, es por fuerza alguien con rasgos psicopáticos. La falta de empatía es indispensable cuando tu vida es imponerte a otros, pisarles y pasarles por encima. Nos lo venden como sana ambición y competitividad (...), pero es simple psicopatía...».
Es una novela que combina muy bien elementos de la literatura filosófica, humorística, noir y existencialista: «(...) la soledad escogida es una actividad solo al alcance de los espíritus más refinados...».
Fortunato, por fortuna —je, je— para los lectores, nos da acceso a su caudal de experiencia y escepticismo para sentenciar varias verdades que muchas veces sabemos y no logramos, o no sabemos, o no queremos poner en palabras; llené el libro de marcas y subrayados, de citas y frases para reflexionar.
«(...) ¿Acaso no es esa la gran tarea de cada ser humano? ¿Darnos un relato con sentido para, al final, morir menos asustados y perplejos? ¿Se puede explicar el mundo sin mitos, sin personajes?»: Este es el alegato de un hombre maduro cuya sabiduría ha vuelto misántropo, medio fatalista y muy aterrizado, de ahí su inconformidad con el mundo que le rodea, con las realidades que nos imponen las redes sociales y las máscaras de las personas, los sistemas y las leyes: «(...) Odia su tiempo, pero no es tonto, sabe que pertenece a él inexorablemente, así que opta por vivirlo desde la singularidad...». Se trata de un justiciero psicópata, liberado de las cadenas sociales más mainstream de estos tiempos, un antihéroe anacrónico y cínico a fuerza de exceso de lucidez: «(...) Los psicópatas tienen problemas para sentir, no para razonar (...), yo solo ayudo a que malas personas eliminen a malas personas».
Fortunato es uno de esos personajes de moral cuestionable y particular sentido de la justicia que se te quedan en la memoria por lo mucho que te cuentan; uno de esos antihéroes a los que se les coge cariño o al menos se le presta real atención, como el Tom Ripley de Patricia Highsmith o el Patrick Bateman de Bret Easton Ellis en su American Psycho. Dicho esto, desde mi más que humilde condición de lector, prescriptor de lecturas y bookstagramer para nada influencer y mucho menos vidente: auguro película —también influye en mi criterio el reconocimiento actoral de su autor.
Fortunato se rebela contra ese Catolicismo cuasi medieval que aún existe en muchas regiones de España y que sobrevive en la memoria histórica, en la obra y el pensamiento de mucha gente, contra el establishment moderno, contra la tiranía esclavista de las redes sociales y el exceso de tecnología en nuestras vidas: «(...) Convertir a los hombres en un código binario, en información sobre sus gustos para el big data, fue quitarles el alma y cualquier posible resistencia a este sistema, que se presenta como el único posible. Cuando no puedes parar de correr en la rueda no tienes tiempo para pensar y menos para revelarte. Y esta gira tan deprisa,¡son tantos los estímulos!, que parece imposible saltar de ella sin romperte la crisma»; arremete también contra el sistema corrupto, la demagogia y el descaro político, ¿recuerdan que hace un tiempo les comentaba que la política es el verdadero malo de todos los cuentos? Aquí confirmo y reitero.
Lo mejor de Nino Bravo es el disco que protagoniza la banda sonora de la historia, ya que Fernández le da los encargos de asesinatos a Fortunato en medios susurros bajo el sonido del Long Play del tenor dramático.
Creo que «El asesino inconformista » es una gran novela filosófica, política, psicológica y realista con un título comercial y un argumento de novela negra salpicada de humor. Una lectura acertada en todos los sentidos. Lo que en verdad asesina Carlos Bardem, o Fortunato aquí a su nombre, es a la banalidad, pues durante y tras su lectura tu conciencia se verá sacudida ante los eventos cotidianos más simples de hoy, como la inmersión en el teléfono y el seguimiento de las ene reglas "sociales" de este tiempo. Después de leer este libro me siento —siguiendo el juego de palabras de Fernández— ilumingradecido, que viene a ser iluminado y agradecido.
El final, que coquetea con el suspenso y la redondez, hace que el lector regrese al título de la novela y sonría ante la jugarreta del autor en esta obra tan profunda y entretenida, que te deja la inquietud del inconformismo con todo lo que se nos impone hoy en día como cierto, falso, correcto, incorrecto, moral... En fin, que no te conformes con nada de esto que te digo, vete a leer esta novela que entre intriga, asesinato, sexo, drogas, teatro, música, corrupción, conspiraciones y suspensos, te mantendrá como decía mi difunto tío — casualmente llamado Carlos también— con los radares engrasaitos engrasaitos.
Repito: un gran acierto e ideal para leer, no solo en verano y no solo en este tiempo. Carlos Bardem ha sabido dejarnos una novela que contiene los elementos necesarios para mantenerse actual por muchísimos años, pues como él mismo dice entre estas páginas: «las historias más interesantes son siempre las de las personas rotas, perdidas y malditas...», y si a eso le añades los grandes y clásicos temas de la literatura que también se abarcan aquí; dígase amor, vida, muerte, el paso del tiempo, el viaje interno del hombre dentro de su tiempo y a eso le añades la alta carga filosófica, la acción y lo entretenida que la novela logra ser, pues, ¿necesitas más elementos para convencerte de por qué hablo de este Librazo?