Me conflictua gravemente esta obra.
Primero que nada agradezco el esfuerzo que supone rescatar La única, los medios de producción de la obra se entrelazan particularmente con su contenido. Su rescate, como bien apuntaba Sara Poot Herrera supone la posibilidad de otra lectura, lejos de la invectiva se le expone también como una obra narrativa, una ficción partícular de su época y una visión, como ya lo adelanta el título, única.
Marin desmitifica no solo al grupo de poder intelectual mexicano sino a la figura del hombre en general, lo logra mediante divertidos y ocurrentes momentos que al mismo tiempo hacen evidente la experiencia de un cuerpo femenino a inicios del siglo XX, cuerpo que es sosten de señalamientos pero también un medio para sortear la violencia circundante. No puedo sino imaginarme la audacia y rebeldía que este texto suponía en la época, solamete desde la representación que propone de los diversos personajes, sobre todo la visión femenina que no se permite quedar al margen en un mundo profundamente machista.
Lamentablemente siento que esta nueva lectura también nos permite notar algunos malos manejos de la narración, que a ratos se vuelve engomosa, lenta y repetitiva. Es una pena muy grande cuando esto sucede, llega a opacar los mejores momentos del libro, aquellos destructivos que desde la ironía mordaz condenan los modelos de poder en la intelectualidad, en la izquierda y la derecha y en la sociedad mexicana.
Mientras que ciertas técnicas narrativas se repiten mucho, al punto que merman la fuerza que deberían tener, hay temas que siento se abandonan demasiado pronto, hay un cúmulo de discusiones que tristemente solo queda imaginarse la extensión y potencial que tendrían sobre toda la genialidad de los personajes, especialmente la cuestión de la maternidad.
En un punto me llega la impresión que como un todo también llega a reproducir ciertas ideas problemáticas. Pero bueno, como diría la protagonista del libro:
"¿Quién posee la verdad sobre la moral y el arte? ¿Quién sobre la ética y estética?"
Por último, a pesar de mi calificación negativa, creo que sí es una obra muy suceptible a la discusión y al diálogo, por lo tanto recomendable. Aparte de eso, otro de sus grandes aciertos es saber que la literatura es un despliegue violento y necesario sobre las cosas y el lenguaje.