La intolerancia y la falta de empatía es lo que nos separa. No la diversidad. Las sociedades más justas e incluyentes son aquellas que reconocen y propician la pluralidad. En ellas suele haber una mayor concentración dementes creativas que son estimuladas por el ambiente de aceptación a la diferencia. Donde hay unanimidad es más difícil que prospere el pensamiento crítico y también, por tanto, la libertad.