Para alcanzar el respeto hay que afrontar los obstáculos que impiden superar antiguos orgullos, imposiciones sociales y culturales, indolencia y falta de compasión por el otro. Si cambiamos el chip y hacemos lo correcto, ¿emergerá una nueva virtud y una manera más integra y justa de aceptar el dolor ajeno, reducir el sufrimiento y asumir como propias las desgracias ajenas?