Entre 2014 y 2018, las socorristas de Argentina acompa¤aron a 19.361 mujeres que abortaron de manera segura con medicamentos, brindandoles la informacion necesaria. Son datos estadisticos que se conocen por el trabajo de sistematizacion que cada colectiva de la red de socorristas realiza cada vez que acompa¤a a una persona que decide interrumpir un embarazo. Diecinueve mil trescientas sesenta y un mujeres con nombre y apellido que dan cuenta de esta practica de resistencia, rebeldia y desacato que se envuelve en afectos y abrazos feministas que le dan relieve y sentidos nuevos a la palabra aborto. Abortar es una desobediencia y una accion feminista, las socorristas crearon sus propias pedagogias aborteras de la amorosidad, que hacen estallar los paradigmas patriarcales. Son pedagogias que nombran en voz alta al aborto y lo visibilizan, porque a la clandestinidad no volvemos nunca mas.
Adquirí el libro hace unos meses, pensando que el mismo trataría de relatos de personas que, bajo el anonimato, contaban sus experiencias de abortar con ayuda de las Socorristas. Pero no fue tan así. Me impresionó gratamente encontrar un libro en donde cada capítulo es relatado por distintas activistas de la organización. Se habla de los orígenes de la misma, su protocolo a la hora de ayudar/asistir a las mujeres que lo necesitan, como ellas mismas han tenido experiencias personales muy cercanas con el aborto, y que las llevó a formar parte de las Socorristas. El libro en sí no es muy extenso, pero de la forma en la que está presentado (capítulos breves, a veces separados por ilustraciones a color), la lectura se vuelve muy amena y ágil. En mi caso, fue una lectura de playa que finalicé en tres días y me gustó bastante. Si me dejó con ganas de mucha más información, porque lo sentí bastante introductorio, y (quizás porque, de cierto modo, fue lo que creí que iba a hallar en este libro). Hubiese sido bastante interesante incluir algunas experiencias de mujeres que abortaron de forma segura gracias a las Socorristas, aunque si comprendo la complejidad que puede conllevar publicar algo así.
El rol del cuidado ha sido históricamente asignado a la mujer. Culturalmente hemos aprendido que somos nosotras las que, del cuidado de un otro, somos las que debemos [en]cargarnos, como si estuviésemos, incluso, naturalmente predispuestas a ello; desde lo doméstico (cuidar al hijo, al marido, etc.), y también desde lo profesional existe todavía una cierta tendencia a entender algunos oficios como ocupaciones de inclinación femenina (enfermeras, niñeras, trabajadoras del hogar, etc.) por estar vinculados a la acción de brindar asistencia a un otro vulnerable o que está, en la pirámide de jerarquías impuesta, por encima de nosotras.
Entonces, ¿qué pasa cuando las mujeres deciden cuidar a las que abortan? Las autodenominadas “socorristas”, han resignificado éste, “nuestro” rol. Las experiencias que compila aquí Laura Rosso, dan cuenta de cómo, desde el feminismo, hace décadas se viene reconfigurando la función del cuidado, aplicándolo a las que decidieron infringir el mandato de la maternidad. Es así que la concepción de este acto de asistencia femenil migra de una arraigada en lo patriarcal, a otra que lo hace desde la vereda de enfrente. El feminismo se reapropia del cuidado y confronta su origen patriarcalista al ofrecer apoyo y acompañamiento a las infractoras, a las desobedientes no-madres.
La autora se centra en Argentina, puntualmente en la agrupación que, desde la ciudad de Neuquén, fue tendiendo una red de socorrismo que, primero, unió eslabones a nivel nacional, asociándose con otras colectivas feministas del país, y que hoy en día alcanza una dimensión hasta regional latinoamericana.
El libro es útil por su contenido histórico, sin embargo no es éste su principal enfoque. También se esmera en hacernos saber que el socorrismo es una práctica, aunque amorosa, compleja, para la cual las socorristas han desarrollado, a través de los años, toda una “pedadogía y ética del cuidado feminista”. Lo que hace reflexionar en lo valiosa que es la labor que han llevado adelante, y cuyas enseñansas son importantísimas para aquellos países en los que aún se sigue luchando por la despenalización. ¿Y qué pasa con aquellos en los que sí se ha regulado y despenalizado la Interrupción Voluntaria del Embarazo? Pues el socorrismo no está entramado en prácticas, conocimientos y aprendizajes históricos descartables: se habla de que las mismas que ayer fueron las que ampararon a otras ante el abandono del Estado, serán hoy las que velen por el cumplimiento de las normativas que garantizan el derecho conquistado a decidir sobre nuestros cuerpos.
Estos días, en que el estreno de la adaptación de El Eternauta ha tenido gran alcance mediático, se nombra mucho el concepto del “héroe colectivo”, de que nadie se salva solo. Bien, en la misma línea, en las socorristas yo veo a unas heorínas.