¿Escribir un libro puede ser una forma de revelación? Según Ángela Segovia, cada vez que escribe por voluntad su interior convulsiona, sucede que toca un límite. «Ya no puedo escribir a no ser que la escritura venga a mí. Si lo intento forzar algo explota por dentro». Mi paese salvaje forma parte de una serie titulada «Bella morte, una aproximación de la autora a una forma de escritura con menos ataduras y, sin embargo, con más raigambre.
Ángela Segovia nace en 1987 en Las Navas del Marqués (Ávila), «esta tarde cuando salí de casa de mis padres el aire había cambiado de color, había algo un silencio que se cerraba contra el viento. Las nubes se agolpaban arriba, aún blancas. A lo lejos se oía el griterío de los niños, niños jugando».
Ha publicado ¿Te duele? (V Premio de Poesía Joven Félix Grande, 2009) y de paso a la ya tan (ártese quien pueda, 2013). «Lírica hoy, para mí, es un acto de fe. Y en tanto eso, un acto de amor». En 2015 y 2016 es becaria de creación en la Residencia de Estudiantes. «El otro día cuando volvía a la Residencia, pasé el pasillo de los árboles de olor y junto a la cabañita de abastos apareció un viento enorme que me envolvió, era muy grande y lo agitaba todo con velocidad, me golpeaba en la cara fuertísimo».
En 2016 publica en esta misma editorial La curva se volvió barricada, que al año siguiente obtiene el Premio Nacional de Poesía Joven, «y yo no sé dónde meterme, estoy muy feliz». En 2017 traduce del gallego de Alén al castellano de Las Navas CO CO CO U de Luz Pichel (también en La uÑa RoTa).
En 2016 empieza a escribir Amor divino: «Sigo con el libro, llegué a algunas soluciones ayer. Me gustaría poder pasear un poco, porque así pienso mejor… Hay muchas coincidencias, eso me da cosquilleo en el pecho».
No sé muy bien qué he leído, pero es de una fuerza impresionante, un universo demasiado particular que da retazos de claridad en la oscuridad, un movimiento hacia algo, un movimiento que va en aumento hacia ese algo... No sé, sólo sé que estoy inquieto.
La forma que tiene Ángela Segovia de deformar el lenguaje, expandirlo, encogerlo para luego volverlo a montar y desplegar un universo de sentidos nuevos en sus poemas es algo que me fascina en cada libro suyo que leo.
Cando leo a Ángela Segovia abro as ventás e mantéñoas abertas. Neste libro ela vaise acercando á morte, cunha humanidade docísima e feroz, contigua. Vaise liberando daquel "hueso en forma de u—Que crece y lo llena todo", daquel óso que "me anudaba la garganta. Os poemas gózanse coa brandura da auga que mantén os recordos de "Mi paese salvaje", ese lugar de despedida e de confianza como a guedella inocente dun año. Ángela é testemuña do terror da cripta e dos bichiños brillantes da cripta que é unha praza que é unha infancia que é volver á vida "Y observar todo detalle—Aunque después se me olvide". Unha póetica libre, propia e inesquecible. Unha vontade por seguir xentilmente. "Alegraos".
No es un libro fácil de leer, y muchas veces he creído que no lo iba a conseguir entender nunca. Pero la poesía se trata de jugar con el lenguaje y de sentir. Y de eso Ángela Segovia va sobrada.
Una auténtica delicia, imprescindibile. Ángela Segovia continúa su progresión y se eleva como una voz única en el panorama poético español. Una ruptura tras otra del lenguaje que lleva a lo puramente lírico a través de una sentimentalidad preciosa e intensísima.