Publicado por primera vez en 1992, y atenuado hoy su componente informativo por el avance tecnológico, Siluetas es un conjunto de ejercicios interrumpidos apenas por el sentimiento la admiración. Cada relato comporta una epifanía, que ilumina a partir del albur biográfico la obra de novelistas y poetas célebres, no tan célebres o directamente ficticios.
Con la misma gracia de John Aubrey o Borges, Luis Chitarroni actúa como si las mayores aventuras en literatura se dieran en las incógnitas y escenarios que ella misma crea.
Luis Chitarrroni (Buenos Aires, 1958) es escritor, crítico y editor. Publicó los libros: Siluetas (un catálogo biográfico de escritores reales e imaginarios, que había escrito para la revista Babel), las novelas El carapálida (Tusquets, 1997) y Peripecias del no. Diario de una novela inconclusa (Interzona, 2007), además del libro de ensayos Mil tazas de té (La bestia equilátera,2008). Suele colaborar con diversos medios.
Chitarroni es el tipo de lector que todo lector envidia. Aquel que muestra los aparentemente inexistentes hilos que hay entre lecturas y de como el chisme es, también, otra forma de leer.
Una cosa es leer con cierto agrado la notas de Borges en El Hogar y otra cosa es apenas ochenta años después postularse como su vera continuación, práctica meritoria para los aprendices de Menard y no sé si tanto para Chitarroni. Al resultado le sobran justamente ochenta años de siglo XX.
Desde la modestia nada se puede decir, es intachable cada nota, cada párrafo y hasta cada palabra bien puesta. Desde la soberbia que da la ignorancia podemos decir que muy pronto dejan de interesar los avatares de cada uno de los personajes, avatares que suelen reducirse a relaciones con otros personajes, más y menos relevantes suponemos. Pero el lector deja de fijarse en cada palabra que comienza con una mayúscula, y ante sus ojos cada nombre se cubre con un par de equis, es decir xx. XX se carteó con XX por ejemplo. Con esta conveniente adición la lectura alcanza legibilidad, y destacan muchos méritos. Hay oraciones perfectas. Hay chistes, o un tono de humor.
Estas páginas se publicaron a lo largo de muchas semanas. Aquí recopiladas sufren de abundancia. Es decir, en módicas dosis habrán sido mucho más entretenidas que una tras otra.
¿Qué más? Dos apuntes personales: de cuarenta escritores recuerdo haber leído a cinco. El único que me interesaba a priori es Hrabal; su capítulo es tan bueno como los otros. Y que esta lectura ha sido una obra voluntaria de snobismo. En ese sentido me doy por satisfecho.