La niña que Yáñez nos muestra en las páginas de su libro no es como las que bailan en las rondas de Gabriela Mistral, que se dejan llevar por la locura del baile hasta despegarse del suelo; el desvarío de la ronda hace que las niñas dejen de ser invisibles, como se aprecia en los poemas de Mistral, en que los corros de niñas son observados a la distancia por madres y padres; no pueden evitarlo, esas rondas brillan y remecen el suelo.
“Comarca perdida”, originalmente titulado “Visiones de infancia”, se publicó en 1947 y se trata justamente de eso, son una serie de cuentos, cortitos de no más de 3 páginas cada uno que son una recopilación de memorias de la infancia de la autora. Pero esto está lejos de ser una autobiografía, aun cuando nos encontremos con ciertos datos de su vida que la historia puede respaldar, el tono de la narración apela más bien a una apreciación de la interioridad de la niña María Flora, quien nos comparte sus pensamientos, sus impresiones y emociones acerca del mundo que la rodea. La voz narrativa de los relatos es superinteresante porque se van intercalando apreciaciones de la niña María Flora y también de la adulta María Flora, quien mira estos recuerdos y comenta acerca de ellos desde la distancia del futuro. En este sentido, los relatos no buscan ser fieles calcos de la realidad, sino que es como si miráramos su vida a través de una bruma, que no nos permite ver todos los detalles de la escena descrita.
Me encanta este rescate literario de mujeres de las ediciones UAH, no conocía a María Flora Yáñez y fue muy interesante descubrirla y estos recuerdos de infancia que nos hablan de un Chile que ya no existe (o sólo existen sus resabios).