Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Jean Anouilh (1910-1986) se reveló como uno de los mayores representantes de la renovación teatral francesa. Con sólidas estructuras dramáticas y pleno dominio de la situación escénica, sus obras deslumbraron por su rica fantasía y su frescura. Antígona fue justamente la pieza que por aquellos años afirmó el nombre de Anouilh en el escenario. Inspirada en la tragedia homónima de Sófocles, desarrolla el tema clásico desde un punto de vista moderno, especialmente atento a los factores psicológicos, con una gran altura conceptual y belleza formal. Integra este volumen Jezabel, una de las famosas "piezas negras" del autor.
Jean Anouilh was a French dramatist and screenwriter whose career spanned five decades, producing works that ranged from high drama to absurdist farce, though he is best remembered for his 1944 production of Sophocles’ Antigone, which, despite passing censorship, was widely interpreted as a critique of the Vichy regime. Born to a tailor father and a violinist mother, Anouilh absorbed the theatre from an early age, attending rehearsals and reading scripts, and began writing plays at twelve. The family moved to Paris, where he attended the Lycée Chaptal and briefly studied law at the Sorbonne before leaving to work in advertising. Early in his career he wrote comic scenes for cinema and worked as secretary to director Louis Jouvet, whose mentorship and the influence of playwright Jean Giraudoux inspired Anouilh to pursue theatre seriously. He debuted with collaborative and solo plays such as Humulus le muet, L’Hermine, and Mandarine, which, though not commercially successful, led to greater recognition with Le voyageur sans bagage in 1937. Anouilh developed distinct categories for his plays, including pièces noires, or tragedies like Antigone, exploring moral integrity against compromise; pièces roses, comedic works emphasizing fantasy and freedom; pièces brillantes, witty plays set in aristocratic environments; pièces grinçantes, darker, ironic comedies; and pièces costumées, historical dramas such as The Lark and Becket, highlighting protagonists pursuing moral paths amidst corruption. His later works, often called pièces secrètes, focused on dramatists and theatre professionals, emphasizing family and intimate relationships over conventional theatrical action. Politically, Anouilh remained largely apolitical, serving in the French Army and living under German occupation, his plays often interpreted as ambivalent reflections on resistance and pragmatism. Critically, he was recognized for blending lyrical language, precise dialogue, and structured plots, producing a prolific output for over fifty years, and winning accolades including the Prix mondial Cino Del Duca, consideration for the 1962 Nobel Prize in Literature, and the inaugural Grand Prix du Théâtre de l'Académie française. His works continued to be performed internationally, balancing existential concerns, moral dilemmas, and humor, reflecting a nuanced perspective on human nature. By the end of his career, he had influenced French theatre deeply, navigating between realism, comedy, and tragedy, and remained a vital figure in twentieth-century drama until his death, leaving a legacy of plays that explore the tension between idealism and compromise, the demands of conscience, and the pursuit of integrity in a flawed world.
leí esta obra por primera vez hace diez años y pienso lo mismo que aquel entonces: me encanta este creonte más humano que cuando se entera de que antígona fue la que enterró el cuerpo de polinices le dice "vamos a hacerte pasar por enferma y de estos tres guardias que te vieron me encargo yo. vos vas a vivir". no me gusta que eteocles y polinices sean dos rufianes, pero igual lo entiendo. me fascina el prólogo del principio.
“¿Qué mezquindades tendrá que hacer día a día, para arrancar con los dientes su pedacito de felicidad? Dígame, ¿a quién deberá mentir, a quién sonreír, a quién venderse? ¿A quién deberá dejar morir apartando la mirada?”
15 años luego de la primera lectura en la escuela decidí releerlo y la pregunta sigue igual... ¿qué necesidad de una muerte sin sentido en Antígona? ¿Cómo es que más de 2000 años después seguimos celebrando historias como estas? ¿Acaso no evolucionamos? ¿No podemos celebrar la vida en historias de personas, que con sus defectos y virtudes, con sus matices, logran crecer, vivir, disfrutar? ¿Por qué desde tan pequeños nos inculcan historias que, pese a que son previas al cristianismo, siguen cargadas de culpas y remordiemientos?
La única diferencia que encontré con aquella primera lectura es que en ésta, ya en mi adultez, puedo empatizar más con Creon y ya mucho menos con Antigona.
La otra diferencia, que ahora me doy cuenta, es que yo si evolucioné, y por suerte o tras mucho esfuerzo, logré soltar esas viejas estructuras que nos enseñaron y estoy un paso más cerca de vivir en real libertad . . . En relacion a Jezabel, tragedia, que ya que está en el mismo libro, la leemos ahora de grande por primera vez, encuentro la síntesis de muchas mezquindades y mediocridades humanas... admiro su conjunción en un mismo texto, perfecto. Agradezco lo que me muestra y su enseñanza. Suelto viejos patrones sociales y abrazo la BUENA vida!
Me voy a leer alguna comedia para sentir esa gracia de la vida, jajaja! . . . Espero que hoy en día en las escuelas se lean historias que nos inspiren y no viejo "clásicos" que ya no tienen nada que enseñar, pero si mucho que "desenseñar"