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K-Punk – Volumen III: Escritos reunidos e inéditos
Si bien el principio que organiza los escritos reunidos de Mark Fisher no es cronológico, este tercer volumen refleja de manera fiel aquellas problemáticas que lo desvelaron los últimos años de su vida. En varias de las entrevistas seleccionadas para este libro, así como en sus numerosas intervenciones online entre las que destacan escritos como “Spinoza, k-punk, neuropunk”, “Bueno para nada” o el audaz, y en su momento muy debatido, “Salir del Castillo de Vampiros”, Fisher confrontaba una vez más con el purismo paralizante de la izquierda. Solo que en esta oportunidad su foco está puesto fundamentalmente en cómo las redes sociales, con sus ejércitos de trolls tóxicos y moralismo de caza de brujas, amplifican nuestros peores impulsos, incentivando por medio de algoritmos la indignación rápida y desmantelando casi por completo todo sentido de camaradería, conciencia de clase y solidaridad. Un fenómeno que, por supuesto, no ha dejado de crecer y que demuestra cuán efectivas son las tecnologías sociales del capitalismo comunicativo a la hora de exacerbar ciertas pulsiones y bloquear otras.
Pero, como suele ocurrir con la obra de Fisher, a la crítica de los mecanismos que empobrecen nuestra potencia política le sigue el señalamiento sobre la positividad de aquello que “el capital se ve obligado a obstruir siempre: la capacidad colectiva de producir, cuidarnos y disfrutar”. En esta última entrega de K-punk, lo que funciona como coda inspiradora y luminosa son las mismas páginas que estamparon el final abierto con el que concluyó su legado intelectual. Nos referimos a la introducción a Comunismo ácido, el libro en el que estaba trabajando al momento de su muerte. Mucho se escribió y se seguirá escribiendo al respecto de su última visión para una política emancipadora. Comunismo ácido iba a ser un programa materialista y psicodélico destinado a liberar la imaginación política del constreñimiento del realismo capitalista, a partir de retomar la revolución social y psíquica que la contracultura de los años sesenta había comenzado y que el neoliberalismo tan eficazmente supo desarticular. Que el proyecto haya quedado inconcluso puede interpretarse como una invitación a continuarlo allí donde él lo dejó, teniendo siempre presente que la invención de un horizonte inédito de activismos culturales y políticos debe exceder la subjetividad de un escritor para volverse una tarea colectiva.
Pero, como suele ocurrir con la obra de Fisher, a la crítica de los mecanismos que empobrecen nuestra potencia política le sigue el señalamiento sobre la positividad de aquello que “el capital se ve obligado a obstruir siempre: la capacidad colectiva de producir, cuidarnos y disfrutar”. En esta última entrega de K-punk, lo que funciona como coda inspiradora y luminosa son las mismas páginas que estamparon el final abierto con el que concluyó su legado intelectual. Nos referimos a la introducción a Comunismo ácido, el libro en el que estaba trabajando al momento de su muerte. Mucho se escribió y se seguirá escribiendo al respecto de su última visión para una política emancipadora. Comunismo ácido iba a ser un programa materialista y psicodélico destinado a liberar la imaginación política del constreñimiento del realismo capitalista, a partir de retomar la revolución social y psíquica que la contracultura de los años sesenta había comenzado y que el neoliberalismo tan eficazmente supo desarticular. Que el proyecto haya quedado inconcluso puede interpretarse como una invitación a continuarlo allí donde él lo dejó, teniendo siempre presente que la invención de un horizonte inédito de activismos culturales y políticos debe exceder la subjetividad de un escritor para volverse una tarea colectiva.
256 pages, Paperback
First published November 13, 2018
About the author
Mark Fisher
111 books2,252 followersMark Fisher (1968 – 2017) was a co-founder of Zero Books and Repeater Books. His blog, k-punk, defined critical writing for a generation. He wrote three books, Capitalist Realism, Ghosts of My Life and The Weird and the Eerie, and was a Visiting Fellow in the Visual Cultures department at Goldsmiths, University of London.
Librarian’s note: There is more than one author in the Goodreads database with this name.
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Community Reviews
Displaying 1 - 6 of 6 reviews
July 23, 2021
Luego de haber leído los 3 tomos de k-punk, solo puedo decir: Mark Fisher me cambió la vida.
December 30, 2025
Como siempre, es un gusto leer a Mark Fisher. Al ser una recopilación de textos suelos de distinto tipo y temática, el efecto de leerlo del tirón no está a la altura de Realismo capitalista o Los fantasmas de mi vida. Dicho esto, si que tiene articulazos que llegan por sí mismos a ese nivel, como Salir del Castillo de Vampiros, Bueno para nada o Nosotros, los dogmáticos.
Por otro lado, sobre todo en las entrevistas se muestra, en mi opinión, que él mismo es víctima del realismo capitalista que define (no creo que a él esto le resultase ofensivo ni sorprendente) y en general de la dificultad de imaginar alternativas o salidas.
Me explico. En lo político Fisher se identifica con la autonomía y toma como máximos referentes el movimiento autónomo italiano de los 70 en particular y la contracultura de esas décadas en general, que, como él hacen un gran énfasis en la política prefigurativa y la creación y experimentación de formas de vida alternativas, mientras rechazan o dejan de lado la cuestión de la lucha por el poder político o las organizaciones políticas en el sentido más restringido del término, que son las que vehiculan esa lucha: los partidos.
Al mismo tiempo es lo bastante lúcido como para verle los límites a esto: la imposibilidad de que esas formas de vida se extiendan si no se dan unas condiciones economicas y políticas más generales que lo permitan. Y la necesidad de intervenir políticamente para generarlas.
¿Cual es el problema? Que pese a que ve necesario intervenir políticamente para generar esas condiciones mínimas, considera que ese (la política partidista) no es "su campo" y por tanto asume que la forma de abordarlo es desde el posibilismo, buscado que se genere algo así como un nuevo estado del bienestar mejorado que revitalice la esfera pública y permita un renacimiento contractultural. Y que la vía para esto sería participar como ala izquierda de los partidos reformistas (además, a título individual y sin que esté muy claro cual sería su función ahí más allá de intentar radicalizarlos).
Es decir, aunque critica explicitamente a la socialdemocracia y el reformismo, termina asumiendo su marco dentro de una lógica del mal menor, y naturalizando el sistema de partidos capitalista y el estado capitalista, como si no hubiese más opción que tratar de influir en ellos o abstenerse politicamente. Jugando con su estilo, podríamos decir que el marco implícito de esta apuesta que en ocasiones parece plantear (aunque no esté demasiado claro) es el de una especie de socialdemocracia futurista libidinal y un Estado del bienestar ácido.
¿Cual es la alternativa real a esto? La independencia política, que la clase trabajadora forme su propio partido revolucionario independiente, capaz de proponer un horizonte socialista y una forma de gobierno alternativa al Estado capitalista para alcanzarlo realmente democrática, consciente de qué tomar el poder no es entrar en el gobierno de un Estado capitalista sino destruir esa estructura que es la negación de la democracia al servir estructuralmente a la minoría explotadora.
Lo curioso es que Mark Fisher, pese a la acertada crítica que hace al estalinismo (modelo que tiene diferencias importantes con lo que propone el marxismo revolucionario y aquí estoy defendiendo), si habla con cierta nostalgia de momentos históricos en donde esto existía (y todavía no había sido desmantelado o integrado en el estado y vaciado de su contenido revolucionario original): partidos comunistas masivos como referente político de un movimiento más amplio con enormes sindicatos de clase, luchas también masivas contra distintas formas de opresión, organizaciones culturales y sociales, etc.
Lo triste es que, como muchos otros, despacha la cuestión diciendo que simplemente ahora las condiciones son distintas y no se puede volver a construir algo así, sin dar mayor explicación al respecto (lo que contrasta con otras afirmaciones: hay muchas más razones para pensar que lo imposible hoy es una ampliación de los estados del bienestar). Esta idea de que "ahora todo es distinto", independientemente de que se explique más o menos, y de qué se sea más consciente o menos, es la puerta trasera por la que se cuelan la arbitrariedad y la renuncia, una pseudo justificación de la elección de una estrategia u otra, y este es otro error que Fisher comete. En realidad, no es la coyuntura la que marca tu estrategia: se puede ser comunista, anarquista o reformista antes de la primera guerra mundial, después de la segunda y en el siglo XXI, con crecimiento economico y en crisis, en Alemania, en Rusia y en Sudáfrica. Pueden cambiar algunas cuestiones sobre la forma de concretarla, y las tácticas (los pasos concretos para ir avanzando en ella) pero no los principios, la propuesta estratégica general ni los objetivos finales. Eso, aunque se trate de velar o no se tenga la capacidad de verlo con claridad, es siempre una elección política.
Una reseña muy larga y crítica como para haberle puesto 4 estrellas, supongo. La cuestión es que, aunque quería señalar aquí estas cuestiones, no juzgo a Mark Fisher como gran pensador de la estrategia o las propuestas concretas. Ni lo es ni lo pretende. En cambio, su capacidad para detectar tendencias culturales y espíritus de época, o pensar creativamente el papel de la cultura es brutal, y por eso, por encima de discrepancias o de que su escritura sea por momentos imprecisa, siempre es inspirador leerle.
PD: Lo que tiene delito son algunas cosas de la traducción. No puede ser que traduzcan "social democracy" (socialdemocracia) como "democracia social". El Deepl te lo pilla mejor. Y el prólogo de Matt Colquhoun muy flojo, básicamente usa conceptos para cosas para las que no tiene sentido usarlos si sabes lo que significan y coge alguna cita como adorno que también se nota que no entiende. Un poco charlatán vaya.
Por otro lado, sobre todo en las entrevistas se muestra, en mi opinión, que él mismo es víctima del realismo capitalista que define (no creo que a él esto le resultase ofensivo ni sorprendente) y en general de la dificultad de imaginar alternativas o salidas.
Me explico. En lo político Fisher se identifica con la autonomía y toma como máximos referentes el movimiento autónomo italiano de los 70 en particular y la contracultura de esas décadas en general, que, como él hacen un gran énfasis en la política prefigurativa y la creación y experimentación de formas de vida alternativas, mientras rechazan o dejan de lado la cuestión de la lucha por el poder político o las organizaciones políticas en el sentido más restringido del término, que son las que vehiculan esa lucha: los partidos.
Al mismo tiempo es lo bastante lúcido como para verle los límites a esto: la imposibilidad de que esas formas de vida se extiendan si no se dan unas condiciones economicas y políticas más generales que lo permitan. Y la necesidad de intervenir políticamente para generarlas.
¿Cual es el problema? Que pese a que ve necesario intervenir políticamente para generar esas condiciones mínimas, considera que ese (la política partidista) no es "su campo" y por tanto asume que la forma de abordarlo es desde el posibilismo, buscado que se genere algo así como un nuevo estado del bienestar mejorado que revitalice la esfera pública y permita un renacimiento contractultural. Y que la vía para esto sería participar como ala izquierda de los partidos reformistas (además, a título individual y sin que esté muy claro cual sería su función ahí más allá de intentar radicalizarlos).
Es decir, aunque critica explicitamente a la socialdemocracia y el reformismo, termina asumiendo su marco dentro de una lógica del mal menor, y naturalizando el sistema de partidos capitalista y el estado capitalista, como si no hubiese más opción que tratar de influir en ellos o abstenerse politicamente. Jugando con su estilo, podríamos decir que el marco implícito de esta apuesta que en ocasiones parece plantear (aunque no esté demasiado claro) es el de una especie de socialdemocracia futurista libidinal y un Estado del bienestar ácido.
¿Cual es la alternativa real a esto? La independencia política, que la clase trabajadora forme su propio partido revolucionario independiente, capaz de proponer un horizonte socialista y una forma de gobierno alternativa al Estado capitalista para alcanzarlo realmente democrática, consciente de qué tomar el poder no es entrar en el gobierno de un Estado capitalista sino destruir esa estructura que es la negación de la democracia al servir estructuralmente a la minoría explotadora.
Lo curioso es que Mark Fisher, pese a la acertada crítica que hace al estalinismo (modelo que tiene diferencias importantes con lo que propone el marxismo revolucionario y aquí estoy defendiendo), si habla con cierta nostalgia de momentos históricos en donde esto existía (y todavía no había sido desmantelado o integrado en el estado y vaciado de su contenido revolucionario original): partidos comunistas masivos como referente político de un movimiento más amplio con enormes sindicatos de clase, luchas también masivas contra distintas formas de opresión, organizaciones culturales y sociales, etc.
Lo triste es que, como muchos otros, despacha la cuestión diciendo que simplemente ahora las condiciones son distintas y no se puede volver a construir algo así, sin dar mayor explicación al respecto (lo que contrasta con otras afirmaciones: hay muchas más razones para pensar que lo imposible hoy es una ampliación de los estados del bienestar). Esta idea de que "ahora todo es distinto", independientemente de que se explique más o menos, y de qué se sea más consciente o menos, es la puerta trasera por la que se cuelan la arbitrariedad y la renuncia, una pseudo justificación de la elección de una estrategia u otra, y este es otro error que Fisher comete. En realidad, no es la coyuntura la que marca tu estrategia: se puede ser comunista, anarquista o reformista antes de la primera guerra mundial, después de la segunda y en el siglo XXI, con crecimiento economico y en crisis, en Alemania, en Rusia y en Sudáfrica. Pueden cambiar algunas cuestiones sobre la forma de concretarla, y las tácticas (los pasos concretos para ir avanzando en ella) pero no los principios, la propuesta estratégica general ni los objetivos finales. Eso, aunque se trate de velar o no se tenga la capacidad de verlo con claridad, es siempre una elección política.
Una reseña muy larga y crítica como para haberle puesto 4 estrellas, supongo. La cuestión es que, aunque quería señalar aquí estas cuestiones, no juzgo a Mark Fisher como gran pensador de la estrategia o las propuestas concretas. Ni lo es ni lo pretende. En cambio, su capacidad para detectar tendencias culturales y espíritus de época, o pensar creativamente el papel de la cultura es brutal, y por eso, por encima de discrepancias o de que su escritura sea por momentos imprecisa, siempre es inspirador leerle.
PD: Lo que tiene delito son algunas cosas de la traducción. No puede ser que traduzcan "social democracy" (socialdemocracia) como "democracia social". El Deepl te lo pilla mejor. Y el prólogo de Matt Colquhoun muy flojo, básicamente usa conceptos para cosas para las que no tiene sentido usarlos si sabes lo que significan y coge alguna cita como adorno que también se nota que no entiende. Un poco charlatán vaya.
May 1, 2023
Me gusta mucho
Read
November 18, 2024Un bálsamo para la desesperanza.
December 23, 2022
Como siempre, Mark Fisher no decepciona. A pesar de que la mayoría de ideas expuestas en esta compilación ya fueron desarrolladas a profundidad en "Realismo capitalista" y "Los fantasmas de mi vida", la exposición de Fisher se siente fresca, cercana y lúcida. Es ideal leer esta compilación después de haber revisado su dos obras principales para adquirir una mayor claridad y precisión de la operacionalidad de los conceptos. Sin embargo, la verdadera joya de este volumen es el fragmento de la introducción del último proyecto en el que trabaja Fisher hasta su trágica interrupción. Tenía mucho tiempo que ansiaba leer este manuscrito; no es ningún desperdicio a pesar de su brevedad, pero lejos de ofrecer respuestas claras de lo que hay que hacer se limita a señalarnos un camino (igual de válido que cualquier otro sendero propuesto para llevarnos al poscapitalismo). "Comunismo ácido", muy acorde con las convicciones del propio Fisher respecto al rumbo que debe tomar la izquierda en el realismo capitalista, es más una tarea que una lección. Es casi como si deliberadamente Fisher hubiera dejado una obra inconclusa para decirnos "No hay recetas. Si quieres salir de aquí, tendrás que seguir tú adelante".
November 10, 2022
Ya un poco cansado, aparte que lo leí casi al hilo después de los primeros dos volúmenes.
La primera parte de escritos muy tempranos con su experiencia en cuanto admin de blog, como tiene que cerrar la sección de comentarios, el desengaño de las redes sociales, la relación con las preculture wars, el movimiento occupy, la protesta de estudiantes a principios de los 10s...
Comunismo ácido con su propuesta psicodelica de comunidad, retomando los futuros perdidos de los 70, creo tampoco tiene ya el entusiasmo que obras pasadas ,
Sus entrevistas ya algo reiterativas, con preguntas muy inteligentes de los entrevistadores, hay una conversación interesante con amigos....
Duele decirlo, pero ya se siente callejón sin salida Fisher, como agotado de tener que promover y vender su libro , sin la frescura de sus críticas culturales o hasta de fantasmas de mi vida... Da pena anticipar el suicidio con cierto estanco en sus artículos .... Grosso aún así , no perderse de "salir del castillo de vampiros"
La primera parte de escritos muy tempranos con su experiencia en cuanto admin de blog, como tiene que cerrar la sección de comentarios, el desengaño de las redes sociales, la relación con las preculture wars, el movimiento occupy, la protesta de estudiantes a principios de los 10s...
Comunismo ácido con su propuesta psicodelica de comunidad, retomando los futuros perdidos de los 70, creo tampoco tiene ya el entusiasmo que obras pasadas ,
Sus entrevistas ya algo reiterativas, con preguntas muy inteligentes de los entrevistadores, hay una conversación interesante con amigos....
Duele decirlo, pero ya se siente callejón sin salida Fisher, como agotado de tener que promover y vender su libro , sin la frescura de sus críticas culturales o hasta de fantasmas de mi vida... Da pena anticipar el suicidio con cierto estanco en sus artículos .... Grosso aún así , no perderse de "salir del castillo de vampiros"
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