Leonardo abre la puerta de su departamento y su vida cambia para siempre. En la literatura de Strafacce no hay días iguales a otros, a menudo pasa o está a punto de pasar algo que hace ese día memorable. Strafacce puede narrarlo todo, no hay página de El galpón que esté de más ni que funcione como “pasaje” de una acción a la otra. Leonardo abre la puerta de su departamento y se mete en El galpón: una promesa de la mejor literatura que se puede leer en estos tiempos.
Ricardo Strafacce es un escritor y abogado argentino. Desde fines de los años noventa ha publicado más de una docena de novelas cortas, que han ganado el reconocimiento de la crítica. Además, su obra ha sido traducida al francés y al hebreo.
Kafka le ha dado la coartada perfecta a los escritores vagos: no justificar, ni explicar, ni entender la acción ni las motivaciones de los personajes le otorga a un texto su atributo de kafkiano. Al mismo tiempo, escribir de forma genérica y enigmática, de modo que todo parezca una alegoría poco clara de algo más, nos lleva al mismo puerto: lo kafkiano. Del mismo modo que Joseph K. llega a su casa y se encuentra inexplicablemente procesado, en esta novela de Strafacce (a quien llego a través de Aira, obviamente) Leonardo arriba a su casa, encuentra a su mujer en una insólita escena sexual y es detenido, secuestrado e introducido (¿para siempre?) en un galpón. De ahí en más se despliega un juego inventivo e imaginativo bastante aireano que se queda a mitad de camino, pero que mientras dura entretiene bastante. A la vez, el clima de alegoría dictatorial le imprime un tono siniestro que mantiene expectante al lector, a la espera de algo que nunca se termina de resolver. Puede verse también alguna influencia de Macedonio, sobre todo en algunos personajes-tipo, como La Estudiosa, que aparecen en un capítulo para luego ser olvidados. PD: Si bien no terminé de entender el ensañamiento de Strafacce con el crítico literario José Amícola, los comentarios están muy fuera de lugar en el contexto de una novela.
3.5 Me vuelve a pasar con Ricardo, me cuesta enganchar al principio con ese avance titubeante, arbitrario, con atajos que impresionan postergatorios, cuesta ir a los bifes, pero una vez que el camino se despeja y, sobre todo, uno se presta al juego, su lectura resulta gratificante
Cuando el protagonista regresa a casa tras un día de trabajo, se encuentra a su mujer en la cama con tres policías. Descrita por el propio autor como una 'despedida melancólica a la masculinidad heterosexual', esta novela es una divertida aventura picaresca y kafkiana.
No voy a negar que me descolocó un poco este libro. Me he reído de la desgracia del personaje principal, Leonardo. Hay cierto humor ácido, muchas cosas absurdas, también varios elementos quedan inconclusos y un final abrupto. Me divertí. La historia trata sobre Leonardo, un empleado administrativo del Ministerio de Economía. Cuando vuelve a su casa se encuentra con una terrible sorpresa. De repente su vida cambia y al final se acostumbra a su destino, por así decir... o al menos eso entendí. La mujer de Leonardo, Dolores (o Lola como le gusta llamarse) es un personaje camaleónico que desafía las normas monogámicas por así decir, ella se sale de muchas estructuras.
En parte, este libro me hace acordar a la serie transmitida por Netflix, «El Juego del Calamar»