En Madrid, la joven generación del desencanto sigue sobreviviendo en sus trabajos precarios sin mayor horizonte que el día siguiente, agarrada a sus aficiones con una obsesión no exenta de la melancolía que impregna los finales de época: la música, las fiestas, las marcas, el coleccionismo de chicos y chicas, la gastronomía y mucho de ese amor ideal que Ginsberg consideraba el peso del mundo. Este es el paisaje en el que vive Ignacio Benavides, quien, para complicarlo aún más, ha elegido como tabla de salvación la literatura, eso de lo que ya sabemos que es muy difícil vivir… A no ser que tengas contactos en las productoras de contenidos: y eso es lo que le acaba de suceder. Con la ilusión de ver sus sueños cumplidos y de redimirse de su propio spleen, Ignacio empieza a frecuentar a los conseguidores del pijerío cultural madrileño que viven de las rentas y a las musas de cartón piedra que los acompañan.
Santiago Isla sigue siendo un flâneur en esta novela «sobre las promesas, las decepciones, la frustración», con ese narrador connotado, irónico y autocrítico que, sin embargo, conserva la esperanza «de un último tren hacia el futuro». El joven autor marca distancia con un estilo tremendamente personal y confirma los dones con los que se calificó su primera novela: frescura, luminosidad, altura, elegancia, inteligencia y entusiasmo.
No es el Isla de su primera novela, aunque su personaje ronde las páginas de una forma mucho más espuria esta vez. La trama entretiene, pero no teje pasiones, y al final, seguramente por decisión autorial, más que una tela se teje un sudario, uno predecible pero inacabado que deja en el aire una historia de la que me gustaron los aires gallegos bien contados, pero que no llegó a llenarme los pulmones. Así que a estos juegos florales les digo buenas noches, con el tono sereno de no seguir pensando en ellos, pero con el cariño de la compañía momentánea bien llevada.
Personajes muy clichés, y si Madrid es tan cliché ya no quiero vivir aquí. Quizá lo mejor fue un accidente, que es que el libro se critica a si mismo cuando describe al autor en el cuento como un personaje tan ensimismado que difícilmente hace a los otros personajes creíbles sino como meros reflejos de sus frustraciones.
Camilo, casi un año después y aún sin haberte mandado el abrigo, supongo que no podía haber llegado de otra manera a tu consejo (grata sorpresa) que leyendo este libro. Si bien el principio me ha interesado con tintes de desencanto vital, creo que el final es lo único que ha levantado (llegando a comprender la que creo que es la reflexión del autor) los episodios de entremedias. Sin haberme entusiasmado, le doy tres estrellas porque creo que el autor construye con habilidad vanidades para luego derribarlas a golpe de frustración. Y eso es algo tan real como la vida misma.
Compré el libro en verano, porque me apetecía leer algo sobre un autor joven español. Me pareció que este libro encajaba con lo que buscaba, esperaba una crítica hacia la sociedad actual en Madrid. Sin embargo, el libro me ha parecido bastante decepcionante. Al principio te puede enganchar el poder de ver al personaje como un apartado de la sociedad y un desdichado que busca perseguir sus sueños en una ciudad como Madrid. Pero, conforme pasan los capítulos, me parece menos interesante y más aburrido, Ignacio se me hace insufrible en momentos como si todo girase en torno a él, por favor madura de una vez. El final no me ha gustado, me ha parecido que le falta mucho camino que recorrer al libro, y que no está terminado.
3.75/5 — santiago isla, mi fiel acompañante en mis trayectos bcn - mad 🤎
he de decir que el final me parece un poco apresurado, quizás hasta un poco inacabado, pero he disfrutado leyéndolo y me ha hecho el viaje más corto. me quedo con buenas noches, una novela que aún sigue reconfortándome cada vez que me acuerdo de ella, y a mi parecer, lo mejor de santi (hasta el momento).
Es la segunda novela de Santiago Isla, un autor jóven y prometedor, que va a dar mucho que hablar. Una novela sobre las esperanzas y las decepciones y la capacidad de sobreponerse a ellas... o no.
Me ha gustado 'Los juegos florales' de Santiago Isla. Hay algún detalle que me chirría, pero tiene ritmo, frases rotundas —como las de la creación artística o la muerte— y retrata con acierto a los 'bobos' madrileños.
Me ha gustado. Está muy bien escrito y la historia engancha, pero siento que se queda a medias. No termina de cerrar la historia y deja muchas cosas sin resolver.