Esta obra me sorprendió bastante. No esperaba que me guste pero por suerte algo que tenía que leer por obligación se transformó en una lectura placentera.
Me pareció interesante la apuesta del autor por incluir tres textos en donde la cuestión del dolor y la pérdida se observan desde tres tipos de discursos diferentes: el literario, el fotográfico y el periodístico. En cada uno de los relatos la mirada del emigrante se construye a través de recuerdos emotivos y corporales. La identificación con este tipo de sujeto está muy bien lograda a través de la narración de la historia de Castro.
Me sentí identificada en estas frases "fue creciendo muy solitario" y "es un niño muy listo, pero muy metido en su caracola". Me dí cuenta que emigrar se convierte en una experiencia que nos permite mantener en la memoria hechos históricos y experiencias dolorosas(la guerra civil, el franquismo, la emigración y el naufragio) para no repetirlos nunca más, para construir algo positivo de esas experiencias y para abrirse al mundo. Resignificar el arte de este modo hace que construir memoria se vuelva algo colectivo y una tarea de todos los días ya que las injusticias no son cosa del pasado solamente.
Por último, los relatos plantean desafíos al lector, que tiene que estar atento. Por eso a veces algunos hechos se vuelven confusos. La construcción de un narrador sin nombre es algo que no me resulta muy atractivo, me hubiera gustado que la historia diera mas detalles del narrador, por eso le pongo 4 estrellitas.