«Vertedero» es un tríptico sobre las relaciones entre las mujeres y los hombres —más exactamente, entre cierto tipo de hombres y mujeres—, pero el lector que disfrute con el romanticismo sentimental o la comedia ligera hará bien en buscarlos en otro lugar.
En estas páginas, el amor (en cualquiera de sus fases) y el sexo son siempre complicados y llenos de claroscuros y, aunque no faltan los momentos felices, predominan el dolor, la incomunicación, el arrepentimiento, los engaños. Son relaciones, además, inmersas en ambientes urbanos agobiantes —un Madrid «de olor a meado en cada esquina», la Barcelona del procés— que forman parte de un mundo absurdo, suma de vidas precarias y ensimismadas.
Raúl Quirós Molina (Madrid, 1980), novelista y dramaturgo, tampoco recurre a los convencionalismos en lo formal y experimenta con diversos enfoques. Así, en la parte central del volumen, «Sexos en llamas», formado por ocho relatos breves con títulos de canciones, toda una galería de voces femeninas entremezcla con naturalidad la memoria de encuentros y desencuentros y las cavilaciones sobre la incertidumbre del día a día y el sexo como refugio ante la soledad. Y en el bloque final, el autor se atreve a indagar en una relación destructiva alternando la visión de los amantes y disponiéndola como un poema.
La primera parte del tríptico («La plaça del Sol») es en mi opinión la más redonda, con un equilibrio muy eficaz entre la narración por parte del protagonista de su pasión tóxica y obsesiva y el retrato que teje del presente como un vertedero de la historia y de la existencia como una humillación continua.
«Levantarse a las siete de la mañana, embutirse en un tren, soportar a gentuza desnortada como Asier, volver a casa y llorar frente a una comida pedida por Internet. Es posible vivir porque uno calla, porque todos callamos al mismo tiempo. Y posiblemente sea mejor así, porque una vez abiertas las compuertas del silencio, ya no sería posible contener el torrente de tristeza que correría».