Le he puesto dos estrellas porque la narración por parte de la autora está muy cuidada. Algo que me ha sorprendido siendo su primera novela.
Pero no le puedo dar más puntuación, algo que me da bastante pena porque la atmósfera que consigue crear Nia con su pluma es tierna y cálida. Lo que te invita a continuar leyendo. Sin embargo, no puedo salvar nada más de este libro.
Nos encontramos en un mundo donde las criaturas mágicas o aquellas personas tocadas por los dioses que poseen ciertas habilidades deben esconderse de la humanidad puesto que estos son cazados por un grupo que quieren su extinción. Este tema como metáfora de la realidad en la que vemos como personas, por su condición, son discriminadas e incluso se niega su existencia, me parece muy acertado. Pero el mundo mágico que crea la autora carece de normas o limitaciones, se dan las cosas porque sí, sin seguir una lógica concreta ni con una explicación aparente. (En uno de los capítulos uno de los personajes se enfrenta a un obstáculo, no sabe utilizar la magia bien. Aprende a hacerlo en cuestión de dos páginas, el equivalente a una tarde. Algo que no resulta creíble)
Por otra parte, tenemos unos personajes que, en lugar de evolucionar, nos encontramos con que cambian para poder adaptarlos la trama y a lo que va a ocurrir a continuación. La protagonista es una chica algo ingenua que lleva gran parte de su vida encerrada, pero nos encontramos con que en unos pocos días es alguien experimentado capacitada para dar ordenes, dirigir grupos y pensar estrategias complejas. Unos personajes a los que por su condición se les asimila personas inteligentes, capaces de pensar se convierten en individuos un tanto inútiles esperando las órdenes de esta chica y cometiendo errores que no se paran realmente a pensar hasta que la protagonista les da un toque de atención.
Personajes demasiado buenos sin defectos, personajes malvados sin carisma alguna. No conocemos sus ambiciones (salvo por uno de los personajes malos, al que tampoco es que se le de mucho juego) hasta el final, en el que ya ha ido tan en detrimento la trama que no resulta para nada creíble.