2'5/5: La rabia que tengo encima no es ni medio normal y es que tenía las expectativas por las nubes con esta novela. La tenía en el punto de mira porque me gustan las novelas corales, pero esta me ha resultado muy aburrida por la densidad de la información sobre horticultura que da.
El escenario de la historia es el huerto comunitario Vista Mar, un huerto que lleva más de 30 años y con casi 800 socios de diferentes parte del sur de California. Cada persona que va allí tiene una motivación diferente y es un sitio muy heterogéneo, aunque hay que cumplir ciertas reglas para que el lugar tenga una coordinación.
Vamos a conocer a diferentes personajes (Ned, Sharalyn, Mary...) y sus historias de vida: chico muy tímido y retraido, señoras mayores cabreadas con el mundo, el amante de la comida fresca, etc. Aunque la voz cantante de la novela la lleva Lizzie, la jefa de sección super metódica, muy centrada en su huerto y que, a mí personalmente, me ha puesto de los nervios. Es tan cuadriculada que no es ni normal, con algo que es un hobbie para ella. Vendrá un compi nuevo, Jared, y la verdad que empezarán a tontear, pero ella es que no quiere comprometerse con nada ni nadie. Lizzie me ha parecido antipática y no me ha gustado nada. La relación amorosa la veo incomprensible.
El problema en común de todos es Kurt, un anciano que está harto del trasiego que tiene el huerto y de que muchos árboles le tapen las vistas. Tiene una campaña de desprestigio activa y él quiere que lo dejen vivir sin los malos olores del compost y los bichos campando a sus anchas.
La narración no ha sido el fuerte de la historia por lo descriptiva que es. Me he liado muchísimas veces porque no deja claro de quien habla y además, al mostrar tanto contenido del campo de la jardinería, no tenía ni idea de lo que decía.
Ha sido una fusión entre un manual para cultivar hortalizas con una novela, y todo se ha quedado a medio gas.