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344 pages, Paperback
Published July 8, 2021
«Todo el mundo sabe que a una joven soltera que posea cierta fortuna le hace falta un esposo.»
«El corazón comenzó a bombearle deprisa, como si llevara un tambor escondido bajo el corsé. Por el rabillo del ojo vio cómo el marqués se movía y bajaba la escalera. La boca de Jane se secó por completo y apenas podía despegar la lengua del paladar. El cuerpo se le tensó, a la espera de que él se acercase. Pasaron los segundos, y tal cosa no sucedió.»
«No conseguía entender por qué, de entre todos los caballeros que había conocido en los últimos días, él era el único al que echaba de menos.»
«No, él no podía hacerle eso a Jane. Si él moría, no quería que ella padeciese, ni siquiera un poco. [...] Solo imaginarla sufriendo por su causa le destrozaba el alma.
Tenía que evitarlo. Tenía que evitar que ella le amase, aunque no tenía maldita idea de cómo lograr eso, porque estar a su lado era lo único que a él le importaba, lo único que lo convertía en un hombre completo.»
«Ni en sus más atrevidos sueños había imaginado que llegaría tan lejos con aquella joven inexperta en lo que solo era un entretenimiento pasajero. Oh, claro que sabía que esa noche la haría disfrutar y que la invitaría a descubrir nuevos placeres, pero no había contado con que él se dejaría arrastrar, ni tan lejos. Demasiado lejos.
[...] Una cosa era juguetear un poco, experimentar, vivir un puñado de instantes deliciosos... pero aquello estaba mal. Él no tenía intención de pedir su mano, e intuía que ella era consciente de ese hecho. Podía haberla arruinado para siempre, podría haberlos arruinado a ambos.»
«A Jane le parecía injusto que hubiese de aguardar a que fuese él quien se aproximase. Si ella deseaba bailar con alguien, ¿por qué no le estaba permitido solicitarlo sin más? ¿Tan terrible sería? Sabía cuál era la respuesta a esa pregunta, por supuesto que la sabía. A las mujeres no les estaba permitido expresar de forma abierta sus deseos, debían esperar a que los hombres los adivinasen. ¡Menuda estupidez!»
«Su relación con Blake, si es que aquello podía denominarse así, había concluido. ¿Y qué? Él había sido sincero con ella desde el inicio, no podía reprocharle nada. Excepto, tal vez, el haberle descubierto todo un mundo por explorar y haberla abandonado a sus puertas.»