Según Anthony Cragg, todos los individuos tienen la necesidad de trazar una imagen del mundo propio, dar consistencia a su existir; la escultura y la pintura, el arte en general, suponen, en este sentido, una responsabilidad en la modificación de lo real. Este creador ha establecido una mirada sobre el horizonte en el que habitamos pero a partir de objetos que no existen en el mundo natural.