Las siguientes notas fueron tomadas de esta novela y no pretendo tomar ningún tipo de crédito sobre ellas:
• Frijoles, dicen los mexicanos, palabra grave o llana, no fríjoles esdrújulos que son los que comemos en Colombia.
• Detesto, execro, no soporto a la gente que dice Sudamérica, palabra que si bien está aceptada siempre he encontrado pedante y pesada, que además da lugar a sustantivos como “sudaca”.
• Nada relevante sucedió en mi charla con el funcionario, dado que actué como lo que era: una niña bogotana de buena familia; esto es, un ser de otro planeta para un empleado de inmigración.
• Irse es triunfar en Colombia; devolverse es haber triunfado: así somos de tontos.
• Todos los colombianos, desde el pobre hasta el pudiente, el costeño, el llanero, el paisa, el pastuso, todos, absolutamente todos tenemos alma de comerciante de Sanandresito.
• Yo habría confortado a Agustín, si él así me lo hubiera pedido. Futuro del pasado, espero que vaya quedando claro.
• Solía promocionarse con el pleonasmo de “abierto las 24 horas”. ¿Cuántas horas tiene el día acaso?
• Moreno, morocho, todos tontos eufemismos de la palabra negro, que no entiendo por qué razón evitamos.
• Todo sería muy fácil, vaya si lo sería, si los únicos tiempos verbales fueran el presente, el pasado y el futuro. La vida, las relaciones, el país, todo sería más sencillo.
• Son muy cool para hacerlo, o creen serlo, lo que viene a ser lo mismo.
• Fue raro, del tipo Holden-Caufield-raro.
• Siempre he sentido debilidad por la gente que da la impresión de no hallar su lugar en el mundo.
• En términos generales, es justo afirmar, que yo no tenía ni la menor idea de lo que estaba haciendo con mi vida, pero cumplía.
• Paola iba prendida del brazo de su marido a la par que empujaba el cochecito del bebé. Una escena tierna, bonita, la sagrada familia colombiana en mi cara.
• Era un buen tipo, cero talento, pero era un buen tipo después de todo.
• Hechos tontos e insignificantes que van configurando un destino al que los débiles nos dejamos arrastrar sin mayor rebeldía.
• Cuando el docente no sabe muy bien qué contestar a las preguntas de sus estudiantes, lo mejor es devolverles la pregunta o hacer quiz o hablar de otra cosa.
• Pero no conozco el primer centro de idiomas que tenga un nombre respetable, todos son bobos, atrapa-bobos: Wall Street, Perfect english, Impact, Speak Like Crazy, entre otros.
• Gabriel era de ponerse bufandas, alguna vez hasta me salió con una boina, ¡una boina!
• Algunos gramáticos bisoños se mueren de la felicidad cuando leen o escuchan la palabra hubieron, o la palabra habían, y se apresuran a corregir hubo o había. Solo tienen razón en algunos casos.
• Aparte de mi núcleo familiar (es necesario usar esta expresión, típica de un policía. Que conste que solo la uso como proclama de animadversión.
• Sentí que el diálogo que sosteníamos —Parrafadas suyas, onomatopeyas mías— se parecía al diálogo que se sostiene con un odontólogo.
• La geografía de la fiesta los obligó a quedarse solos por un lapso indeterminado de tiempo, que mi padre utilizaría para charlársela (me valgo de este colombianismo así para mí sea imposible concebir tal disparate)
• Pero no me correspondía cambio alguno, finalmente lo pude constatar en la cara de la cajera, una férrea mujer bogotana que de seguro no tendría empacho en vagar por la Avenida Caracas a las tres de la madrugada.
• Desguarambilado, para andar un rato por las ramas, es colombianismo (adj. fam.) que significa desgarbado, desaliñado, descuidado en el traje.
• Todo el mundo parecía conocerse de antes, no tenían inconvenientes en encontrar a alguien…Una buena onda rara, mezquina, de las que suele presentarse en grupos de gente joven)