"Llegaron a la plaza, con la sangre chorreando de sus dagas, picas y espadas, y los ingleses los recibieron con una descarga de mosqueteria desde el balcón del ayuntamiento, los nuestros se lo tomaron muy mal. De modo que arrimaron pólvora, estopa y brea, le dieron fuego al ayuntamiento con los veinte ingleses dentro, y después los arcabucearon y acuchillaron a medida que salían, los que salieron"
“Flandes, 1625. Alistado como mochilero del capitán Alatriste en los tercios viejos que asedian Breda, Íñigo Balboa es testigo excepcional de la rendición de la ciudad, cuyos pormenores narrará diez años más tarde para un cuadro famoso de su amigo Diego Velázquez. Siguiendo a su amo por el paisaje pintado al fondo de ese cuadro, al otro lado del bosque de lanzas, veremos a íñigo empuñar por primera vez la espada y el arcabuz, peleando por su vida y la de sus amigos. Estocadas, asaltos, batallas, desafíos, encamisadas, saqueos y motines de la infantería española, jalonarán su camino a través de un mundo devastado por el invierno y por la guerra.”
A sus ilustrísimas mercedes si tienen a bien dedicarme un momento de su valioso tiempo vengo a traer la reseña de otra maravillosa parte de Alatriste, voto a Dios aún más sangrienta y llena de miseria que las dos anteriores, pues aquí con gran destreza y lujo de detalles el autor, Arturo Pérez-Reverte nos muestra a los valientes e implacables Tercios españoles. Por vida de que eran gente de aceros, a los que la vida acostumbró a las miserias, y guerra tras guerra, batalla tras batalla, los forjaron en algo que aterrorizaria la simple mención de su nombre a toda Europa. Los Tercios Viejos. Les presento a través de muchas estocadas, asaltos, batallas, desafíos, saqueos y motines de la gran infantería española, El sol de Breda.
Las balas holandesas y españolas vuelan hacía sus enemigos, prestos a morir con arrojo en la batalla, matar o morir en el sitio, sus picas son como aguijones de abejas dejando un rastro de cadáveres en la tierra húmeda y blanda de las trincheras que rodean las murallas de Breda. Sin asomar siquiera sus cabezas, pues grandes posibilidades tenían sus cabezas de recibir una buena cantidad de plomo y polvora. Pues con paciencia y rapidez, mal alimentados y sucios hasta jugar con los piojos, verán caer los muros de tran gran cuidad.
Todo olía a invierno y gran miseria, al igual que todo caía ante los Tercios Viejos, soldados de gran disciplina, incluso en los motines. Soldados temibles, sin miedo a batirse y morir, valorando su reputación a garras y dientes, mostraban una gran templanza y nervios inmutables en situaciones caóticas que dejaban un camino poco grato, pues estaban sembrados de heridos y moribundos, era desfilar por un muy triste escenario de heridas, mutilaciones y lamentos en todas las lenguas de España. En las que el propio capellán cansado terminaba de tanta extremauncion. Viviremos los días y noches de estos soldados siguiendo a la escuadra del Capitán Alatriste.
"¡España!...¡España!....¡Cierra España!"
"El sol de Breda", de Arturo Pérez-Reverte, tercera entrega de la saga de las Aventuras del Capitán Alatriste. Una verdadera obra épica de los valientes Tercios que mantenían a raya a todas las naciones que asediaban al ya tocado y con varios agujeros, Imperio español. Hay una escena de una carga holandesa contra un tercio en el que está la escuadra de nuestro capitán que fue la ostia, brutal, épica. Los pararon en seco.
Queridos amigos y amigas he de tratarlos como "vuestras mercedes" finalizada esta lectura he comprobado la gran osadía de utilizar el "vos", y no tengo ningún deseo que me retén a duelo vuestras mercedes.
Reverte, con una habilidad apabullante cambia su vista desde las calles de la Villa de Madrid, de sus anteriores entregas, hasta los parajes fríos de un Flandes en plena guerra. Estamos sus mercedes en el año 1625 de nuestro Señor y la ciudad hereje de Breda se encuentra sitiada por las tropas del nefasto rey Felipe IV. Con un cerco fuerte e intenso y sin pausa alguna. Sin que se produzca la caída ansiada de la ciudad, en una partida de ajedrez que tanto le gusta a su autor, vemos de todo y no pocos resultados.
Entre la pronta niebla, la tierra y la polvora de los arcabuces se vislumbran unos mostachos, un sombrero de ala ancha con pluma roja, mirada fría encima de una nariz aguileña en la que nos muestra a un reconocible, valeroso e implacable Don Diego de Alatriste y Tenorio, en la que nos narra su historia y cada momentos un ya no tan mozo que poco a poco va perdiendo su mirada limpia y pura del mundo, Iñigo Balboa. Además aquí no solo cuenta la historia, sino también se lleva un gran protagonismo de la historia.
"Pues que de intento y de interés no mudas,
o lávate las manos con Pilatos,
o, con la bolsa, ahorcate con Judas"
Enorme prodigio con una brillante pluma es el mostrado por el señor Reverte trasladando la acción a Flandes. Un movimiento de escena que no es casualidad ni baladí. Esta nueva aventura lleva a los personajes en una de las trincheras del asedio de Breda en la guerra de Flandes, entre otros sitios de este asedio. Una de las cosas que me pareció muy interesante de esta guerra fue saber que la situación económica de España era tan mala que no tenían dinero para pagarle a los Tercios. Esta triste situación llevó a motines, haciendo que la disciplina entre las tropas una vez realizada, fuera la mejor.
Narrativa sublime, excelente. Una prosa que te trasporta a Breda, te hace sudar, cubrirte de barro y polvora tiznando los cabellos como si canas fueran. Miseria y guerra. Las trincheras unos agujeros en las que caminas con tus codos y rodillas, arrastrandote, ahí la enorme tensión se palpa. Tocando el honor y valentía, moralidad y realidad.
El libro tiene una sola trama. Las aventuras de Alatriste y el joven Iñigo en el asedio de Breda. Los capítulos van entre, batalla, la espera para la siguiente batalla, las encamisadas o batallas nocturnas y el saqueo de lo conquistado. Una de las cosas que me gustó y note fue el contraste entre Iñigo y Alatriste. Iñigo es joven y siente la guerra de otra manera con un punto de vista humanista, lo que hace que vea a los holandeses y le cueste matarlos. Por el otro lado Alatriste es un hombre muy curtido en la guerra no tiene ningún problema a la hora de pasar sus aceros a los holandeses para enviarlos con su dios.
Un conflicto en gran parte, religioso. Si bien la religión fue solo uno de los motivos que llevó a la guerra en Flandes, pero para los soldados era algo bueno matar a los “infieles” y mantenía la moral de los soldados. Menudo nivelazo que se ha marcado el señor Reverte sobre los Tercios, entiendo que a muchos otros os sepan a poco.
Ahora un par de mensajes, llenos de amistad, cariño y respeto, solo faltaría:
-Labi, Ben y Justo. Vuestras cuatro estrellas en esta maravilla son una afrenta a mis ojos, que no puedo dejar pasar. Calidad y epicidad en tal magnitud, niego ver vuestras cuatro estrellas. Escogan vuestras mercedes fecha, hora, lugar y escribid testamentos. No queda sino batirnos estimados bribones. Opcional el cambio a duelo tabernero, sólo faltaría, además voy corto de vizcaínas. ⚔🍺⚔
-Xabi, zorro listo, tienes la misma perfecta e ideal reseña para los siete libros, me caguen to, tendría que haber utilizado yo esa técnica, que trabajo dan. Pero bien merecido, vive Dios. 😜
"—¿Sostiene eso vuestra merced? Impasible el rostro, Alatriste se encogió de hombros.
—Yo sostengo lo que yo digo. Y a veces sostengo lo que mis camaradas hacen. Pero de momento, ni yo he dicho nada, ni ellos han hecho nada"