A veces lo que debería ser nuestro lugar en el mundo se convierte en un fantasma que nos visita cada tanto con el único fin de atormentarnos, y si no hacemos las paces con él, nada, ni el paraíso mas bello sobre la tierra ni las personas que nos quieren, será capaz de reconfortarnos. Aferrado a la nostalgia y al recuerdo el autor tritura la Barranquilla de su las largas caminatas sin sombra, el baile como momento culmen de la conquista, el walkman que le dejó su primer trabajo, los besos que nunca dio. Así, se embarca en el extenuante ejercicio de repasar para no olvidar y lo hace narrándolo todo, todo lo que fue y lo que debió ser.
Adolfo Zableh Durán es un escritor y columnista barranquillero. Estudió Periodismo en la Universidad Javeriana. En 2010 dio sus primeros pasos con el blog La copa del burro. Desde entonces ha colaborado con medios como Soho, El Tiempo, Fucsia, El Espectador, El Heraldo, Pacifista, El Locutorio y Vice. En 2016, Planeta editó su primera novela literaria, Todos tenemos una historia que olvidar. Su pasión por el fútbol lo llevó a escribir con Carlos Alberto Sánchez Amor a la camiseta - Las historias del uniforme de nuestra selección.
“Paraísos en el mar” lleva su nombre por una canción de Fito Páez con Mercedes Sosa que se llama “Detrás del muro de los lamentos”, y creo que este último nombre le hubiera hecho más honor al libro.
No está mal, de hecho, es fácil de leer, pero llega un punto en el que Adolfo se victimiza tanto frente a la vida, que cansa, me hubiera gustado leer una historia diferente de lo que siempre Adolfo habla, es decir de él mismo, pero en fin, entiendo también que a las personas les gusta conocer las desgracias de los demás, como si fuera una droga que se necesita para compadecernos del otro y para que en el fondo pensemos que nuestra vida no está tan mala como creemos y que siempre habrá alguien peor que uno.
Si me preguntaran cómo resumiría este libro diría que es una recopilación de desgracias que le pasaron al autor durante su vida, y digo desgracias porque es así como las muestra él, pero para mí es la vida misma, cosas que le pasan a todo el mundo, solo que no todos le damos la trascendencia que el autor le dio al simple hecho de vivir.
Ayer terminé el libro del que era mi amor platónico, que dejó de ser amor y también platónico.
De Zableh definitivamente me quedo con sus columnas que tienen el largo adecuado para no llegar a ser empalagosas, cosa que este libro logra. Al ser un texto autobiográfico se vuelve monótono, cayendo en un soliloquio lastimero en el que uno no se compadece de lo que lee sino que se aburre de ese tipo que en medio de una vida que muestra de una forma bastante pretenciosa no logra ser feliz, por algo que creo él intenta vender como alguna dificultad para relacionarse con las mujeres pero que yo no pude dejar de entender como simple pedantería.
Conclusión, creo que en la vida hay mejores libros para leer.
(nota: chance mi percepción está sesgada luego de que el autor después de dos líneas de chat escribiera "yo veré gonorrea", después escribió "mentira, sin el gonorrea". Seguro fue un pésimo chiste, pero me daño el libro, porque antes de empezar a leer yo ya tenía respuesta a lo que el tipo se pregunta en todo el libro: "¿por qué no la logro o la logré en el amor?" Pues fácil, por patán!)
Hace un tiempo estoy haciendo el ejercicio consciente de exponer mi vulnerabilidad y me protejo con ella como si fuera una armadura, porque así es más difícil que me hagan daño.
Creo que eso es lo que hace Adolfo Zableh en su libro "Paraísos en el mar", se expone a través historias (adornadas con ficción, seguramente) y si todos conocen sus inseguridades no podrán usarlas en su contra.
Leí este libro en Barranquilla estando enferma y tal vez por eso me atrevo a escribir sobre él, porque no concibo otro lugar para respirar fuera del agua. Les comparto este párrafo, que resume perfectamente como me siento hoy.
Me comencé a leer "Encontrarse a uno mismo" de este mismo autor y por su forma de escribir decidí leerme este libro al simultáneo. Me lo leí en 2 tardes. Me parece un libro nostálgico, cómico, sincero donde a través de los relatos de su vida en Barranquilla Adolfo cuenta algunas vivencias y lo que pasaba por su cabeza. Es un libro de la vida, de la familia, del amor, de lo que pudo ser. Muchas de las historias me trasladan a mi niñez, hoy tampoco vivo en Barranquilla, pero entiendo la conexión y la magia tras los relatos que cuenta cada vez que vuelvo a la ciudad. Al leer algunos reviews ví que algunas personas lo tachen de repetitivo, de un libro de lamentos o de que se victimiza, desde mi punto de vista, es un libro honesto y vulnerable. Siendo una persona introvertida alcanzo a entender el hecho de fantasear más que tener coraje de actuar, e incluso por mi propia vivencia, sé que todo el marco familiar moldea mucho la forma como se enfrenta la vida en el día a día, prefiriendo así una mirada realista, con todo tipo de emociones que conlleva, que un positivismo tóxico. En todo caso, me parece un libro entretenido y en especial, si eres de Barranquilla, entenderás las referencias con mucho cariño
Me pareció un libro honesto. Creo que las personas contemporáneas al autor lo disfrutan muchísimo más. Relata experiencias de la adolencia de una manera nostálgica... En general es una victimización de sus vivencias. Tiene muchas frases y reflexiones con las que me identifique y me gustaron mucho. Pero en general, siento que es un libro pesimista... Y sentía ganas de responderle al autor, mientras leía, que dejara de victimizarse. Eso creo que me hace una persona optimista y con ganas de recordar con felicidad todo ha vivido. Sobreviví este libro y mi adolescencia.
Ni durante su lectura, ni una vez finalizado, pude expresar de qué se trata este libro. Diría entonces que es un viaje al pasado del autor, quien desde la ciudad de su infancia y adolescencia intenta adentrarnos en sus lugares emocionales. Buenas referencias musicales y un titulo inspirado en la canción: detrás del muro de los lamentos de Fito Paez. Y sí que va de lamentos esta historia.
Un libro para recomendar a quienes como yo recordamos la adolescencia en términos nostálgicos pero alegres. Muy vívidos recuerdos. Yo también pasé mi adolescencia en Barranquilla, pero a fines de los 90s. Gran viaje al pasado.
Toda mi calificación se centra en un detalle: La capacidad que tiene Zableh de abrir su intimidad a los otros. Se puede empatizar fácilmente con lo qu describe y eso, como lectora, lo valoro.