Esta novela retrata la industria musical, la noche, los conciertos, las giras, camerinos y poblados de un Madrid de inicios de siglo XXI que huele a rock, miedo y alto voltaje. El joven protagonista de esta aventura se embarca en un enloquecido viaje a la sombra de su ídolo del rock mientras se busca a sí mismo y descubre a qué sabe el vértigo, el miedo y sobre todo, la pasión: «Comenzaba a tener una sensación salvaje, de inseguridad, de algo que no veía venir. No podía compararse con ningún otro problema de calle, que percibes débilmente, pero que ves aproximarse. En esta ocasión, el miedo llegaba por detrás, sin dejarse ver. Era el miedo, sí».
«Vatio consigue trasladar de forma brillante al papel la emoción de lo vivido[...], tiene la esencia de las buenas novelas de tránsito a la madurez, de iniciación, o como dicen los norteamericanos, de pérdida de la inocencia. [...] La superficie, el fondo, los ambientes, los personajes y sus matices, su planteamiento, nudo y desenlace, todo aquello que a la postre hace que un libro viva o muera, está aquí bellamente logrado.» Ray Loriga.
He sido muy fan de “Polo Targo” y gente cercana a él me había comentado esta “relación” muchas veces como para no devorarlo en un par de días. Dicho esto, resulta un poco ridículo como se utilizan pseudónimos solo para algunos personajes principales y no para todos. (Siempre que fuese posible) la lectura habría sido mucho mejor utilizando nombres reales.
Empiezo por lo que me ha espantado, la justificación constante de la adicción de Antonio Vega por todo lo que ha aportado al mundo con su obra y porque es un artista, un alma compleja fuera de este mundo, bufff... Llegar a decir que a los consumidores habría que facilitarles la logística del veneno es para cerrar el libro, igual que llamarles consumidores en lugar de adictos, que es lo que era este hombre. También el momento donde se vende que su manager y el resto de su entorno le saca de todos los marrones porque son bellísimas personas es de traca. Todos, desde el primero al último son cómplices de que se muriera con 51 años por no haberlo llevado a rastas a desintoxicarse, que es lo que hace la gente que de verdad se preocupa por un adicto. Si John Frusciante, Stephen King o García Alix siguen vivos y limpios con lo que se metieron, Antonio Vega podría estar ahora mismo entre nosotros haciendo canciones. Y aquí siempre salen voces diciendo: es que él no quería salir, es que era su forma de vivir, es que el universo se le quedaba pequeño, es que... Gilipolleces. Ya está bien de venerar las adicciones, las enfermedades mentales, la muerte ¡Joder maduremos de una vez y cambiemos el puto paradigma del malditismo que ya huele a rancio! El nivel de testosterona también me ha echado para atrás, si este libro hubiera caído en mis manos hace unos años cuando solo leía a Chinaski me hubiera encantado, ahora mismo me ha llegado a cargar por momentos tanto entorno masculino. Y dicho esto, que es lo que me ha sacado y me ha jodido un poco la experiencia de vez en cuando, el libro se devora y se disfruta en dos días porque la relación aprendiz maestro es genial. Cómo un adicto (😜) necesitas pasar al siguiente capítulo, lo que se narra es alucinante y por fin las leyendas urbanas se concretan. Estilo rápido y directo con las florituras justas, no sé si también por lo musical me ha recordado a Nick Hornby. Muy recomendable, aunque a veces me den ganas de darle dos hostias al autor por ciertas ideas, me iría de cañas con él sin dudarlo y le fundiría a preguntas, porque si esto es lo que se puede contar, lo que calla tiene que ser...
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Muy bueno: una crónica de las barranquillas (poblado del extrarradio madrileño expendedor de heroína para toda la ciudad) en los primeros 90's hecha por el hijo de Alfonso Ussía ¿que puede salir mal?. Lo de Polo Targo en vez de Antonio Vega no me ha molado (ya que cambias el nombre, busca uno un poco más artístico ¡no me jodas!). Ahora me han dado ganas de indagar en la vida de Enrique Urquijo de "los Secretos", ya sabes que unos libros te llevan a otros...
Crónica del ocaso de una época tan cinematográfica como los ochenta en España. Muchos ya se habían muerto, muchos habían estudiado una oposición o se habían puesto a trabajar en un supermercado, unos pocos habían conseguido reformarse. Pero Antonio Vega siguió brillando como un epílogo - quizá el más brillante - de esa época irrepetible de gente con una sensibilidad extraordinaria que se dejó merendar por cucharillas repletas de amoniaco.
la pluma del autor es buena, hasta la pg 131 el libro es muy muy bueno pero de ahi en adelante se cae, el narrador es evidentemente homosexual la facinacion con la que el autor describe a Polo Targo es supremamente homoerotica lo cual no es para nada malo y esta muy bien escrita sin embargo hubio algo que me molesto mucho y por eso le coloco esta puntuacion.
El libro pretende falsamente ser la historia de una figura musical ficticia, Polo Targo, pero que desde la primera aparición del personaje es imposible esconder que sea un trasunto de Antonio Vega. Su historia, con su talento y debilidades, desfila ante nosotros con un realismo de difícil superación. Con un punto de vista más equilibrado y certero que la biografía cinematográfica de Antonio Vega, “Tu voz entre otras mil”, aunque también tenga sus inevitables lagunas en aspectos oscuros y con un carácter más hagiográfico, inevitable dada la amistad del autor con el músico. Y como fondo, conciertos a los que asistimos y discos que amamos, con títulos de canciones ficticios que mal ocultan los reales.
Difícil separar las emociones de cada cual en la lectura de la obra, especialmente si superas los 50 y Antonio Vega ha puesto música a tu vida, pero “Vatio” es, probablemente, una de las mejores novelas españolas de realidad ficcionada. En sus páginas, con un ritmo ágil, que captura empujando a finalizar el libro, se visitan las caras clásicas del rock: el brillo de escenarios, la artesanía y creatividad de las grabaciones y la sordidez de los excesos de los artistas, en este caso la adicción a las drogas más duras. Es también una novela, en cierto modo, histórica, relato de un Madrid nocturno que no existe y una industria musical que hace tiempo dejó de ser como se cuenta. Aislándose de la presencia de Antonio Vega en la trama, el libro sigue siendo excelente.
Hasta la mejor canción —esa que forma parte de nuestra banda sonora— «pudo haberse compuesto en el peor de los infiernos». Me ha encantado 'Vatio' de A. J. Ussía y viajar a ese 'multiverso' que fue el Madrid de los primeros 2000, con cosas que vislumbré y otras que ni imaginaba.