Leona Vicario y la insurgencia de la razón
Teresa Carreón Granados.
Durante siglos, los relatos sobre la Independencia mexicana se centraron casi exclusivamente en los héroes masculinos —Hidalgo, Morelos, Iturbide—, dejando a las mujeres relegadas a papeles secundarios o simbólicos. Sin embargo, figuras como Josefa Ortiz, Leona Vicario, Mariana Rodríguez del Toro o Gertrudis Bocanegra, fueron esenciales para el movimiento. El libro “La Insurgenta” de Carlos Pascual, nace precisamente como una respuesta a esa omisión: darle cuerpo, pensamiento y voz a una mujer insurgente.
En este texto, Pascual le devuelve la voz a una mujer que la historia patriarcal había dejado en silencio, Leona Vicario, tantas veces reducida a nombre de calle o estatua de bronce, resurge aquí con piel, pensamiento y emociones. El autor la retrata como símbolo activo de la patria, como una mujer de carne y razón, atravesada por la contradicción de amar y pensar en medio del caos de la guerra. La protagonista es representada no solo como amante o acompañante, sino como una mujer intelectual, crítica y políticamente consciente. Pascual le otorga agencia: ella actúa, decide, duda, ama, se equivoca.
El autor comprende que la verdadera insurgencia de Leona no fue sólo política, sino íntima: desafiar la obediencia esperada, escribir su propio destino en un tiempo que no le permitía hacerlo. En cada página, Pascual describe una batalla silenciosa contra la invisibilización femenina, una forma de justicia poética donde la mujer deja de ser acompañante para volverse sujeto histórico. La Independencia, sugiere el autor, no se gestó solo en los campos de batalla, sino también en los espacios privados donde las mujeres conspiraban con palabras, afectos y pensamiento.
Leona Vicario aparece aquí como el grito de todas las voces que la historia borró. Su amor por Andrés Quintana Roo no es el eje del relato, sino el territorio desde el cual se pregunta qué significa ser libre cuando el amor y la patria exigen sacrificios distintos. Pascual la construye desde la conciencia: una mujer que razona, que observa con lucidez el escenario de la guerra, que se sabe parte de algo más grande que su propia vida. En ella, la Independencia no es solo una empresa política, sino también una búsqueda espiritual y ética: liberarse del mandato de callar.
Pascual entiende que escribir sobre Leona Vicario es continuar su lucha, no con armas, sino con palabras. La narración que configura la memoria de Leona Vicario, se mueve con un tono introspectivo, casi confesional, como si ella hablara desde la eternidad, reconstruyendo su memoria fragmentada. Su voz emerge de las sombras y narra la historia, y además, la reescribe, convierte la literatura en un acto insurgente.
Así, “La Insurgenta” no pretende llenar los huecos de la historia, sino hacer visible el vacío que dejaron las mujeres al ser borradas de ella. En ese gesto reside su belleza: en mostrar que la Independencia también fue femenina, y que además de cada héroe también hubo una mujer que pensó, actuó, sostuvo, escribió y soñó. Carlos Pascual nos recuerda que la libertad de una Nación no puede entenderse sin la libertad de las mujeres que la imaginaron. Y en la voz de Leona Vicario, luminosa y doliente, se escucha por fin la insurgencia más profunda: la de existir con nombre propio.
Leer “La Insurgenta” de Carlos Pascual es, para las mujeres, un acto de reconocimiento y de justicia simbólica. A través de Leona Vicario, la novela nos recuerda que la historia de México no fue escrita solo por hombres, sino también por mujeres que pensaron, amaron y lucharon por la libertad, aunque sus nombres quedaran en la sombra. Este libro nos invita a mirar de nuevo la Independencia desde los ojos de una mujer que se atrevió a ser libre en una época que le negaba esa posibilidad.
En “La Insurgenta” Carlos Pascual nos ofrece no solo una figura histórica, sino una conciencia femenina que cuestiona, decide y siente con intensidad. En su voz se escucha la dignidad de todas las mujeres que han sido silenciadas, y su lectura se vuelve una manera de recuperar la memoria colectiva desde la sensibilidad y la razón. Este libro nos enseña que leer también puede ser una forma de insurgencia: la de no aceptar el olvido, la de reconstruir la historia desde nosotras mismas.