Juan y Greta fueron compañeros de curso y militancia a mediados de los ochenta.
Una foto sobre el techo del liceo en el que estudiaban, en plena toma secundaria, quedaría como una prueba de esos tiempos. Veinte años después, bajo aparente democracia, la realidad es diferente. Un día cualquiera, Juan deja su auto varado en plena avenida y abandona todo. Se refugia en la casa de su infancia a fumar marihuana, hablar con un perro y recordar su adolescencia. Un día cualquiera también, Greta pierde a su hija: la Greta chica, en un terrible accidente automovilístico del furgón que la llevaba a clases. Desde entonces recorre enajenada Avenida 10 de julio buscando repuestas, intentando reconstruir el furgón. En el anverso de ellos están sus ex parejas: Max y Maite. Que por razones de azar se conocerán e intentarán armar una familia funcional. Pese al alcoholismo de uno de la depresión de la otra. Pese a un mundo angustiante repleto de deudas por pagar.
En Avenida 10 de julio la magistral pluma de Nona Fernandez talla el dolor de una sociedad narcotizada. Niños torturados y gente rota que, como a los autos, le faltan piezas, se encuentran en un gran marasmo intentando escapar del hoyo donde habitan. En esta, su segunda novela, Nona confirma que la historia y la política son, en su luminosa obra, parte de una misma trama.
Patricia Paola Fernández Silanes (Santiago, 1971), más conocida como Nona Fernández, es una actriz, escritora, guionista y feminista chilena. Hija única de madre soltera, Nona Fernández creció en un barrio de avenida Matta cercano al mercado persa Bíobío. Como actriz, fundó la compañía Merri Melodys, participó en montajes de muchas obras teatrales y ganó como mejor actriz un concurso del Centro Chileno-Norteamericano de Cultura. Sus cuentos aparecieron primero en diversas antologías de concursos, y su primer libro de relatos salió a luz el año 2000: El cielo. Dos años más tarde publicó su premiada novela Mapocho.
¿Hay algo que Nona Fernández escriba mal? Creo aventurar que no. Dos personajes que se encuentran a través de los recuerdos de su adolescencia, una vívida en plena dictadura donde los ideales revolucionares eran en contra de una dictadura que oprimía cada centímetro de la vida. Juan y Greta, aparecen como dos ecos de recuerdos que se nos ensamblan a la piel, contándonos sus vivencias y sus actuales vidas, con tragedias de por medio y entendiendo que darse por vencido y vencida quizás era la forma de entender la vida. ¿Por qué el nombre de la novela? Por la suspicacia que genera todo alrededor de un liceo, de una historia de miles estudiantes que pensaban en una vida y mundo distinto. En una entrevista Nona dijo: “escribí para esto”, hablando del proceso abierto el 18 de octubre de 2019, y este libro, otro más de su excelente pluma, parece decirnos que sí, que en cualquier momento recordaríamos todo lo que ha pasado y cómo hemos vivido para decir basta en algún momento. Ocurrió. Una lectura más que necesaria en estos tiempos que corren, de descanso para la elite, y de pandemia para las y los pobres. Pero volverán otra vez, les guste o no y este libro quizás ayuda a mantener en alto ese pensamiento.
(...) “En el fondo nadie quiere tiempo. Yo ahora que dispongo, y hago lo que quiero con el mío, pienso más. Y no es que antes no lo hiciera, simplemente es que ya no pienso idioteces. La cantidad de energía que gastaba calculando cómo organizar cada día para alcanzar hacer todo lo que tenía que hacer, me mataba. Contaba los minutos que pasaban, corría de un lado a otro, y si llegaba a sobrarme un segundo, lo ocupaba adelantando algo que debía hacer después.” “Imagino que ocurrió una gran tragedia, una mataba, uña oeste negra que hizo desaparecer a la gente y dejó sólo las construcciones en pie. Los vestigios de una civilización que ya no existe, que murió. Quizás el que era yo huyó en un camión de flete, como el resto, y que el que está aquí, sobreviviente de la hecatombe, mutó la piel como una culebra y quedó convertido en reto que soy. Único habitante en ocho cuadras a la redonda, viviendo en una especia de isla en la que nadie quiere estar.” “¿Habrá tenido algún presagio, por tímido y pobre que fuera? Yo no lo tuve. Ahora tampoco lo tengo. Es que no hay presagios ni avisos que valgan. Sólo hay mala cueva y de ésa siempre me ha sobrado.” “Un recuerdo puede diluirse con el tiempo y dejar sólo la sensación, la idean el concepto. Un recuerdo puede borrarse a punta de calmantes, ansiolíticos, antidepresivos, somníferos, terapias, exceso de trabajo, mucha vida social y ocupaciones, pero hay cosas que se anclan a la memoria y que permanecen ahí esperando que uno tenga el valor suficiente para bucear en ellas.” (...)
Con Nona Fernández me pasa como con Zambra: no me matan sus textos más experimentales (Preguntas Frecuentes o Facsímil), pero sus novelas me vuelan la cabeza. Y esta no es la excepción. Un texto sobre el duelo, el dolor, la muerte y el reconstruir la vida con piezas de otras distintas y ya terminadas. Dolorosa, a ratos emocionalmente difícil de leer porque te lleva a profundidades inesperadas, pero enormemente hermosa y llena de cuestionamientos sobre la propia vida. Una imperdible para todo quien se atreva a leerla.
He leído otras cosas de Nona Fernández, y me llevé una grata sorpresa con este libro (esperaba algo más crónica, algún relato más enfocado en la memoria que en su historia). Me conmovió harto, pensando en mi propia infancia y en les niñes cuyas historias quedan suspendidas en el tiempo.
Siento que tengo mucho que asimilar. La narración tiene un sinfín de subtextos que se vinculan a un país marcado por las desapariciones, los puntos ciegos, la resistencia, el despojo, las demoledoras que amenazan con destruir la memoria y el esfuerzo de rearmar una máquina destrozada a punta de repuestos, de pequeñas partes. Me quedo con una sensación de oscuridad y con la fascinación extraña de haber vivido a flor de piel la angustia de los personajes como si me perteneciera.
P:d: mientras escribía esta reseña, hubo un temblor, apenas unos minutos después de terminar el libro. Estoy en: shock.
La terminé anoche, todavía no sé muy bien qué decir. Estoy cada vez más enamorada de la escritura de Nona, de su prosa poética, cómo describe el horror, como transmite el ahogo, la decadencia, la oscuridad. Y detrás de todo eso, la necesidad de la vida. Me demoré en leerlo porque solo podía hacerlo en la madrugada, con el silencio de fondo. Hay tanta soledad en este libro, pero se me hizo más soportable que Mapocho, creo que porque leí éste último estando enferma y no fue la mejor idea del mundo. Hay que leer a Nona con cierta estabilidad física y emocional para no irse a la chucha. Igual me fui, y quedé marcando ocupado muchas horas y seguiré así hasta que empiece a leer otra cosa y más allá.
Encontré realmente brillante la forma de armar esta historia, con tantas piezas de repuesto que calzan perfectamente entre sí. Una vez más la infancia y adolescencia a oscuras, y la adultez con la luz blanca parpadeando encima.
Ahora no caminaré tan inocentemente por Av. 10 de julio.
Es mi primera vez leyendo a Nona y la verdad es que me ha dejado sin palabras. Avenida 10 de julio es un libro que duele en el alma, pero también está dotado de repuestos para repararla; un libro que transmite mucha soledad y al mismo tiempo reconoce la importancia de los demás en nuestras vidas; un libro caótico como la vida misma, en el que a veces no se termina de definir la linea entre la realidad y la ficción, el presente, el pasado y los recuerdos. Sin dudas me dejó con ganas de más.
“10 de julio” es un relato que nos sumerge en la oscuridad de la vida suspendida de niños, niñas y adolescentes, sometidos a violencia, maltratos, torturas y roturas, de manera similar a los autos abandonados que llegan a esta emblemática calle de repuestos. Un libro desgarrador, Nona Fernández me hizo afrontarme con una realidad angustiante dejándome con una sensación amarga, que, paradójicamente, deseo repetir.
Un relato imaginativo sobre la historia de Juan y Greta, compañeros de curso en una toma secundaria en 1985 y que se encuentran 30 años después. Nona Fernández describe con ágil pluma la crudeza de la represión durante la dictadura de Pinochet y los efectos en los sobrevivientes. Una historia que mezcla realidades, sueños, recuerdos y mucha imaginación. Se lee muy rápido y es absolutamente recomendable.
Cada nuevo capítulo era mejor que el anterior y se me hizo muy rápido terminarlo. Realmente es un libro hermoso y agradezco a la Nona por compartirlo con todos nosotros.
Esta novela trae consigo un universo único y retorcido. Me atrapó desde la primera página y lo solté cuando ya estaba acabado. Me gustaron los personajes principales y el retrato que Nona Fernández hace de ellos,como si la efervescencia de la juventud y la rebeldía contra la dictadura militar que tanto los caracterizaba, terminó siendo una simple silueta borrada por el tiempo que supo como acomodarse en un Chile neoliberal, desmemoriado y cruel.
El ritmo y la forma en la que está escrito atrapa y a la vez, nos sumerge en el horror de lo cotidiano. Valoro demasiado como se entremezclan las voces y las historias de Juan y Greta, sobre todo, como éstas concluyen. De una u otra forma, la ficción y lo inverosímil se entromete pero no deja de ser increíblemente real todo el libro - o al menos los sentimientos que nos deja-. Av. 10 de julio Huamachuco, es crudo pero sin lugar a dudas, una lectura que es necesaria hacer.
Dejo aquí, una de mis citas favoritas: "un recuerdo puede diluirse con el tiempo y dejar sólo la sensación, la idea, el concepto. Un recuerdo puede borrarse a punta de calmantes, ansiolíticos, antidepresivos, somníferos, terapias, exceso de trabajo, mucha vida social y ocupaciones, pero hay cosas que se anclan a la memoria y que permanecen ahí esperando que uno tenga el valor suficiente para bucear en ellas".
Hubieron algunos elementos de la historia que me parecían algo forzosos, sin embargo, más allá de esto me parece un trabajo muy interesante. Haciendo uso de distintas técnicas de escritura, explorando los límites de la realidad posible, la novela plantea distintas interrogantes claves: ¿A dónde van a parar nuestros muertos? ¿Hay pasajes entre la vida y la muerte? ¿Cómo hallarlos? ¿Nuestros recuerdos son una construcción artificial? ¿Hecha a partir de fragmentos, piezas sueltas, recuperadas, robadas, intercambiadas? Estas preguntas no dejan de ser planteadas en un contexto muy preciso: la destrucción de los barrios tradicionales en Santiago, el comienzo de las mega construcciones y la imposición general de nuevas formas de vida en la transición entre dictadura y democracia en el chile neoliberal.
4,5 La escritura de nona es muy de ella y me fascina. Los toques de realismo mágico y la historia contada desde dos perspectivas son elementos comunes es sus libros, dando un sentido de saber a que nos enfrentamos cuando la leemos pero a la vez no tener idea que va a pasar.
Me leí este libro muy rápido y me encantó desde el inicio, con personajes inconformes con el camino que ha tomado sus vidas y atascados en el pasado, incapaces de seguir. Muestra muy bien el sentimiento de no saber porque estamos haciendo lo que hacemos en el día a día.
No es un cinco porque me falto un final mas concluso o con un poquito mas de desarrollo. No soy tan fan del final abierto.
Me pilló volando muy bajo csm. No fue para nada lo que esperé que iba a ser. Primero pensé que solo era una historia de los remanentes que quedan con una fijación en la lucha estudiantil, pero resultó ser algo tan devastador que al final venía al borde del llanto en la micro JSJDJJSDK me deja ese sentimiento de ser un libro muy relevante. Lo disfruté mucho. Otra cosa que me dejó pa dentro fue la aparición del personaje Gonzalo, por mi nombre, que a pesar de entender que somos entidades completamente distintas el nombre igual tiene peso, por eso su situación me afectó mucho :(
"Un recuerdo puede diluirse con el tiempo y dejar sólo la sensación, la idea, el concepto. Un recuerdo puede borrarse a punta de calmantes, ansiolíticos, antidepresivos, somníferos, terapias, exceso de trabajo, mucha vida social y ocupaciones, pero hay cosas que se anclan a la memoria y que permanecen ahí esperando que uno tenga el valor suficiente para bucear en ellas."
Trama que va mezclando voces protagonistas de un duelo identitario constante. La herida de la memoria, la producción capitalista y la metáfora de los niños secuestrados bajo la tierra. Potente y creativa.
Me estremeció de principio a fin; Chile es una tumba de muertes injustas, pero es aterrador pensar que muchos de los muertos son solo niños con la vida estancada.
Me encanta como Nona conecta temas tan importantes como la infancia en dictadura, la participación política estudiantil, la importancia de la infancia, la adolescencia y adultez en diálogo, el desarrollo de la vida y la sociedad neoliberal en la que vivimos de una forma tan coherente y genuina. Me hizo llorar y encariñarme mucho con cada personaje.
Qué librazo, de verdad. La prosa, los personajes, la historia. No podía parar de leer. Juan, Greta, Los Niños... todo me llegó muy profundo al corazón. Todo el dolor, todo el duelo, toda la tristeza, todo se me juntó en el cuerpo. Gracias Nona por esta novela preciosa. Gracias por el epílogo.