Álvaro Cunqueiro Mora (Mondoñedo, 1911 – Vigo, 1981) se dedicó desde muy joven a la literatura y al periodismo. Su obra abarca todos los géneros y los más diversos temas, desde la poesía al libro de cocina, pasando por la narración y el drama. Dotado de una singular fantasía y de una extraordinaria capacidad de fabulación, Cunqueiro renovó hondamente tanto la literatura gallega como la española.
Su maestría lingüística, su libérrimo uso de las convenciones literarias, el poder que su literatura le asigna a la imaginación, la integración de distintas tradiciones culturales y estilísticas en un todo novedoso y personal hicieron de este célebre autor una de las figuras más importantes de la historia de la literatura gallega que, además, cuenta con múltiples traducciones a otras lenguas.
Álvaro Cunqueiro Mora nació en Mondoñedo en 1911. En la botica del padre entró en contacto con las historias y con los tipos populares del país. En 1922 se trasladó a Lugo para cursar el Bachillerato, y después a Compostela para estudiar Filosofía y Letras. Allí descubrió la obra de los autores vanguardistas que influirían nos sus primeros poemarios, y participó de forma activa en la vida cultural de la época. Coincidió en Compostela con García-Sabell, Torrente Ballester, Carballo Calero, Luis Seoane, Maside, Colmeiro y otros integrantes intelectuales gallegos del momento.
De vuelta en Mondoñedo promovió la aparición de varias publicaciones de corte vanguardista. En esta línea publicó los poemarios Mar ao Norde (1932), Cantiga nova que se chama Ribeira (1933) e Poemas do si e do non (1933).
En los años 40 comenzó su andadura como narrador gallego: novelas (Merlín e familia i outras historias, As crónicas do Sochantre e Si o vello Sinbad volvese ás illas) y libros de relatos (Escola de Menciñeiros, Xente ao lonxe, etc.). Escribe además piezas dramáticas como O incerto señor Don Hamlet Príncipe de Dinamarca (1958). Es autor también de una importante obra en lengua castellana.
Ingresó en la Real Academia Gallega en 1961, año en el que comenzó a trabajar en el periódico Faro de Vigo, del que fue director. Recibió un importante número de galardones y homenajes.
Cunqueiro superó el concepto tradicional de los géneros y construyó un universo literario coherente en el que trató elementos populares y recreó mitos y personajes históricos y literarios. Su obra literaria conforma un corpus singular que lo sitúan como uno de los mejores escritores gallegos, españoles y universales del siglo XX.
Es uno de esos libros a los que has de volver, como a la Itaca de Ulises, tal como lo decía Kavafis... Hay partes complejas que he de releer, hay todo un mundo de mitos y literatura fundidos, y de mensajes ocultos. No sé si denominar a esto fantasía, o un homenaje a la literatura desde la inventiva odisea... El estilo en sí, aunque a veces con léxico más complejo, es bastante sencillo. Donde se encuentra más dificultad, es sobre todo cuando habla de mitos, a veces desconocidos por mí, o sobre asuntos que, salvo releas quizás, no entiendes. Como una pequeña insinuación a que Ulises no es hijo Laertes cuando va a la taberna y dicen quién paga (la ronda por el nacimiento) , si escucharán el canto de Tristán e Isolda o el de Menelao cornudo. Es un libro precioso, con cierto intento de dar la vuelta a la historia de la Odisea. Como en el final. Sin lugar a dudas, volvería a leer el libro y otros de él. Esta primera vez ha sido buena.
Un libro diferente, con aires épicos pero absolutamente costumbrista. Escrito precioso y refrescante, bañado siempre por las olas en la vieja Grecia, saboreas y hueles todo tipo de aromas frutales y florales. Recomendado.
Una Odisea apócrifa que es un derroche de imaginación e inventiva. Mi amor nabokoviano a los detalles se ve saciado aquí. Por ejemplo, un pequeño diálogo que a mí me gusta mucho, desde aquello de los nombres que dan sed al “monje que estaba sentado a mujeriegas comiéndose un emparedado de citrón”:
"—Limpio mi boca, capitán, para poder decir tu nombre en voz alta. Estamos comiendo del mismo pan.
—Llámame Ulises.
—Nombre sonado en la antigüedad.
—Puedes descorchar la segunda botella, anciano Zenón de Ios.
—Gracias. Paréceme como si el oír tu nombre me diese algo de sed. ¿Vienes de almirantes?
—No. En mi isla veneramos a San Ulises, inventor del remo.
—En Ios veneramos a San Zenón. Era de allí. Su padre era conocido en todas las ferias de los romanos orientales y de los helenos propios. Andaba por el alambre y bailaba en la cuerda floja, equilibrándose con un quitasol. Le traían una almohada y se tumbaba en la cuerda, a hacer siesta mecida. Cuando el padre se bajaba, el pequeño Zenón, que tendría unos siete años y salía muy vestido con una túnica de flores, hacía su número del gato y del ratón. El ratón corría por la cuerda y el gato detrás, y cuando llegaban a los extremos, el ratón viraba y se colaba por entre las patas del gato, poniéndose a salvo, de un salto, en el bonete de Zenón. El gato se levantaba sobre las patas de atrás y fingía aplaudir con las delanteras. Llenaban dos veces el platillo, aun entre beocios. Cumplía diez años Zenón e invernaba con sus padres en Ios, y el hábil progenitor pasaba los días estudiando un salto mortal en el alambre, que debutaría con él en Melos, por San Juan Bautista. Bien ensayado el salto, decidió el funámbulo hacer el brinco al natural, y en la plazoleta que había delante de su casa montó en dos bastidores aspeados al alambre, muy alto para impresionar más a los públicos. Saltó limpio la primera vez, pero a la segunda se le fue la zapatilla izquierda y vino contra el empedrado, que era a uña de perro. Gritó la esposa, que estaba en la ventana, corrió Zenon a recoger en sus brazos el cuerpo del padre antes de que llegara al suelo, y con sólo tocarlo con las puntas de los dedos lo logró y el cuerpo estaba tendido en el aire, a vara del picudo piso.
»—¡Oh, Dios, misericordia! ¡Me arrepiento!
»Esto dijo el funámbulo sostenido en el aire por los dedos del lloroso Zenón, y con la última sílaba se desprendió del leve apoyo y cayó. Cayó con tanta violencia como si viniera directo del alambre, y rompió la cabeza en los guijos. Se tuvo este suceso por milagroso en Ios, y un monje que estaba sentado a mujeriegas en su asno comiendo un emparedado de citrón que le diera de limosna un sastre, dijo que con aquella escala en el aire, se había librado el funámbulo del infierno."
En fin, historias entretenidísimas y súper bien contadas. Literatura de imaginación tocada por la gracia.
Un libro en el que la trama es casi inexistente, el protagonista va contando historias y escuchando otras, todo en un mundo onírico que no es el de Ulises ni el presente pero en el que conviven aviones y héroes mitológicos. El lenguaje es muy rico, con expresiones arcaicas y citas cultas, que forman una escritura en prosa poética que es el mayor valor de la obra.
Me recuerda al realismo mágico sudamericano y a la prosa de Juan Ramón Jiménez. Lástima que la rica vestidura no esconda un cuerpo más interesante.
Es una lectura interesante, es el hijo que Homero y Melville hubieran tenido de haberse conocido y haberse puesto de acuerdo para escribir algo juntos. No sé si lo recomendaría, probablemente no. Como experimento humano o lectura cultural merece la pena, pero como obra de arte suprema le faltan trasfondo emocional, personajes que enganchen y, por qué no decirlo, una trama que aporte algo real a la historia que ya nos sabíamos.
Creo que a veces se acusa a Cunqueiro de hacer literatura de mero entretenimiento. Tal vez sea cierto y su objetivo solo sea recrearse con el lenguaje y con la inventiva, pero a mí me encanta, aunque sólo sea por desviarse de la norma de su época.
Justo me tope con este libro buscando material de la niñez de Ulises. Una joya literaria que arranca varias lágrimas a quien esté dispuesto a dejarse subyugar por una prosa poética y mítica. Salud Cunqueiro ! Que las musas sigan inspirando tu pluma.
Libro aburridísimo, sin trama, se hace muy pesado aunque es verdad que en algunas partes entremezcla formas actuales del lenguaje con antiguas y está bien conseguido, no llega a enganchar.