¿Y si Juan Sebastián Elcano hubiese mentido al regreso de la primera vuelta al mundo (1519-1522), y las cosas no hubiesen sido como él las contó?
Bajo esta interesante premisa, Tony Gratacós, autor novel que tuvo que autopublicar la novela hasta que una editorial se interesó por ella, nos hace volver a recorrer con Magallanes y con Elcano la ruta y los entresijos de tan interesantísima expedición, en busca de un paso hasta entonces imaginado hacia las islas de la Especiería. El resultado de dicha travesía fue la hazaña de circunnavegar el globo por primera vez en la historia. Eso sí, el precio que tuvieron que pagar los expedicionarios no resultó baladí.
El protagonista será Diego de Soto, que recién acabada la universidad entrará como ayudante de Anglería, el cronista oficial del reino. Tendrá que investigar ciertos aspectos no del todo claros de la crónica oficial que Antonio Pigafetta (personaje real) entregó a la llegada de la expedición. Para ello, Anglería le pide que viaje de Valladolid a Sevilla. Allí, nuestro protagonista, y con la ayuda de testigos de los hechos, descubrirá que quizás Magallanes no fue el traidor que la corona de España se empeñaba en divulgar como tal. Hay que hacer constar que el emperador Carlos I, que a la sazón tenía solo 17 años, había firmado unas capitulaciones más que generosas con el navegante portugués, lo que no sentó nada bien entre los nobles del reino. Pero si resultaba que Magallanes había seguido en secreto a las órdenes de Portugal (el gran rival de España en los mares), las capitulaciones no terminarían de cumplirse. Como Magallanes murió durante la travesía, siendo reemplazado por Elcano para el regreso (solo regresó la Victoria, de las cuatro que partieron, y 18 hombres de los 265 que la iniciaron), a la llegada del navío entraron en juego los conspiradores de la corte para “supuestamente” ajustar la verdad a los intereses de España. Es decir, lo de siempre.
Personajes reales se entremezclan con otros de ficción para lograr una novela histórica y de investigación más que aceptable. Y de paso también un thriller. Sus más de 500 páginas no se hacen largas. Pero, recordad que esta es una obra de ficción, porque veo que hay gente que se la está tomando al pie de la letra, al menos en otros foros. Con esa premisa, como novela histórica de FICCIÓN, “Nadie lo sabe” es una lectura bastante aconsejable.
Y le pondría la máxima calificación sin dudar si la prosa del autor estuviese más acorde con el producto. Por ejemplo, ajustando el lenguaje (como hacen otros muchos autores de historia) a la época. En ese sentido, y pese a la ambientación, no he terminado de encontrarme plenamente en los escenarios que se describen, pues he encontrado el lenguaje utilizado demasiado actual, llámese moderno. Pese a su estilo más que aceptable, creo que a Gratacós aún le queda un pelín de refinamiento literario. Su escritura es correcta, qué duda cabe, pero para nada subyugante. (Ya veo los palos que me van a caer por este comentario, pero es lo que pienso, y como tal aquí lo reflejo). Eso sí, los mimbres están ahí, y con ellos se pueden hacer muy buenos cestos. A poco que se refine.
Tampoco ayuda que, si quieres saber qué hechos son reales y cuáles ficticios, tengas que solicitárselo al autor por escrito enviándole un email. Ese apéndice DEBERÍA estar incluido en la novela, como en cualquier obra de este tipo que juegue a mezclar hechos con suposiciones e invenciones del que escribe. Como DE HECHO hacen la inmensa mayoría de los que se dedican a la novela histórica. Pero el señor Gratacós parece que no lo considera relevante. El que esté interesado que se lo solicite, que ya lo enviará él. Pues no. A mi entender el apéndice debe estar incluido de serie en el producto final. Si te interesa te lo lees, y si no, te lo saltas. Es mi opinión personal, como dicho queda.
Pero que recomiendo su lectura, que no os quepa duda.
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