Desde aquella semana de David Foster Wallace siguiendo con total estupefacción al candidato republicano más increíble (para mal, aunque luego llegaría otro que le pasaría por la derecha), John McCain, en su campaña electoral para la presidencia USA, no me había enfrentado con temas similares.
Y aquí, David Trueba, hace lo propio pero ficcionando una posible campaña electoral en España. Resultaría muy interesante conocer los tempos de escritura en relación con la realidad. Porque Trueba se apoya continuamente en hechos reales, modificándolos en mayor o menor medida para modelar su relato, pero que resultan claramente reconocibles por cualquiera que esté al tanto de la política patria. Y parece que se adelanta a algunos hechos que todavía no habían podido ocurrir cuando escribía el libro, y también, ni se podía imaginar que en el partido de "los cuervos" la realidad iba a superar ampliamente a la mayor fantasía literaria.
Lo que está claro es que David Trueba conoce perfectamente cómo funciona el juego político, donde prima muchísimo más el titular tendencioso, la publicidad demagógica y las frases controvertidas, más que las propuestas y las acciones. En España (y supongo que éso es extrapolable al resto del mundo), según se dice en el libro "el 73 % de los españoles se informa a través del teléfono móvil, en escuetos titulares redactados a la medida de su propia tendenciosidad. Trabajar en esas condiciones requiere su arte, llamémoslo habilidad". Y esa idea es el guión sobre el que transita el libro. A "los queridos niños" no hay que darles planes a 10 ó 20 años, un modelo de futuro o consenso en cosas fundamentales para un país como la educación, no. Los votantes quieren eslóganes en los que se sientan cómodos, que no les haga reflexionar demasiado, no vaya a ser que tengan que leerse todos los días 2 ó 3 periódicos de distinta ideología y a continuación irse a la biblioteca a consultar varios libros de historia.
Ese modelo de hacer política y país lo llevaron a sus máximas consecuencias líderes de la posverdad y el populismo más exacerbado como Trump y Bolsonaro, con réditos que nadie podía imaginar. Y claro, si algo funciona, cópialo. Faltaría más. Y ahí tenemos a la copia regional española que más ha triunfado, la prueba del algodón madrileña de que sí es posible ganar elecciones sólamente con un equipo de guionistas profesionales detrás que sepan perfectamente qué teclas tocar, que medios de comunicación dominar. Aunque detrás de todo éso no haya nada y en tus escasos años de gobierno las tropelías se hayan ido encadenando unas con otras.
Éso es lo que Trueba cuenta con gran habilidad, ojo visionario y amplío conocimiento. Y lo hace a través de un cínico y culto periodista sin escrúpulos. Que ha vivido toda su vida vendiendo carroña informativa y nadando a croll en las cloacas del sistema. Que te da un poco de ascopena, porque tampoco lo presenta como un ser perverso. Es más, casi podría decirse que es el más fiel a sus principios: él mismo por encima de todos. Sin casarse con nadie, sin estar en un bando, el más independiente del mundo.
En contrapunto perfecto, la candidata Amelia. La sosa y aburrida profesora de universidad reconvertida en la "próxima esperanza blanca" para liderar el país. Este punto de partida es el que más dudas me crea. Porque no es muy creíble en el partido de los cuervos una decisión de este tipo. Vale que luego espabile, afile el colmillo y se la vea con atisbos de cortar los hilos de los que la van a intentar manejar como una marioneta. Pero no veremos algo así en la realidad.
Y con estos mimbres, Trueba va creando una cesta crítica, irreverente, divertida y sobre todo muy descorazonadora de lo que puede ser una campaña de elecciones generales. Una road movie interprovincial, que al final se hace algo repetitiva, pero que nunca aburre. Después de ésto ya nunca seguiremos una campaña electoral de la misma manera.
Y ya está bien por hoy. Que tengo que terminar mi columna de opinión diaria para ese nuevo medio digital. Que los caprichos que son los libros no se pagan solos.