¿Y si el matrimonio fuera una forma radical y transgresora de decirse Te quiero? «Este libro es la película romántica que desearía leer en el sofá, llorando, comiendo chocolate, menstruando. Antes era Mujercitas, ahora es El matrimonio anarquista.» Sabina Urraca «Yendo de la escritura privada a la pública, Begoña Méndez y Nadal Suau demuestran que un matrimonio, el suyo por ejemplo, puede ser muchas cosas: una sociedad, el retrato de una generación, un refugio excepcionalmente sólido en su fragilidad, una clase, un país, literatura.» Patricio Pron «Si tuviera que romper una lanza por la monogamia una vez en la vida sería por este matrimonio.» Gabriela Wiener «El matrimonio anarquista posee la magia de una conversación secreta en la que uno decide guardarse lo mejor del otro como una ofrenda íntima. Pero es un libro volcado hacia su tiempo, tan alérgico al solipsismo como a las fórmulas que simplifican una unión.» Carlos Pardo Monogamia y poliamor; medusas y erizos; Pynchon, Winona y Foster Wallace; tatuajes, literatura y deseo.
escriben Méndez y Suau en un momento del libro: «somos un matrimonio heterosexual, un hombre y mujer monógamos y casados: esa es la institución que representamos. Sólo después vienen los ramales desviados que decidimos tomar para explorar, anárquicos y curiosos, los territorios ignotos de este organismo político y amoroso que queremos convertir en zona de creación (...) Escribimos para defender una idea libertaria de matrimonio»
es la idea en la que insisten una y otra vez durante las 162 páginas del libro. Durante su lectura, me he preguntado constantemente cuáles son esos ramales desviados, qué es lo que tiene de especial este matrimonio, por qué es anarquista, por qué merece la pena escribir sobre él. cuando empecé a leer las cartas pensé que la gracia era justo esa, que en realidad es un matrimonio sin nada de especial y que es justo eso lo que lo hace merecedor de ser plasmado en una conversación epistolar que después será publicada. Pero es tal su insistencia en la idea que uno llega a pensar que de verdad creen que están construyendo algo especial («porque tú y yo creemos que no es incompatible declararse anarquista y vivir dentro de los marcos estatales. Reivindicamos el placer de romper las cosas por dentro»; «a nosotros no nos ha interesado "volver" a esta institución, sino crearla, hacerla en origen sin guardar memoria de su pasado o conservando esa memoria como mera advertencia»). No es hasta la página 155, a siete del final, que leemos «no somos un matrimonio anarquista, seguro que no (...) La escritura pone nuestras contradicciones en manos del lector porque eso es lo más generoso que podemos hacer, lo más solidario. Reconocer que somos normalísimos, y qué bien».
yo no he visto una sola contradicción en todo el libro. Si alguno de los dos es anarquista, lo es de una clase que yo nunca había visto (mi momento favorito es cuando se habla del piso que se alquila por un precio bajo a una familia obrera y se sostiene que «el Estado no me dará nunca las gracias por no hacer negocios ni sangre con una cosa tan seria como la vivienda (...) Tener que pagar impuestos por haber alquilado mi piso por el precio más bajo que me puedo permitir hace que me sienta una pringada: es imposible no sentirse un poco estafada y un poco tonta siendo pura clase media». the kind of thing que firmaría Errico Malatesta, supongo). El matrimonio descrito en el libro encaja con la visión más conservadora que se pueda concebir sobre esta institución, sin que haya en ningún momento ninguna puesta en duda de cualquier elemento, por mínimo que sea, del sistema tal y como lo entiende la mayoría de la sociedad. Tampoco hay ninguna justificación del mismo: no existe ningún argumento a favor de la monogamia, de la idea de que una pareja tiene que vivir en el mismo domicilio, de la visión del Otro como una posesión («habrías querido embarazarme, que yo exhibiera una barriga enorme, que todo el mundo supiera que eras tú quien me había inseminado» mmmmmm wow). Por eso no entiendo cuál era su intención al escribir el libro más allá del mero ejercicio estilístico. Simplemente es una pareja tradicional explicando, una y otra vez y sin esforzarse particularmente por ofrecer argumentos entendibles para mí como lector, el haber tomado la decisión menos revolucionaria imaginable en el plano sentimental: la de ir al juzgado y firmar unos papeles que modifican tu estado civil para la ADministración
el reconocimiento de que el matrimonio no tiene nada de especial ni de anarquista llega demasiado tarde como para que no me sienta estafado como lector. Me lo han recomendado mucho y le gusta a personas a las que quiero y respeto, o sea que supongo que me estoy perdiendo algo. Tiene reflexiones sobre el matrimonio (que en realidad son sobre la pareja, no sobre el matrimonio, porque casarse no provoca un cambio ontológico, creo, en una pareja sea monógama o no monógama) que me han interesado bastante («casarse [más tener una relación sexoafectiva de cierta profundidad, diría yo] es reconstruir el propio espacio interior desde la interioridad del otro») y que he subrayado y a las que probablemente retorne en el futuro. Pero en fin, supongo que no es para mí , que lo he leído en un mal momento vital o que, simplemente, no he aceptado la propuesta de sus autores y me ha acabado cabreando leerlo
como canta Phoebe Bridgers en la canción Satanist, de Boygenius: Will you be an anarchist with me? / Sleep in cars and kill the bourgeoisie / At least until you find out what a fake I am / Spray paint my initials on an ATM / I burn my cash and smash my old TV
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Un joya de libro sobre las relaciones y las no relaciones. Sobre lo que queremos un día y no queremos el siguiente. Nada más leerlo escribí una carta kilométrica a sus autorxs titulada “El matrimonio luminoso”, porque me emocionó lo que había leído e incluso me dio cierta tristeza al acabarlo. Todavía estoy intentando saber el porqué. Os dejo el final de esa carta (un poco cursi porque así de cursi soy yo fuera de mis libros) para que veáis que esta lectura es para todo el mundo y que espero que os remueva tanto como a mí.
«El libro me interpele (todavía) […] Y ahora me pregunto cómo me habría sentado leer esto si yo no tuviera una pareja, algo que, como nuestros sueldos, también es un privilegio. Respiro hondo, dejo un momento de ser Rosario para transformarme en Rosita la soltera, y respondo que creo que me habría parecido igual de brillante, porque si algo he aprendido al terminar estas páginas es que la soledad no se acaba nunca.
Querida Begoña, querido Josep: sois dos puntitos solitarios de luz que titilan al mismo tiempo, el que nos ha tocado vivir, y yo celebro haberos encontrado entre tanta oscuridad»
No es mi obra preferida de Begoña Méndez pero tiene, indudablemente, el sello de su calidad literaria. Quizás resulta repetitivo en exceso en determinadas ocasiones, pero los fragmentos más reflexivos merecen totalmente la pena. Qué herida la de Begoña Méndez.
Si hubiera escrito esta reseña hace dos capítulos creo que hubiera sido completamente distinta. Sí que habría una constante: Tanto como me fascina el ejercicio de reflexión conjunta sobre la relación que suponen estas cartas aquí recogidas, me inquieta la exposición descarnada de la intimidad ajena. Aunque no pueda dejar de leerla.
Qué complejo es el encuentro con el otro, y que multiplicidad de posibilidades de encaje hay, aunque a veces solo nos parezca que existe una. Es un libro de los que te apela e invita a reflexionar sobre cómo concibes tú cosas que a veces tienes asumidas.
También me ha hecho pensar en qué necesidad tenemos de ser especiales en nuestros propios relatos. Cómo cuesta aceptar que a veces hacemos las cosas tal y como se hubiera esperado de nosotros. Y no está mal. Qué piruetas damos para lidiar con la discrepancia cognitiva que genera creerse único y ser igual. Pero bueno, esto último lo hubiera escrito antes de los dos últimos capítulos.
He dudado mucho si poner tres o cuatro estrellas. Creo q está bien escrito, y que dentro hay muchas ideas interesantes en torno a las relaciones, la pareja, la fidelidad, lo normativo, los mandatos sociales etc. A la vez, me parece un poco impostado. No pongo en duda la veracidad, ni siquiera creo q sea importante que sea todo veraz, pero me transmite cierta exhibición que no me resulta del todo cómoda. Creo que hay una espontaneidad un poco forzada. Es una opinión, habrá a quien sí le cuadre el asunto. Me gusta mucho la idea de que una se enamora de gente con infancias parecidas o compatibles, y la idea de vivir un amor monógamo desde la libertad, atreviéndose a vivir con todo el conflicto individual que esto supone .
“Se me ocurrirá entonces que el matrimonio es un fenómeno geológico: desplazamientos de placas, deformaciones y choques de la corteza terrestre. Tú y yo, dos estructuras tectónicas sometidas a las fuerzas telúricas del planeta. Se han producido temblores y se han abierto algunas brechas. Hemos agitado la arquitectura que nos sostiene como marido y mujer, pero no hemos roto los cimientos.”
Me ha encantado acompañar a Begoña y a Nadal en este recorrido por su amor. Me he sentido muy identificade en muchos momentos y me ha ayudado a pensar y reflexionar. ¿Se le puede pedir más a un libro?
Jamás había reflexionado sobre el amor así. Este libro me lo regaló mi querido Álvaro y fue un abrazo con forma rectangular y lleno de celulosa. Me encantó porque creo que es un libro en el que tú empiezas leyendo un diálogo entre dos personas (una pareja) reflexionando sobre el amor (su amor), y acaba convirtiéndose un diálogo entre tres. Es una historia en la que te eres juez, te enamoras, te decepcionas, te vuelves a enamorar del amor… muy guay
3.5+ stars ¿Se puede compaginar matrimonio y anarquía? un matrimonio, una institución, de clase media entre dos personas, poliamorosos, sino monógamos?
Begoña y Nadal, los escritores, decidieron casarse para ...crear esa institución. 'El matrimonio anarquista' contiene las cartas que la pareja se escribe desde febrero de 2020 hasta mayo de 2021, en las que intentan explicarse y comprender su relación.
Para una mirada exterior, su matrimonio puede no resultar tan diferente o tan anarquista, pero sí muy consciente de su lucha por serlo: a pesar de las instituciones, de las expectativas y de las inercias inevitables...
Es una pura declaración de amor, un amor combativo y en crecimiento continuo.
Creo que el verano es la estación del sentir fuerte. Este libro ha caído en mis manos en pleno agosto, un agosto especial, además, pues es un agosto del querer. Con cada carta que Begoña y Josep se dedican la piel se va reblandeciendo como en un baño largo y caliente pero sin llegar a quemar. Los miedos que ambos exponen se convierten en tus miedos, las exploraciones que hacen sobre el amar te sirven para explorar y pensar también. 'El matrimonio anarquista' me ha parecido un poco como arrancar una costra que todavía pica un poco para besar después la herida.
Otro libro para no leer en el autobús si te da vergüenza que te vean llorar.
Gracias a lxs autorxs, me habéis dejado tan blandito como esperanzado por el querer y el deseo.
Ojo, no se trata de un ensayo o un manual sobre el matrimonio siguiendo principios anarquistas. Ni siquiera trata sobre un matrimonio anarquista. Es un relato en formato episcolar sobre las intimidades matrimoniales de la pareja de autores: típica pareja de clase media liberal. Disfrutable en cuanto a lo sincero (aparentemente) del relato y la calidad de la prosa si no te molesta demasiado la gente que habla mucho de sí misma.
Este libro lo leí por recomendación de un conocido pero la verdad es que no me gustó. La mujer me pareció algo insoportable y el hombre un lento. Se la pasan hablando de reivindicar el matrimonio de una forma anarquista y precisamente lo compré porque yo no soy muy devota a eso del matrimonio pero al leer la sinopsis de la contraportada dije, será? igual y me estoy perdiendo de algo, y bueno la realidad es que no.
Experimento donde, de forma epistolar, una pareja se cita por turnos para comunicarse sus sentimientos y expectativas de vida. Esto que podría devenir empalagoso torna aquí un diálogo bastante interesante donde no se mitifica el amor —su amor— e incluso se enfatiza alguna miseria.
Una frase que guardaré: «Dos personas que se enamoran son dos infancias que se entienden mutuamente».
Un repaso por los temas del día a día en un matrimonio cuyas bases se asientan en algo mucho más allá de lo establecido. Conversaciones entre amigos, amantes y confesores. Miedos y alegrías compartidas con nosotros los lectores. Qué fantasía leer algo así para los que no encajamos en los cánones de belleza del matrimonio.
Lo empecé a leer esperando que me contase como es eso de un matrimonio anarquista, para mí chocaban ambas palabras en su origen. Ha cumplido mi espectativa de que me contase más sobre el amor , y no amor romántico. Me hago tantas preguntas después de ver cómo puede y es una relación de pareja con o sin matrimonio.
“Sé que podríamos clausurar nuestro matrimonio y seguiríamos vivos. Pero disfruto este modo de estar en el mundo. Nuestra historia juntos es sagrada, la tuya también. Por la mañana, vuelvo a casa, subimos al coche, nos vamos juntos a enseñar castellano. Tengo ganas de pasear contigo”.
No soy el mejor para opinar sobre los cantos al amor incondicional, absoluto y trascendental, aunque sea desde una perspectiva más intelectualista. ¿Igual es porque no me dejo a mi mismo? En cualquier caso siento una distancia de clase en lo que se cuenta que me aleja de las narraciones.
la premisa es chulísima, dos personas que se quieren dialogando sobre su relación y lo que la rodea mediante cartas. hay algunas metáforas e ideas que me han gustado, pero vaya par de millenials petardos dios mio.
anarquista por?? la verdad es que esperaba mucho más de este libro. me he encontrado con un señor y una señora heteros, de clase media, casados y monógamos (desde la superioridad moral, sobre todo ella) que se dicen anarquistas porque se conocieron tarde y no tienen hijes. no me ha gustado
Pocas cosas más satisfactorias que reconocerse en la concepción que otro tiene (o trata de dibujar) sobre el amor.
Escribe Begoña en cierto punto: «(…) Haces tus cosas que no sé qué son. Qué bien tus cosas que no veo», y como en varias otras partes, dejo de leer y me quedo pensando. Si tuviera que escoger una sola virtud de este libro sería esa: uno piensa muchas veces «supongo que el amor es también eso».