Virgen de medianoche es la historia de una prostituta moderna, habitante de la ciudad de México, quien cuenta en primera persona desde su iniciación en el oficio hasta la asimilación irreversible de su identidad social. Para algunos lectores, su ubicación en un género resulta poco clara y esto ha dificultado su valoración. No es, como el libro anterior de Josefina Estrada, Desde que Dios amanece, una novela en el sentido estricto. En la composición de Virgen de Medianoche los ingredientes se han mezclado en otra proporción, y esto es parte del atractivo de la autora: no se apoltrona en la repetición de la misma receta. Aquí hay menos de ficción que de realidad extraliteraria, menos de literatura que de periodismo, sin que enunciarlo así entrañe ningún juicio de valor. Digamos que la diferencia la da el punto donde Josefina Estrada ha puesto los acentos. Allá le interesaba escribir una novela; aquí, reconstruir una vida o una mezcla de vidas posibles. Los elementos que utiliza son principalmente aquellos que la han hecho fuerte: un oído envidiable para los matices, los giros y las cadencias del lenguaje coloquial, un gran sentido del humor aparejado con la sensibilidad necesaria en alguien que toca situaciones profundamente humanas, y una agilidad narrativa que sólo su formación como periodista podía haberle dado. En una época en que abundan las novelas aburridas, Virgen de medianoche, utiliza su heterodoxia literaria para dejarse leer con gusto y curiosidad.
No es una novela convencional. Se trata de una crónica de Fortuna Feik, la más mariguana de las prostitutas. Tiene mucho humor y pasajes llenos de vida (violencia policial, drogas, lujos y cárcel). Me hubiera gustado que fuera más extensa pero entiendo que tiene mucho de realidad ya que la autora era maestra de literatura en la cárcel de mujeres y mucho de esas crónicas hay aquí. No se complica con el lenguaje, la narración de Fortuna va siempre en primer plano con una que otra reflexión.