Las palabras son una poderosa arma de dos filos y, entre el bien y el mal, Álex Grijelmo nos explica con detalle los elementos que componen esta habla seductora, lo mismo se trate de un discurso emotivo, un bello poema o la propaganda política, el artículo periodístico o la más reciente campaña publicitaria de un producto.
Para el que como yo, se deleita en conocer el origen y la historia de las palabras en español, encontrará aquí una buena cantidad de datos, los "rastros genéticos" de algunas de ellas y el peso que cobran conforme son más antiguas.
Pero existen muchos más mecanismos que trabajan casi inconscientemente en nuestro cerebro al escuchar las palabras y de los que se obtiene ventaja. El "crecimiento cero" sirve para disimular la ausencia de crecimiento, el estancamiento. Palabras como "paz", "justicia" y "democracia" evocan sentimientos universales que rara vez se traducen en lo imaginado a nivel personal. Los políticos se valen de afijos, prefijos y sufijos para embaucar a su público porque "problemática" suena menos grave que "problemas" y "reajuste de precios" causa menos inquietud que "incremento de precios" o "subida de precios". Cuando un restaurante dice "pruebe nuestras ensaladas" el pronombre posesivo nos evoca una sensación de exclusividad, y si dice que es la receta "de la abuela" apela a nuestra infancia idealizada conforme a nuestra experiencia. También nos valemos de vocabulario ajeno, hablamos, evocando la figura del médico, de la "buena salud" de la economía o usamos en la política y los deportes palabras de guerra como "tregua", "retaguardia", "defensa", "ataque".
Conocer estos mecanismos nos permitirán disfrutar más de las palabras, emplear su fuerza y a su vez distinguir la intención de quién las expresa.