Cuando era pequeño no tenía más libros en su casa que un diccionario, es por ello que cada noche leía sus páginas y que con el pasar del tiempo le permitió encontrarse con palabras que no son del uso cotidiano, pero que en momentos precisos clarifican toda una escena dentro de su obra. Así es como comienza a escribir poesía a los 18 años, se encuentra con la prosa en la década de los 90’s, y en un poema dedicado a la prostituta más famosa de la oficina salitrera decide usarlo como base para una obra que tenía en mente. La envía al concurso del Consejo Nacional del Libro y la Lectura en 1994 y como buen escritor que es, siempre ha dicho que envió el único borrador impreso que tenía. El resto es historia, porque ganó ese año con su ópera prima: La Reina Isabel cantaba rancheras. El resto sería historia.
Y te traigo una más de esas para esta recomendación de lectura, de ese vasto universo pampino, asentadas siempre en su norte querido. Ante la crítica que sólo contaba relatos en torno a las oficinas salitreras del siglo XIX y XX, se embulle en el género policial creando dos personajes maravillosos, que no viven en la pampa, sino que en su querido Antofagasta. El detective privado Recadero, más conocido como “El Tira” Gutiérrez y su fiel ayudante Tegualda.
El secuestro de la hermana Tegualda es un <> de esas historias. Un libro que no supera las 60 páginas y que te viene como anillo al dedo para conocer su pluma. El tira Gutiérrez, llega un día tarde a su oficina en el centro de la ciudad, piensa que al llegar su asistente le echará “la bronca”. Pero una vez allí se da cuenta que ella no está y en su escritorio hay una nota que dice:
“Tengo a la señorita Tegualda. Si la quiere viva siga las instrucciones. Vaya a la playa El Cable y busque en la letra N.
Ni en vehículo, ni andando, ni corriendo. Debe ir en marcha olímpica. Y sin quitarse la chaqueta. No involucre a la policía. Estará vigilado todo el tiempo. Mientras más rápido haga el recorrido, mejor para ella. Marche ahora, o ella muere.
Más loco que un zapato”
Y ahí comienza su periplo por averiguar quién ha podido hacerle eso y su frenética búsqueda de la hermana Tegualda, que va mezclando con los recuerdos de su relación y de cómo han resuelto algunos de los crímenes que llegan a su humilde oficina de detective privado.
No te encontrarás con una obra maestra, ni mucho menos con una historia que sea ajena a los clichés de la novela policial. Pero sí encontrarás en sus páginas toda la magia de la escritura de Hernán Rivera Letelier: sus dichos del norte, los maravillosos sobrenombres, la magia de la pampa y esas palabras precisas que no conoces, mas que tienen todo el significante y significado necesario para entender su uso.
“Aunque ella ha cumplido recién veintitrés años y él ya frisaba los cuarenta y cuatro, para sus amigos eran la pareja perfecta, una pareja en la plenitud de su romance. Sí, decía el Tira Gutiérrez riendo, el nuestro es un idilio de tarjeta postal. Y cuando alguien les sacaba a colación la diferencia de años, la hermana saltaba para decir que la edad es un mero accidente. Un detalle de calendario.”
Una novela pequeña, ideal para esas tardes de relajo en las fiestas que se aproximan, para despejar la mente de ideas y concentrarte en una historia que cumple la función insigne de la literatura: entretener.
Y de paso conocer o re encontrarte con el nuevo premio nacional de literatura de este 2022.
**Esta reseña la escribí para mi newsletter, puedes verlo en el link de mi biografía en Instagram: @kokelector