Un grupo de 10 autoras (Wendy Tienda, Susana Miranda, Tania Hinojosa, Lola Herrera, Julia Méndez, Roberta Marentes, Fidelia Astorga, Aurora Montesinos, Alí Boites y Nora Centeno) llevadas de la mano, editora y audaz, de la poeta Leonor Enciso, decidió plantar rostro a través de la escritura colectiva, la afirmación de sus cuerpos y una imaginación sin límites al tiempo chato en que les tocó vivir y las expectativas —usualmente rancias— que se tenían de todas ellas. Fue así que, en 1984, en la Ciudad de México (otrora Distrito Federal) nacieron Las Elegantes.
Su proyecto literario, acaso similar en espíritu al de los estridentistas, consistió en trascender a través de la diversidad —temática y de estilos—, teniendo como hilo conductor un paraje mítico, Las Bonitas, y la afirmación, muy mexicana en espíritu, del hedonismo a ultranza (como bien señala Elma Correa en la cuarta de forros) consistente en el buen comer, el buen vestir, el mejor leer y una escritura soberbia.
Este libro de relatos —reensamblado generosa y lúcidamente por Didí Gutiérrez para Paraíso Perdido— como toda epopeya posmoderna está también marcado por la tragedia, pues debió ver la luz en 1985, pero el sismo del 19 de septiembre no se lo permitió a Leonor Enciso —quien, al igual que Nora Centeno, perdió la vida aquella mañana— y dejó en suspenso este libro hasta hoy, a más de 35 años de distancia, para que las muchas aristas de estos relatos irreverentes, mordaces, hilarantes, brillantísimos, y fríamente calculados ocupen el lugar que les corresponde en esa entelequia llamada “Literatura Mexicana”. Un librazo.