Sin duda alguna, el libro más ambicioso de El Chojin pero, ¿cumple con lo que promete o se reduce a mera pretenciosidad?
Al principio de la lectura el libro me sorprendió gratamente, pero lo cierto es que no iba con grandes expectativas, así que agradarme era la tarea fácil. Sin embargo, hay algo a lo largo de toda la narración que no me ha permitido disfrutarlo plenamente y me ha mantenido alerta toda la lectura. Probablemente fuese la complejidad de los temas que trata (el racismo, la violencia de género y la salud mental y física), los cuales, independientemente de la novela, son cuestiones delicadas que pueden perturbar de cierta manera al lector y, a pesar de que hayan sido tratados no solo desde el respeto, sino también desde el conocimiento, creo que sería oportuno encontrar los trigger warning acerca de estos temas.
De este modo, parece, ante esto, haber grandes ideas que motivan la escritura, pero tal vez con un planteamiento y desenvolvimiento más flojo en tanto que novela, pues a pesar de la importancia de los temas que trata, a veces parecen quedar reducidos a meros clichés, cuestiones manidas o una perspectiva menos seria (esto último, sobre todo, con la utilización de un color diferente para cada personaje, algo que en realidad no aporta nada a la historia y solo infantiliza la redacción y la estética).
En este sentido, en cuanto a la redacción no estamos ante un mal escritor, sin embargo, la narración no llega a ser del todo orgánica, natural, sino más bien una concatenación de palabras que quedan bien y tiene sentido, pero con las que no fluyes. El Chojin se esfuerza demasiado en ser un buen escritor, pero al final su historia y su estilo acaban por asemejarse más a la de un ensayista accesible para personas no especializadas en ciertos temas que a la voz de un novelista.
Con todo, la historia cuenta con diálogos muy reales y respetuosos, de alguien que esta familiarizado con las situaciones que se plantean y eso facilita la capacidad de empatizar con los personajes, aunque eso no quita que todas las cuestiones en una misma trama resulten forzadas en la historia, por lo que no sé si la idea de juntar las vivencias de estos dos personajes es algo que acabe de convencerme, porque al final acaban siendo reducidos a una característica de ellos mismos sin verdadera profundidad. De hecho, tan siquiera es posible llegar a comprender cómo se siente Edú al respecto de Carol, porque ambos entre ellos no acaban de casar.
Hay, por tanto, una clara conciencia social detrás de todos los acontecimientos y un compromiso con ello, pero ¿es eso suficiente? El Chojin consigue huir aquí de la romantización e idealización de estas situaciones, pero aun así no consigue dar con la clave.
En definitiva, es un libro que tiene potencial pero que se ha quedado con las ganas.