En un mundo donde, a fuerza de pervertirlas, las palabras han perdido su significado, los niños se han hecho con el poder y han instaurado el silencio como norma. Junto a esa imposición han creado una religión de la imagen, cifrada en un monumental dispositivo que emite estímulos visuales sin descanso, y persiguen cualquier manifestación verbal o escrita. En esa realidad sorda y muda, alguien llamado Él (no hay nombres propios en esta fábula) intenta hallar un sentido a la existencia amparado por tres compañeros singulares: un libro, un mono y la risa.
Ricardo Menéndez Salmón concentra en esta novela los grandes temas que han marcado su obra a lo largo de los años, como la pérdida de sentido del discurso colectivo, la muerte de la palabra, el legado que dejamos a los que nos sobreviven y cómo la tecnología nos transforma y nos convierte en otra especie de humanos. Intensa, estimulante e impecablemente escrita, Horda es una parábola y, como tal, aspira a contener una lección moral.
Nacido en Gijón, en 1971, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Oviedo. Escribe en los diarios ABC, El País y La Nueva España, y en las revistas El Mercurio y Tiempo. Autor de un singular libro de viajes, Asturias para Vera (2010), ha publicado los libros de relatos Los caballos azules (2005) y Gritar (2007), y las novelas La filosofía en invierno (1999 y 2007), Panóptico (2001), Los arrebatados (2003), La noche feroz (2006; Seix Barral, 2011), la denominada Trilogía del mal —que incluye las novelas La ofensa (Seix Barral, 2007), Derrumbe (Seix Barral, 2008) y El corrector (Seix Barral, 2009)— y La luz es más antigua que el amor (Seix Barral, 2010). Saludada con grandes parabienes por la crítica, su obra lo ha convertido en uno de los escritores más prestigiosos en el panorama de la narrativa contemporánea española. Traducida al catalán, francés, italiano, neerlandés y portugués, su obra ha recibido premios como el de la Crítica de Asturias, el de la Crítica de la Feria del Libro de Bilbao, el Casino de Mieres de Novela, el Qwerty de Barcelona Televisión, el Juan Rulfo de Relato, el Llanes de Viajes y el Premio Cálamo «Otra mirada».
En esta novela corta Ricardo Menéndez crea un mundo en el cual los niños han tomado el control, desterrado la palabra y otorgado a los adultos unos monos de mascotas (ya no existen otras). Los monos son para los adultos, lo que los adultos son para los niños.
Es una obra filosófica, de esas que te hacen pensar, con mucho trasfondo y más de un análisis o interpretación. Para lo corta que es, es increíble lo mucho que se podría debatir sobre la misma.
Advierto: no es una historia al uso, no le brindará al lector todo servido en bandeja -nada más lejano-, requiere de la paciencia, disposición, entrega y reflexión de aquel que decida aventurarse entre sus páginas.
Algunos años después de El Sistema, Ricardo Menéndez Salmón vuelve a abordar el género de la distopía con Horda, un breve relato que dibuja una sociedad futura en la que el lenguaje ha sido abolido, y en la que los niños detentan el poder de manera tan despótica y efectiva como desalmada. Supuestamente, los niños, cansados de las mentiras, de la perversión del lenguaje y de su sometimiento a las ideologías, habrían tomado el poder e impuesto un régimen de silencio sostenido en la proyección continua y ubicua de imágenes a través de un dispositivo llamado Magma, y en la realización de controles de experiencia a los adultos que finalizarían con su aniquilación en caso de no haberse atenido a las normas.
En este asfixiante mundo de pesadilla, el protagonista sin nombre de la narración (durante todo el libro es denominado «Él») descubre después de presenciar a una mujer leyendo y riendo el poder subversivo de la palabra y de la risa, y después de soltar a los monos a cuyo cargo está (porque en este mundo extraño, los monos son los únicos animales de compañía permitidos, posiblemente en sustitución de los hijos imposibles), emprende, en compañía de uno de los bonobos liberados y llevando consigo un libro —que no sabe leer—, un viaje hacia los confines del mundo y de sí mismo.
'Horda', según el diccionario de la Real Academia, tiene dos acepciones posibles. En su segunda acepción, es un "grupo de gente que obra sin disciplina y con violencia", y podría evocar a los niños de la historia, que aunque no carecen de disciplina sí que muestran una evidente capacidad de violencia. En la primera acepción, en cambio, 'horda' es una "comunidad de salvajes nómadas" que podría encajar con el viaje colectivo del protagonista, del mono y de otros caracteres afines con quienes se cruzan. Un viaje en busca de la palabra que es en cierto modo una vuelta improbable a los orígenes (de aquí el mono) y también la crónica de una comunicación imposible y aún así necesaria. De fondo, resuena la advertencia de George Steiner que abre el libro: «Si el silencio hubiera de retornar a una civilización destruida, sería un silencio doble, clamoroso y desesperado por el recuerdo de la palabra».
Ricardo Menéndez Salmón, descomunal prosista, con esta obra y con El Sistema se ha creado un género nuevo, a medida, que bien podría llamarse distopía alegórica o parábola distópica. En este nuevo género, la sociedad distópica presentada tiene menos peso que el poder evocador del lenguaje con el que el autor la construye, que con su opulencia y belleza estilística se contrapone al silencio forzado y desgarrador de los personajes. A diferencia de en otros autores distópicos, aquí apenas sabemos o entendemos cómo apareció esta terrible sociedad, o cuál es su funcionamiento. Menéndez Salmón no se centra en ella, y es remarcable en este sentido que el autor ponga más esfuerzo en describir la fuga del protagonista que el mundo aterrador en el que vive. Su lenguaje, poético y rico en metáforas, se presta más a la evocación y a la creación de imágenes que a la descripción.
Y es aquí donde pienso que el libro flaquea un poco: confrontados a un mundo que es una deformación del nuestro, los lectores querríamos entender cuáles son sus resortes, qué sucede en él y como hubiera sido nuestra vida si nos hubiera tocado en suerte vivir ahí. Pero el autor está más interesado en hablarnos del lenguaje, de la soledad y la incomunicación, o bien del tan actual y deshumanizador predominio de la imagen rápida y constante sobre la palabra y el discurso (el Magma imaginado por el escritor, por cierto, evoca fácilmente las telepantallas de Orwell o los Parlor Walls de Bradbury); y así de tantas otras cosas más. Al final, un amasijo de temas cuyo hilo conductor (una historia vagamente dibujada) no consigue unir del todo. Aunque, para ser justos, podría argumentarse que es justamente esta imprecisión la que confiere al libro sus característicos rasgos oníricos. Cuestión de gustos, al final.
En cualquier caso, cada libro de Ricardo Menéndez Salmón es un suceso afortunado si nos permite seguir disfrutando de la brillante y rítmica prosa de este portentoso narrador. Para muestra, un botón:
«El animal confirió a la marcha un capital simbólico. No en vano, aquella comunión tenía milenios, se perdía en una contabilidad que, de siglo en siglo, alcanzaba santuarios de la emoción. El primer mono que caminó en paz junto a un hombre, las seis huellas inscritas en un mismo pedazo de tierra, trazos de una pintura arcaica. Él apreció las posibilidades narrativas que escondía la estampa. Al hacerlo, en un gesto espontáneo, parecido al de alguien que sufre una repentina asfixia, se llevó la mano a la garganta, al pozo de las palabras. El mono miró perplejo al hombre, extrañado de aquella mímica forzosa y violenta, como si Él tratara de arrancar de su interior algo que había quedado estrangulado: una pasión, una blasfemia. No lo logró. Ninguna palabra inflamó su boca para reflejar el caminar en paralelo, la simultaneidad en el tiempo y en el espacio de las huellas parejas. El discurso que cifrara aquella realidad por el momento le estaba vedado. A su pesar, y aunque la mujer le había regalado la posibilidad de otra vida, seguía constreñido al silencio.»
«El mono dormía los sueños que le estaban reservados. Él lo veía reposar y pensaba qué cerca y qué lejos se hallan entre sí las distintas criaturas del mundo, unidas por pulsiones elementales, separadas por el conocimiento de la muerte y de lo que semejante sabiduría conlleva. Él se preguntaba si en el mundo del bonobo la muerte jugaría algún papel. Si el mono sería consciente de que en algún lugar de sus días, pronto, en unos años, ahora, mañana, la muerte llamaría a su puerta para llevarlo consigo. La inmortalidad de los animales resultaba desasosegante. Él miraba al bonobo dormido y sentía una confusa ternura, como si fuera una versión infantil de sí mismo a quien viera confiado al sueño»
A veces me pregunto si fue escrito tan complicado a propósito y ¿qué propósito? ¿Parecer más intelectual? Un 30% o más del libro no entendí.
Sin embargo, tengo que decir que la trama es alucinante: Un mundo sin palabras, donde los niños gobiernan y someten a los adultos. Con esta prometedora historia llega la decepción de la escritura.
Puedo rescatar no obstante algunos párrafos que me gustaron.
“Es extraño pensar qué poco necesitaba un hombre para poseer una patria. La compañía de un animal era mapa suficiente”.
“El monto dormía los sueños que le estaban reservados. Él lo veía reposar y pensaba qué cerca y qué lejos se hallan entre sí las distintas criaturas del mundo, unidas por pulsiones elementales, separadas por el conocimiento de la muerte y de lo que semejante sabiduría conlleva”.
Por párrafos como estos, entendibles y maravillosos dentro de un choclo de páginas inentendibles, y también por el final que me dejó así 💔💔💔 le doy tres estrellas.
Un relato corto con una premisa interesante: en un mundo dominado por los niños, las palabras son prohibidas. Lo que no me gustó: las palabras rebuscadas que usa el autor a lo largo de toda la novela le quitan ritmo a la lectura.
Es una reflexión imaginaria sobre la fuerza –y sobre todo la ausencia- del lenguaje. Nos describe un mundo sin voz, ni risa ni sonidos, en el que los niños son los líderes. Y lo son como castigo a los adultos que usando mal las palabras no hemos conseguido otra cosa que corromperlas. Es un mundo sin nombre, en el que continuamente Magma lanza imágenes y en el que Él acaba realizando un recorrido –junto a un libro y un mono. Un viaje extraño, por el páramo del silencio, en busca de un sentido.
Es una lectura compleja y exigente, pero que a su vez te hace amar el oficio de escritor. Y es que me imagino a Ricardo Menéndez eligiendo durante largo rato cada una de las palabras usadas. El léxico de esta breve novela requiere concentración y atención, sí, pero nos regala una lección de lenguaje brutal. Sin duda, el estilo es lo que más me ha llamado la atención. Esa capacidad tremenda de elegir el cómo de una manera casi matemática.
Bufff... No me ha gustado nada. El lenguaje es tan rebuscado que es difícil conectar con los hechos. La elección de ese lenguaje me parece lógica y concuerda con el concepto del libro, pero prefiero relatos más dinámicos. Me he llevado un chasco, la verdad.
En mi opinión, puedo definir este libro como un quiero y no puedo.
Un libro corto, de 82 páginas, cuyo contexto circunda en un mundo donde los niños han tomado el control, y han eliminado del mundo la posibilidad de hablar, debido al mal uso de la palabra que hemos hecho a lo largo de nuestra vida.
Debido a la palabra hay mentiras, daños, guerras y traiciones.
Muchas veces llenamos huecos con palabras que ni siquiera son necesarias.
Hemos llegado a un mundo donde la palabra ha dejado de ser realmente útil por el mal uso que estamos haciendo de ella.
Por eso, en este hipotético caso, los niños borran los recuerdos de los adultos, haciéndoles no saber hablar, leer o incluso reir. Una dictadura de niños.
La trama parece interesante, pero creo que en el afán del autor de usar un tema filosófico y profundo, utiliza unas palabras técnicas que no creo que sean necesarias y que entorpecen la lectura.
También creo que quiere llegar a ser tan profundo, que a veces pierde el foco.
El protagonista, apartado incluso de su identidad, se llama “Él”.
Vive, al igual que el resto de sociedad, oprimido y trabajando, pero sin saber que hay mejor más allá, ya que han sido desprovistos de sus propios pensamientos.
Un día, descubre a una mujer leyendo. A partir de entonces, su objetivo es solo buscarla.
En cierto momento, coincide con ella, y la persigue para que le de explicaciones. Cuando lo consigue, la mujer le dice que escape, que si escapa podrá encontrar la palabra y una alternativa a ese mundo.
Junto con un mono, se escabulle para conseguir su nuevo proposito, vivir fuera de ese mundo alejado de esas necesidades básicas humanas y sociales.
Nota: los monos también tienen una gran importancia en esta novela, para hacer una comparativa de lo que somos nosotros y lo que son ellos, y mostrar como no estamos tan alejados de ellos. De hecho, este paralelismo puede mostrarse mucho más cuando el ser humano se ha quedado sin poder hablar, sin poder reír y sin poder leer.
Junto con el mono, continua divagando por este mundo para conseguir su propósito. En un momento del libro, el mono se va porque se enamora de una mona. Él no sabe por qué se ha ido, y desde entonces su expedición pierde sentido.
En un momento en el que Él se ve acorralado porque piensa que lo han encontrado los niños, ve unas sombras y se tira al vacío. Esas sombras eran el mono con su pareja.
El contenido filosófico que extraigo de este final es que al final, da una leve luz a mostrar como los monos incluso han superado el propósito del hombre.
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Sí, sé que a bote pronto cuando lees la sinopsis este libro puede parecer interesante. Puedes pensar que vas a leer algo lógico, curioso, y con algún tipo de cohesión, pero a mi parecer este libro no tiene ni pies ni cabeza.
Cuando llevaba unas 40 páginas decidí que no tenía ningún sentido seguir sufriendo con esta lectura.
Una gran cantidad de frases y palabras complejas, al nivel de que si pretendes entenderlo por completo, deberías tener a mano un diccionario. Constantemente tenía la sensación de que el autor se había propuesto usar las palabras más rebuscadas de la lengua española, como en un afán de hacerse ver superior lingüisticamente hablando o de hacerte ver a ti como idiota.
Pensaba que era la única a la que le pasaría, pero al pasarme por comentarios y reseñas ajenas parece que es la línea general. Algunas opiniones ajenas:
-Pretencioso. Quiere ser, pero no es. Parece escrito por un adolescente con el diccionario de sinónimos al lado, sin profundidad en el personaje principal. -No he entendido nada. -A veces me pregunto si fue escrito tan complicado a propósito y ¿qué propósito? ¿Parecer más intelectual? Un 30% o más del libro no entendí. -Bufff... No me ha gustado nada. El lenguaje es tan rebuscado que es difícil conectar con los hechos.
En general no recomiendo para nada esta lectura a menos que sea algo obligado o para estudio.
Las palabras vivían entre nosotros y se las llevaron. Así lo decidieron. Enmudecerlas. Someterlas. Encarcelarlas.No sabemos cuándo sucedió. Solo sabemos que sucedió. Que el don se convirtió en condena. Y que llegó la época del silencio. Una enseñanza que no se transmite con palabras. Porque la palabra ya no dice nada a nadie. Música sin eco. Flecha detenida en el aire. Sed en la sed.El argumento para la prohibición tuvo que ser por fuerza su mal uso. Para qué servía la palabra entonces, en aquel remoto esplendor. Para nada. Prostituida. Desvirtuada. Degradada. Para qué seguir permitiendo su empleo si cada palabra pronunciada era máscara, humo, fantasma. Que pagaran por ello. Que pagaran por un regalo infamado, convertido en justificación para cualquier tipo de capricho y componenda.
Está novela distópica tiene como motivo central la instalación de un nuevo orden social en manos de los niños. Bajo este nuevo régimen las palabras hablabas o escritas están prohibidas. Se argumenta que las palabras pueden ser dañinas por su ambigüedad, falsedad, ficción...
A nivel de experiencia lectora me pareció interesante señalar que todo el libro, a excepción de un capítulo en el que un personaje puede hablar de forma sostenida, el resto del texto, al depender solo del narrador se volvía muy denso y plagado de metáforas para pintar este mundo... No sé si fue o no intención del autor pero se vuelve bastante asfixiante la ausencia de discurso en los personajes... Las aparición de las palabra en boca de los personajes fue un remanso, tanto para el personaje como para mí como lector.
Más que una novela, es un cuento largo. Y dentro de la estructura del cuento, una fábula, distópica, pero fábula al fin y al cabo, con todo y elemento moralizante. No se busque un relato de ciencia ficción lógico y estructurado, con explicaciones claras del porqué de las normas de ese mundo donde los niños subyugan a los adultos con la prohibición del lenguaje. Es más bien una parábola filosófica y poética; preferible entender así este libro, de lo contrario resulta inverosímil que una horda de niños logre someter psicológica y físicamente a los adultos. Finalmente, acaso el título no refleja cabalmente lo central del relato: el problema de las palabras prohibidas.
La idea es brillante. El escenario que plantea y pone en juego, el concepto de una humanidad sin palabra. Pero se hace imposible una lectura fluida, es un libro de una elevada dificultad léxica. Diccionario en mano página tras página, lo cuál no es negativo pero llega un punto de saturación y desconexión con la trama. Y el final pues... Todo se va desarrollando hasta que poco a poco se va desinflando. De más a menos.
Cogí este libro pensando que sería una novela distópica, y para nada. Es más bien ensayo, la sociedad distópica es la excusa y metáfora que emplea el autor sobre el poder de la palabra y la risa. Mi nota relativamente baja es porque no me esperaba que el libro fuese así, ahora bien, el libro es muy bueno. Ricardo Menéndez Salmón escribe increíblemente, qué manejo del vocabulario. Es un libro ligero pero que merece dedicarle tiempo o relecturas para captar bien todo el mensaje que tiene oculto.
No he conseguido conectar ni con el protagonista ni con la historia en ningún momento. Le doy tres estrellas porque el planteamiento es muy interesante y los temas que busca tratar también lo son, pero la ejecución no termina de convencerme. Quizás algo más de extensión para ganar foco y profundidad habría merecido la pena.
Una idea interessante, esprime alcuni concetti sull'uso barbaro della parole nella nostra società tanto da far perdere il loro significato. Sebbene provare a scrivere di un mondo senza parole, governato dalle immagini, non sia un compito facile (ma anche il punto chiave della trama) la scrittura non riesce a creare l'atmosfera ricercata.
Increíble y dura novela, que en su extensión radica su secreto. Ampliamente recomendable. Distopía que retrata nuestra realidad y naturaleza humana. Haciendo un excelso uso del lenguaje, siendo este el tema central de la obra.
02/2024 Un breve racconto di 97 pagine in cui il mondo è comandato dai bambini i quali hanno imposto il non uso della parola. un mondo immerso nel silenzio e pieno di immagini proiettate da una macchina. spesso il linguaggio è la narrazione risultano ampollose e la storia di base un po' debole
Una lectura rápida, pero deliciosamente intrigante. De esos libros que no puedes dejar de leer hasta que llega el final, y en ese momento empiezas de nuevo.
En un listado de El Pais sobre novelas distópicas. Enmarcado en un mundo futuro donde la palabra, hablada y escrita, ha sido prohibida por el uso dado en tiempos anteriores (los nuestros, deduzco) y la prostitution de su contenido. Los niños dominan el mundo con mano férrea y tienen máquinas que detectan a los disidentes a los que borran los recuerdos o los ejecutan. El protagonista, anónimo (Él) es un adulto cuidador de un almacén de monos, el único animal de compañía permitido. Un día ve a una vecina leer en voz alta y reír y eso le hace cambiar. Libera a los monos, contacta con su vecina, que le da un libro y huye. En su huida se encuentra con un mono que Él había liberado. No sabe leer el libro y no puede o no se atreve a hablar. Va incesantemente al norte hasta que llega a una fortaleza abandonada donde acaba. El final, donde el confunde (o identifica) al mono y su compañera con dos niños y se lanza al vacío, me ha recordado un poco al planeta de los simios. Curiosa novela, el autor emplea un lenguaje muy rico entiendo que como contraste con un mundo mudo.
Una premisa muy buena y con posibilidad de desarrollar un montón de propuestas sobre la manipulación de la palabra, la tecnología, la cultura de la imagen...pero que al final se queda en nada, ya que el libro no entra en nada, solo va dando tumbos por ese mundo distópico sin pararse en ninguno de los temas. No aporta nada más al resumen del libro. Si me tengo que quedar con algo, con el capítulo "Durante" donde explica como se desvirtúa la palabra y el porqué se prohibió. "Para qué seguir permitiendo su empleo si cada palabra pronunciada era máscara, humo, fantasma. Que pagaran por ello. Que pagaran por un regalo inflamado convertido en justificación para cualquier capricho".