El Volumen 2 de La bendición del oficial del cielo (Tian Guan Ci Fu) es hermoso —y, dato de color, lo estaba leyendo en el momento que cumplí mis 24 años.
El primer libro nos introdujo el mundo, los dioses, la burocracia celestial y esa dinámica espectacular, genial, grandiosa entre Xie Lian y el misterioso hombre de rojo, el Rey Fantasma que derrotó a casi todos los dioses del Cielo solo para probar algo, el gran dueño de la Ciudad Fantasma: Hua Cheng ✨
Este segundo libro expande el corazón de la historia. Pero vamos de a poco.
La primera parte gira alrededor de la misión de Xie Lian en la Ciudad Fantasma: Un lugar donde podés apostar años de vida de tus familiares, la suerte de tus enemigos, partes de tu cuerpo y tu propia alma.
Y ahí, obviamente, está él: Hua Cheng. El hombre cuya sola presencia hace que cualquier dios se paralice del terror… excepto Xie Lian. Dios, el encuentro que tienen en la Ciudad Fantasma es divertidísimo. La tensión. Hua Cheng, que siempre gana, apuesta contra Xie Lian, que siempre pierde, y lo leí sonriendo todo el tiempo. Entre apuestas macabras y criaturas demoníacas, y siendo Hua Cheng quien está a cargo de todo eso, el Rey Fantasma es suave y está perdidamente enamorado... y todos en ese lugar se dieron cuenta, pero se hicieron los boludos.
Ahora, la segunda parte del libro es una especie de gran flashback de lo que ocurre 800 años antes, cuando Xie Lian aún era el príncipe heredero amado por todo Xianle❤️🩹. Esta parte directamente me destruyó emocionalmente. Acá vemos quién era Xie Lian antes de haber ascendido y descendido tantas veces, antes de haber visto a su reino ser derrotado, antes de ser odiado por toda la gente que él solo quería proteger. Spoiler: Xie Lian era (y sigue siendo) el ser humano más bueno del mundo entero, un chico que miraba el mundo con tanta BONDAD capaz de darlo todo para salvar a quienes necesitaban ser salvados.
En este pasado de hace 800 años, aparecen Feng Xin y Mu Qing en su versión joven, servidores leales de Xie Lian. Vemos cómo empezó todo, las diferencias de clase, las presiones, las injusticias y el inicio de la rivalidad entre las futuras deidades.
También aparece, POR SUPUESTO, el primo de Xie Lian. No voy a decir quién es porque es algo que descubrimos en la primera parte del libro, pero este ser… todavía en su versión adolescente, es un desastre ambulante, egoísta, cruel y desagradable… y está en el centro del reino de Xianle. Un augurio de mala suerte personificado.
Pero hablemos de lo que realmente importa: Un niño que aparece de la nada, caído del cielo. Un niño que huye de todos, menos de Xie Lian, a quien se aferra con todas sus fuerzas. Un niño que trae la peor suerte del mundo y nadie debería tocarlo si no quieren arriesgarse a una vida de desgracia. Y Xie Lian le salva la vida, lo abraza y lo deja llorar en sus brazos. Todos sabemos quién es ese niño solo porque no podría haber sido otra persona, no? Un chico condenado desde el nacimiento y que mira a Xie Lian como si fuera la mejor persona que existe. Todos lo sabemos, pero no importa: funciona igual. Duele igual. Y es hermoso.
Hua Cheng no idolatra a Xie Lian porque sea un dios (como si). Lo idolatra porque, cuando era un niño, solo, maldecido y repudiado por todos, Xie Lian lo tocó sin miedo, lo salvó y quiso protegerlo de la soledad a la que estaba condenado. Y digo quiso porque todavía no sé lo que pasó después!!!
Este es el súper inicio de todo. Como ya sabíamos, Xie Lian representa el exceso de compasión, tan mal visto en el taoísmo: su tragedia, su caída, su sufrimiento, todo nace de ese mismo impulso que lo hace abrazar a un niño maldito sin dudarlo. Y lo amo por eso.
Este libro es hermoso, triste, tierno, cruel y poético. Me siento emocionalmente comprometida.