Desde que revivió como un fogonazo el interés por la literatura de Vila-Matas, la trayectoria que se describe una tendencia decreciente. Esa bruma insensata fue el redescubrimiento, pletórico. Mac y su contratiempo en un primer momento creí que me gustó menos y al pasar los días se asentó mejor hasta dejarme también grandes sensaciones.
El mal de Montano, uno de los títulos canónicos de Vila-Matas, no lo inicié con demasiado buen pie, iniciando la lectura sobre el clásico personaje de Vila-Matas, hombre atónito frente a la vida y cuya cabeza bulle por y para la literatura, que, como se dice en esta novela, nos sirve para comprender mejor la vida pero a la vez nos mantiene afuera. Los conflictos de este hombre son los que estamos acostumbrados en su muestrario de personajes. Matrimonio regular de hace años aunque con no pocas grietas. Fijación enfermiza por la literatura. En ese panorama la narración aprehende con fuerza el modelo del dietario como forma de exploración metafísica y a la vez de experimentación literaria. Se describe unos viajes hacia las Azores y Chile que no consiguieron despertar apenas mi interés. El personaje de Tongoy, sobre el papel un contrapunto juguetón que debe añadirle otra energía a la narración, en verdad no termina de cuajar.
Por fortuna, ese ciclo termina y se inicia un segundo bloque narrativo, ya más interesante, dónde básicamente se nos dice que lo leído anteriormente era un artefacto literario creado por el narrador, que se ha inventado no pocos elementos y los ha elaborado en clave de ficción. Desde ahí continúa indagando en la idea del dietario literario a través de nombres muy insignes: Jules Renard, André Gide, John Cheever, Kafka o Gombrowicz, cada cual con una concepción personal del objetivo de un dietario. Para Gombrowicz, por ejemplo, la realidad plasmada tal cual no tiene interés, así que la adereza con imaginación. La prosa se torna cada vez más ensayística, reduciendo la dosis de 'acciones' y 'escenas', y conforme la mente del narrador parece alejarse de la vida, su escritura deviene más especulativa e introvertida. En muchos pasajes la prosa de Vila-Matas cobra verdadero vuelo, a su habitual agudeza para el comentario literario también se añade una prosa jugosa con la que combate los obsoletos modelos realistas.
En la tercera parte, para mi gusto, la novela acierta a encontrar su verdadero magma, es dónde más hierve, dónde creo que de verdad brilla y adquiere niveles más altos de fascinación. Ahí el narrador ya se ha convertido en un personaje quijotesco, plenamente identificado con la literatura, que diagnóstica la muerte de la literatura y por lo tanto, implícitamente, nunca mencionado de forma directa, la suya propia. Todo, como siempre en Vila-Matas, sostenido en un tejido de citas y referencias literarias que, como es habitual, convierten sus narraciones en un coctel erudito pero a la vez juguetón, haciendo de su lectura algo muy gratificante, pues se nota su ánimo de hacer que el lector participe en la epopeya hacia la tradición de la literatura moderna. Musil, Sebald, Robert Walser y muchos otros forman parte de ese arsenal, de ese puzzle que con destreza y elegancia Vila-Matas construye frente a los ojos de sus lectores. A Nivel personal, quizás en 2007 estos nombres me parecían marcianos, casi inventados por el propio autor, hoy en cambio me resultan muy familiares, de muchos he leído alguna obra, así que me resultaron familiares y por lo tanto me ayudó a comprender mejor ese juego propuesto por el autor.
En las últimas páginas el tono es más cortante, menos jocoso que en los inicios. La mente del narrador no atraviesa su mejor momento y sin embargo, todo ese bloque está tejido con una narración vaporosa e evanescente muy envolvente, que sin duda se compenetra muy bien con esa atmósfera sugerida por las teorías e ideas lanzas por el narrador. Todo culmina, eso sí, con ciertas notas de esperanza a pesar de la negrura, a pesar de ese panorama oscuro de consumición de la literatura, convertida en objeto mercantil y lavada de cualquier ánimo indagatorio y de inquietud intelectual.
Así que, en resumidas cuentas, finalizo esta tercera incursión en la literatura de Vila-Matas con menos entusiasmo que en ocasiones interiores y sin embargo satisfecho y convencido que mucho de lo que me puede ofrecer su literatura actualmente no puede entregármelo nadie más. El festival sin duda continuará próximamente.