En abril de este año Alejandro Gaviria pronunció un discurso, en su calidad de rector, para los alumnos de la Universidad de los Andes que se graduaban después de un año de confinamiento por la pandemia. Lo tituló "La vida es lo que aprendemos a querer" y en él hizo un llamado a resistir y seguir resistiendo, y a estar "siempre dispuestos a cambiar de estrella o de camino, a no caer en la tentación del odio, el fanatismo, la inquisición o la justificación de la violencia". Sus palabras se hicieron virales y el video de ese momento ya superó el millón de reproducciones en la página de la universidad. En defensa del humanismo recopila los discursos que Gaviria ha dado y unas reflexiones adicionales sobre el medio ambiente, el futuro de Colombia, la cultura de la vida, el duelo por la pandemia y la reivindicación de la capacidad de soñar. Estos textos, en palabras de su autor, "defienden, en conjunto, el pluralismo, la tolerancia y el respeto. Anteponen, quizás ingenuamente, las palabras, la poesía incluso, a los discursos del odio, a las pasiones políticas (muchas de ellas autodestructivas). Salvo el tiempo, más íntimo, más introspectivo, todos abordan los problemas del presente, de estos tiempos difíciles".
Con este libro me reconfirmo como lector asegurado de todo lo que escribe Alejandro Gaviria. ¡Que buena lectura! ¡que buen escritor es Gaviria! (al menos para los que apreciamos su estilo y sensibilidad).
Al margen de su recientemente anunciada aspiración política (candidatura presidencial), aspiración que lo ha puesto en voz de todo el mundo, de los que lo apreciamos y de los que lo odian visceralmente (odios antiguos y odios nuevos, sobre todo los nuevos), no puede uno ser deshonesto y no reconocer que como pensador y escritor, Gaviria es un tipo muy original.
Tampoco se le puede quitar, como diríamos en Colombia, lo leído. Yo no dejo de admirar su capacidad para tener siempre la cita perfecta (si es que eso existe) o para presentarnos, a los que hemos leído mucho menos, autores y autoras increíbles y poco conocidos.
En este libro, una compilación de sus discursos preparados para distintos eventos, especialmente en ceremonias de grado en la Universidad de los Andes (una tradición muy estadounidense, que lamentablemente no ayuda a que sus opositores dejen de pensar en él como un personaje muy ajeno a la realidad nacional) en los que hace, por un lado, reflexiones muy interesantes y originales (por enfoque y capacidad de síntesis), sobre temas de actualidad (pandemia, educación en tiempos de virtualidad, falsas noticias, crisis climática, desigualdad, autoritarismo, etc.) y por el otro, y como el título del libro lo promete, una defensa del humanismo, como idea, pero también en la acción, en el respeto y el amor por los demás, en los actos sencillos de la vida, un abrazo, un beso. Algunas de estas cosas las hace a través de "consejos" (que se esmera en repetir pueden ser medio inútiles) que, a mi parecer, caen muy bien cuando llegan a los oídos de quiénes se gradúan de una universidad de élite que, como sabemos pasa en Colombia, estarán entre las personas que terminaran dirigiendo los destinos del país. Yo también creo que con dirigentes más humanistas "otro gallo cantaría".
Me encantó conocer a través de sus escritos nuevos autores y autoras (¡nuevos para mí obviamente!): a la poeta Wislawa Szymborska ("miren que buena condición sigue teniendo [...] en nuestro siglo el odio / con que ligereza vence los grandes obstáculos"), al admirable Rafael Cadenas ("Como soy elemental en esto de la ética mi parecer es muy sencillo: considero bueno lo que favorece la vida"), ¡una verdadera novedad!; o al visionario Nicanor Parra y su poesía ecológica ("el error consistió en creer que la Tierra era nuestra cuando la verdad de las cosas es que nosotros somos de la Tierra").
De Gaviria me encanta ese estilo suyo con frases cortas y precisas. Un estilo que parece tomado de manual de escritura, pero que en realidad debe ser producto de su formación científica. Tal vez, precisamente por eso es que me gusta tanto lo que escribe.
Como lo he dicho en otras reseñas, tanto sobre libros de Gaviria como de otros libros, lo que no me gusta mucho de "En defensa del humanismo" es que los editores se valgan de su popularidad como autor para armar libros usando material "reciclado". Es cierto que sus discursos no serían publicados de otra manera, pero la estructura de este libro, su extensión (muy corto, aunque ese parece ser más bien el estilo de Gaviria), la inclusión de poemas en medio de los discursos (los poemas de Rafael Cadenas hacia el final, que si bien son maravillosos, rompen con la unidad del texto) y la oportunidad que aprovechan con sus actuales aspiraciones políticas (no hay que ser muy brillante para darse cuenta que las ventas de los libros de Gaviria serán favorecidas por estos meses), le dan al libro un cierto tufillo a oportunismo editorial. No es que crea que no se puede hacer algo así, pero a mí personalmente no me gusta que me vendan un libro "compilatorio" que terminaré comprando porque me atrae el estilo del autor.
Espero que Gaviria escriba muchos otros libros. No columnas, no discursos, no colchas de retazos. Libros completos.
De modo pues que, sea que vayan a votar por Gaviria o no (yo, personalmente, a pesar de mi admiración, no lo haré; tengo cifradas mis esperanzas en otro candidato) ¡no dejen de leerlo!
En el momento en que escribo esta reseña, el debate político en Colombia está encendido, de cara a las próximas elecciones presidenciales. Pero en nuestro país, como en muchos otros países tropicales, el debate suele concentrarse en la discusión Ad Hominen y no en la discusión ideológica. Los medios masivos de comunicación –que ahora han enterrado sus tentáculos en las redes sociales- descargan sus shitstorms a diario: que un candidato de la izquierda usa zapatos costosos; que un candidato del centro se quedó dormido en un evento; que el otro salió con una señora de tal talante hace una enorme cantidad de años, cosas irrelevantes así por el estilo.
Y de repente se nos olvida lo ideológico, acogemos una u otra postura dependiendo de lo que los medios nos digan, y generalmente pensamos nuestro voto no a favor del candidato que preferimos, si no en contra del candidato que odiamos. El debate es pues, absolutamente pobre, lo cual podría explicar en alguna medida el trágico destino que nos ha acompañado en los últimos años.
Por ahí dicen que cada país tiene los gobernantes que se merece, y con el actual es muy cierto; es un gobierno abiertamente corrupto, que no escucha a sus ciudadanos y se regodea en el abuso de la autoridad y en la restricción de la libertad de prensa, de ahí que la figura de Gaviria aparezca como una esperanza en el horizonte.
Alejandro Gaviria es un intelectual, un pensador, un hombre reflexivo, de pensamientos honestos que debido a sus pretensiones políticas en este momento es foco de toda clase de cuestionamientos. Por esa razón y para evitar ser parte de esa polarización exacerbada que aceptamos mansos y atolondrados, decidí leer este texto para conocer un poco más de cerca la filosofía que lo impulsa a arriesgarse a poner su nombre como pre candidato a la Presidencia de Colombia.
En este libro recopilatorio se encuentran varios discursos que Gaviria ha pronunciado desde su posición como Rector de la Universidad de los Andes, donde su paso fue bastante destacado. Con una escritura limpia, sin adornos ni zalamería, presenta valiosas reflexiones sobre la educación, la crisis generada por la pandemia de la COVID-19, la reivindicación del amor y la bondad, el futuro de Colombia, la cultura y la capacidad de soñar, como elementos que integran esa fuerza superior que es la vida.
Al finalizar la lectura uno queda inquieto, con ganas de empezar a indagar sobre los textos que refiere y los poetas que cita, en mi caso, el libro quedó lleno de subrayados y señaladores y lo disfruté tanto que no dejo de recomendarlo.
Siento que Alejandro Gaviria representa algo que para el país es tan poco usual (un intelectual que quiere contribuir a la unión del país sin ambages) que tal vez por eso causa tanta resistencia en algunos sectores que están más acostumbrados a botar su voto para comer mierda en un ciclo que se repite cada cuatro años.
Estoy convencido de que este bonito libro no decepcionará a quien se tome su tiempo para leerlo, es cierto y necesario que debemos reivindicar nuestra humanidad, en estos momentos en que hacemos la transición a la vida que teníamos antes. Es necesario volver a las ideas básicas del respeto y el amor, de la bondad y la empatía, ideas que no son nuevas, pero que hacen mucho daño si se quedan en el olvido.
No sé qué pasará en el precario debate político que sucede en Colombia, pero no dudo del valor de Alejandro Gaviria como político que piensa realmente al país, y mucho menos de su valor como escritor.
Alejandro Gaviria se ha convertido en un autor indispensable en mi biblioteca. Sus escritos son tan simples pero tan profundos en su sencillez, que no dejo pasar la oportunidad de leerlo y recibir sus invitaciones de reflexión sobre la vida, la muerte, el humanismo, la libertad, el respeto y nuestro país.
Este libro podría no ser un libro, ya que es una complicación de sus más recientes discursos y todos pueden encontrarse en YouTube. Sin embargo, leer sus discursos -y no solo escucharlos- tiene su magia, porque el estilo de Alejandro Gaviria es único. No sé cómo hace para contagiar un optimismo tan propio de él. Todas sus líneas tienen una invitación a la esperanza y, desde luego, como el título de este libro lo indica, una invitación al humanismo, que no es otra cosa que el respeto por nuestra condición de seres humanos en nuestra experiencia compartida y mística de la vida en esta Tierra: ese respeto que permite unirnos a pesar de las diferencias y construir a partir del diálogo.
Yo sí quisiera que un hombre con ese sentido del humanismo y la libertad sea el presidente de Colombia; creo que su discurso en general tiene la fuerza para unir lo que hace tanto tiempo se ha roto. Aun así, lo que más espero es que este hombre nunca deje de escribir, y siga aportando con sus ideas a la construcción de un mejor país, de un mundo mejor. Siempre querré leerlo.
En defensa del humanismo es un libro para leer varias veces, es un libro lleno de citas, excelentes reflexiones y verdades que uno debe consultar muy a menudo.
Alejandro Gaviria, hoy por hoy candidato a la presidencia de la República de Colombia escribe este libro lleno de pensamientos humanistas, reales y aterrizados que reflejan gran parte lo que este país necesita. No, no es mi candidato preferido, pero definitivamente es una alternativa muy humana que enriqueceria la figura presidencial.
Algunos de las mejores enseñanzas, en mi humilde opinión, son:
"Vivimos en una época contradictoria. Por un lado está el avance de la humanidad." el gran escape". El escape del hambre, la ignorancia, la pobreza y la enfermedad. Nadie ha viajado tanto, ni vivido tanto ni probado tantos sabores, ni visto tantas cosas. "
" En el mundo de la mentira, no hay dialogo, hay polémica. La conversación humana se convierte en una competencia entre ideologias exaltadas que no buscan la verdad, sino la adhesión"
"El hombre planea y Dios se ríe"
"La resignación nada resuelve. El optimismo por lo menos nos da una oportunidad"
El libro gira en torno a la universidad, la educación, el cambio climático y la pandemia. Por tener estos elementos en común, considero que debió haber habido una mayor curaduría. A la mitad del libro, sentí que estaba leyendo lo mismo una y otra vez (especialmente, con los discursos de las ceremonias de graduación). Sin embargo, valoro bastante sus ideas, su sensibilidad y la complejidad con la que quiso concebir el libro, al retomar una amplia diversidad de referentes de la literatura y la ciencia.
Este libro corto recopila los discursos de Alejandro Gaviria durante tu estancia como rector de la Universidad de los Andes en Bogotá. Me sentí obligada a leerlo para tener una visión de este nuevo candidato presidencial, sin los filtros de entrevistadores y la opinión de columnistas.
Llevo tiempo sintiendo cuánto me gustaría un líder que hable más de valores que de crecimiento económico, porque mientras no los recuperemos, no podremos salir adelante: la fuente de dónde robar, odiar, mentir es inagotable. Recuperar los valores es la única manera de ponerle una talanquera a esa fuente.
Qué refrescante leer a un hombre que en sus discursos hace una invitación directa al amor –sí al amor–, a combatir el odio y la calumnia fácil, a defender el pluralismo y aplicar el pensamiento crítico –tan pisoteado y acomodado por nuestros miedos y pasiones–, a ser compasivos por el otro y conscientes.
Este país no necesita más promesas de crecimiento y riqueza. Si recuperamos los valores y la cualidad del pensamiento crítico –que los políticos todos los días se esfuerzan en dar ejemplo de lo prescindibles e innecesarios que son– estoy segura de que poco a poco saldremos adelante.
Les recomiendo leerse este libro –cortico, lo hacen en dos horas–. Independientemente de por quién decidan votar, nuestro mínimo deber es conocer lo mejor que podamos a los candidatos.
Alejandro Gaviria es un descubrimiento exquisito: su prosa fluida, su escritura cargada de referencias a libros y autores, además de su visión transformadora, profundamente humanista hacen de el, más que un fino intelectual, un ser humano que vale la pena conocer y estudiar.
Supe de él por su reciente aspiración a Presidente de Colombia y por ahí me interese en sus libros.
Ojalá tenga éxito en su empeño. Alejandro es aire fresco en estos tiempos tan enrarecidos por los discursos de odio.
En Defensa del humanismo es una recopilación de discursos de su etapa como rector universitario que vale la pena leer y subrayar.
Alejandro en este libro nos enseña a: "Celebrar los sueños. Quien sueña no solamente estará más sano, sino que será también, en el sentido más profundo, más humano."
"El humanismo, la reflexión sobre la experiencia humana, jamás pierde relevancia, nunca envejece, mantiene siempre su urgencia, su resonante actualidad."
Es un libro inspirador. Alejandro sabe recopilar en este libro sus mejores discursos llenos de sabiduría, reflexión y sentido. Nos invita a pensarnos como profesionales y como ciudadanos de este mundo post-pandemia. Corto e interesante.
Unos cuantos discursos que merecen mas que el olvido de aquellos que lo escucharon y para eso es este libro, una segunda oportunidad de permanencia ahora en nuestra biblioteca.
Gaviria nos deja saber sus ideas y reflexiones en algunos discursos pre y en pandemia. Profundas reflexiones sobre la conciencia hacia el otro, al medio ambiente, la relevancia de lo básico y el para que de la vida. No deja de ser un imprescindible.
"En Colombia, hoy más que nunca, la libertad tiene que ver con el respeto a las comunidades organizadas, con la protección a quienes luchan por el medio ambiente y un futuro mejor y por la protección también a quienes protestan y no se conforman con el mundo como es. Ser libre es alzar la voz tranquilamente, es decir lo que uno piensa sin temor a la intimidación violenta, es poder construir colectivamente sin temer por la vida."
Es interesante entender este libro no solo como un escrito “en defensa del humanismo” sino como una primera aproximación, conceptual pero clara, de lo que puede significar su autor en el contexto político de nuestro país; su visión para Uniandes en su Posesión (Julio 2019) detalla 5 pilares que bien pueden extrapolarse a su plan para Colombia:pluralidad, diversidad socioeconómica, sostenibilidad, impacto con investigación y creación, e innovación: los 5 vigentes y vitalmente necesarios. Y parecería que una de sus huellas, de sus legados, de sus recomendaciones para los Alumnos (y para los colombianos) nos llega como una de los más grandes imperativos en el 2021 post pandemia: seamos más buenas personas.
Confirmo, con estos discursos de Alejandro, lo agradable que se me hace leerlo. Más allá de sus aspiraciones políticas actuales (Son un tema aparte), con este libro Alejandro entrega unas palabras de esperanza y reflexión a un país difícil y en un tiempo difícil. Vale la pena leerlo, incluso releerlo.
Hace varios años viví un momento álgido en el que las bases de mi ser tambalearon, estremecidas por la incontrolable corriente de la vida que con fuerza destruyó cualquier intento de mi parte por controlarla. En ese momento descubrí a Alejandro Gaviria con sus obras Alguien tiene que llevar la contraria y Hoy es siempre todavía.
En ellas, encontré elementos que me ayudaron a forjar nuevos cimientos, distintos a lo anterior, irregulares, curvilíneos, flexibles. Descubrí que ser agnóstico no está mal, que no tengo la obligación de convencer a nadie de nada, más si el respetar las creencias que me puedan rodear.
Este libro develó ante mí la potencialidad del saber elegir una persona que lidere un Alma Mater. En sus discursos, Alejandro Gaviria permite ver a un rector en contexto, de cara al país y sus necesidades, sobreviviente, convencido de la necesidad y la pertinencia que la universidad se anegue en esas necesidades, las conozca, estudie, analice y trabaje con dedicación en procura de contribuir a la solución, de transformar e impulsar dinámicas que también son semillas en el corazón de cada estudiante. Me gustó descubrir esta otra arista del ser, de un autor con la capacidad de adaptarse y servir a su país.
El libro recopila un conjunto de discursos expresados por el autor mientras estuvo en el ejercicio de la rectoría de la Universidad de Los Andres, promulgados en diferentes ceremonias de cada año y buena parte de ellos bajo la sombra del aislamiento en el que estuvimos por cuenta de la pandemia de la Covid 19.
El género puede llegar a ser desgastante en la medida que te acercas al final, descubres recurrentes alusiones a otros autores que a veces se toman por asalto el discurso y se niegan a desalojarlo. En otros me quedé a la espera de una respuesta concreta a las preguntas que se enunciaron en la apertura.
Es un libro breve, no muy complejo, pero tampoco es algo que un niño de seis años pueda leer y comprender su valor intelectual y social, llevado a reflexiones y cuestionamientos muy interesantes aplicables en todo momento de nuestra vida. Sin duda alguna, Alejandro es un hombre admirable, su inspiración por la academia es increíble y su realismo crudo y a la vez fantasioso es inspirador. Quiero ser docente, me dije al finalizar una lectura de sus discursos recopilados en este libro, porque como él creo que la educación es la base y la estructura para el avance social de nuestro país, pero no solo la academia y la educación pueden proyectar los avances sociales, hay que agregarle el ingrediente que muchos conocemos pero que creemos poco útil, el Humanismo. Cada vez nuestros egos enaltecidos por una sociedad consumista nos ciegan, el ideal de que tenemos que ocupar los primeros puestos y ser lideres destacados nos pone en una cumbre de fantasía y de desconexión con nuestra propia realidad, con nuestro interior. Estamos perdiendo el humanismo, el sentido de compasión por las personas que están a nuestro lado, por escucharnos a nosotros mismos. Yo, que estudio Derecho me enfrento todos lo días a un miedo que me persigue, que me vigila, que me alcanza cuando caigo en la egocéntrica actitud de tener que demostrar mis capacidades para estar entre los mejores y seguir siendo aceptado, pero dejo por fuera la pregunta mas importante que como estudiantes debemos hacernos, ¿Me estoy aceptando? ¿Estoy contento con mis capacidades y con lo que aprendo de manera consiente? Como Alejandro, comparto que no nos debemos creer predestinados a un futuro, que no nos debemos encomendar una misión que quizás es una ilusión que podemos trasformar en sueños mas no en únicos objetivos, que importante es tener entonces un plan A, B, C y D, deberé entonces empezar a construir la A. No solo la universidad debe combatir las mentiras convenientes, las ideologías engañosas y todo discurso de odio que contamina nuestra objetividad, hemos de hacerlo nosotros sus estudiantes, debemos fomentar una rebeldía en defensa de una realidad que afecta el mundo como lo es el cambio climático o la protección de los animales como seres sintientes y combatir las malas pedagogías que brindan los docentes que toman las clases no como una oportunidad para formarnos como seres consientes, sino como una salida para aumentar su prestigio y sueldo a final de mes.
Los discursos de Gaviria son conmovedores, educativos y contundentes. Defienden varias ideas que tienden a girar al rededor de un sentimiento de optimismo (trágico a veces) sobre los problemas más urgentes de la humanindad en general, y de nuestro país particularmente. Adicionalmente, el autor demuestra una riqueza de conocimientos y profundo entendimiento de diversos tópicos relacionados al cambio climático, la biodiversidad, la economía y los sistemas de salud pública: él mismo expone la cantidad de vueltas que ha dado su vida desde graduarse de ingeniero civil hasta ser ministro de salud - y más recientemente candidato presidencial. En corto, es un erudito y un apasionado por la vida, por las pequeñas cosas y por los grandes conceptos intelectuales. Se nota en sus textos su amor por las artes (en especial la poesía) y por el conocimiento académico, lo que me dejó a mí infectado con un deseo de aprender de todo y de dejar a un lado la sobreespecialización que tanto afecta los ámbitos académicos.
Gaviria es muy buen orador, inspirador a veces, muchas veces y es un hábito de los "intelectuales" modernos que tienden a hacer de sus oraciones muy magnánimas aun cuando su significado es soso, reiterativo y predecible. Sin embargo, autor es bueno, se enfrasca en que el principal problema de la humanidad es el cambio climático, quizá derivado de su trabajo como director de los ODS en Latam. Muy bonitos algunos de sus discursos. No obstante, me parece que todo su valor son palabras vacías, al conocer que, a pesar de su supuesta pasión por la academia, decide solo usarla como trampolín para su carrera política, lo que da mucho pesar porque me parece excelente académico y por ende lo admiraba tanto que me fascinaban sus discursos, pero ahora, son poesía abstracta más en el sinfín de poemas con palabras bonitas, pero sin corazón. El libro no es malo. Recomendable para quién tenga que dar un discurso pronto.
Desde mi primer acercamiento a sus libros, me ha llamado mucho la atención la manera de escribir de Gaviria, su forma de ver la vida, y esa capacidad envidiable de conectar las vivencias con la literatura y la poesía. Creo que por eso tenía expectativas altas de este último libro, sobre todo por la admiración que siento por él como pensador y como ser humano. Esta colección de discursos tiene varias frases que tuve que subrayar (aclaro: yo NO subrayo libros, no me gusta) y que ojalá más gente tuviera en cuenta en su diario vivir. Sus ideas respecto al optimismo trágico, que viene exhibiendo desde libros pasados, son válidas y las comparto, pero a veces siento que pueden quedarse en una utopía a la que le faltarían bases. Creo que por eso no le doy las 5 estrellas, porque me hubiera gustado ver un panorama más aterrizado de las situaciones que aborda en sus discursos, y porque siento que, tal vez, así podría dar más esperanza que dejando solo ideas abiertas.
Debo confesar que me encanta la forma de escribir de este señor; siempre fluida, amable y con ideas que te dejan mucho para pensar y reflexionar.
Al igual que en sus otros libros, trae a colación a sus autores favoritos, frases, poemas, analizando sus ideas y mensajes. En este libro, que es una recopilación de sus discursos, trata de dejar una huella de manera escéptica o curiosa; un llamado a la humanidad, a transmitir el amor por las letras y la literatura, un llamado al amor en medio de tanto caos.
Les comparto este párrafo que me gustó: “Estamos ya sentados en el avión. Nos hemos abrochado el cinturón. La azafata deja sonar un video con sus recomendaciones. Pero no prestamos atención. No nos interesan las advertencias. Ya veremos qué hacer si algo grave pasa. Nadie puede enseñarnos a vivir por adelantado”.
Recuerdo que me compré este libro por deseo (y necesidad) de tener para mí ese famoso discurso de graduación que alivió el tedio por ser un graduando en pandemia. Sus palabras las valora como ligeras, accesorias, efímeras, olvidables y quizá también pasa lo mismo con mi discurso que dí para ese simulacro de grado del que fuí ¿victima? Esta antología discursiva me dió la frescura de la pomada en el moretón, del mentol del menjurje en la garganta infectada, de la brisa sobre el febril. Pero cantará en el coro, estará en la oda, en mi oda. Agradecer al autor por fungir de espejo y hacerme ver para así poder dar ropaje literario a esta monstruosa figura que llamo Yo.
Más que un ensayo, este libro es una recopilación de ideas y discursos de Alejandro Gaviria que no terminan de amalgamar. Resultan para mí idea difusas de su existencialismo, de problemas de nuestra realidad latinoamericana, en la que el diagnóstico está más presente que las potenciales soluciones. Me quedo con sus buenas citas de poemas y escritores de nuestro territorios y con la invitación a pensar la vida con un optimismo trágico.
Acabo de leer este corto libro y ya deseo releerlo. Cuanta lucidez y sabiduría en cada palabra, todos los textos de Alejandro Gaviria encierran grandes enseñanzas y profundas reflexiones. En tiempos convulsivos e hiperacelerados, recordar que el humanismo es parte de nuestra esencia, lo que nos acerca como especie, es un bálsamo al que siempre quiero regresar.
Un libro cuyo contenido no alcanza a ser libro, pero tampoco compilado. Un libro amorfo, aburrido, demasiado esperanzador para mi gusto. Una esperanza basada en el falso optimismo en aquello que los humanistas nombran como humanidad, y que no existe, porque los humanos no tenemos proyectos comunes. No lo recomiendo.
No es el mejor libro de Alejandro, quizás ni siquiera sea un libro. Sin embargo, leerlo a él siempre será un gusto, te lleva a nuevos libros, a nuevos autores, te regala poesía, te presiona de alguna a pensar.
Esta compilación de discursos como rector y en otros escenarios, plantea no solo reflexiones sobre los retos actuales en educación, de salud, y del cambio climático, sino que hace una defensa de como regresar a una visión más humana del mundo.
Alejandro Gaviria es un gran escritor, pero en este libro muestra su poder reflexivo que invita a trabajar en ese tan anelado cambio (no solo social, también personal). A mi me paso con su reflexion final.
Un libro espectacular, corto, conciso y desbordado de reflexión humanista ante estos tiempos frenéticos y convulsos donde el hombre no es solo el principal producto de explotación sino también es en esencia, el destructor de su propio entorno.