Últimamente todo el mundo regaña a todo el mundo por algo. Nadie anda a gusto y la conciencia del final al que dicen que nos abocamos por mil razones lleva a que muchas mentes despiertas se conviertan a la sublime religión del Dios sermoneador.
Me salté las páginas en las que Marcelo Cohen nos avisa de su preocupación por los efectos del cambio climático. Y me las salté porque nunca me ha gustado encontrar en los libros lo que me abruma todos los días en los periódicos y las redes.
Dicho esto, si usted anda también con insomnios por algo que no va a poder solucionar como ciudadano del mundo, este libro es para usted. Pero si no, haga lo que yo: sáltese esas páginas y encontrará un magnífico ensayo sobre poesía y clima que es también el relato de un viaje de Buenos Aires a New York, con una escritura lúcida y con apuntes notables sobre obras de John Ashbery, Anne Finch, Daniel Durand, Lisa Robertson, Alessandra Liverani, Anne Carson, Charles Wright, John Burnside, Arturo Carrera, Charles Bernstein, Louise Glück, Geoffrey Hill, Ted Hughes, Henri Meschonnic y además Curtius, Wittgenstein y Jankelevitch.