Al final, creo que la calificación que merece es 4 estrellas, aunque por momentos pensé en darle 2 o incluso 1. He amado y odiado esta novela a partes iguales. Me ha encantado el inicio y el final, pero el nudo lo he odiado con toda mi alma. He sentido rabia y asco en cada una de las páginas. Tanta apatía que el final solo podía remontar y traer la salvación. Si has empezado esta novela y estás pensando en abandonarla, sigue leyendo. Te sorprenderá.
Sin duda, Noemí Casquet ha hecho un par de cursillos de escritura desde la publicación de la trilogía de Zorras. Su estilo ha mejorado inmensamente, tanto que parece que estos libros los ha escrito otra persona. Una que sabe escribir frases que van más allá del sujeto + verbo. A veces pienso que ella debería reescribir la trilogía de Zorras, porque la premisa era sin duda excelente, pero es una pena que estuviesen escritos... así. En fin, vamos a hablar de Cuerpos, que eso es lo que toca ahora. Cuerpos es un libro bastante bien escrito, con oraciones lo suficientemente complejas y a veces se vuelve incluso bastante poético y es un placer leerlo. Pero si hay algo que me chirría en la escritura son esos chistes un poco rancios con referencias a la cultura española y cómo Casquet alterna el lenguaje más coloquial con palabras de registro culto. Yo me decantaría por lo uno o lo otro, pero la mezcla se me hace un poco rara. Supongo que es algo personal.
La novela empieza con una lectura de Tarot y según yo, no hay mejor forma de empezar una novela. Me recordó a Cleo de 5 a 7, película francesa de los años 60 dirigida por Agnès Varda en la que seguimos a una mujer y somos testigos de su paso de objeto a persona. Lo mismo pasa en esta novela con el personaje de Ruth. Me pregunto si Casquet ha visto la película, que es sin duda uno de los pilares del cine feminista, o si es mera coincidencia.
Las novelas de Casquet están envueltas en un área de negatividad. Tanto la trilogía de Zorras como Cuerpos tienen como personaje principal a alguien que se encuentra en un infierno emocional del que intenta salir a través del sexo, pero eso solo empeora su situación. Hay algo liberador en sus finales, pero antes de encontrarlo el personaje pasa por todas estas penurias y encuentros con gente indeseable. Cuerpos se parece un poco a Zorras, en el sentido de que ambas empiezan con una protagonista femenina e "inocente" a la que le ocurre algo traumático y ambas mujeres tratan de ahogar su dolor en el sexo sin éxito. Las dos novelas tienen su buena parte de BDSM, pero no me ha gustado nada la cara que se mostraba en esta novela, llena de sustancias que nublan el consentimiento y hombres que pertenecen al grupo de "los malos". Creo que lo que más me ha chocado es que la protagonista, Ruth, en su mente era feminista pero en la vida real actuaba de la forma más opuesta posible al feminismo, odiándose a sí misma a través de sus acciones y criticando a otras mujeres que tenían la intención de ser sus aliadas. A lo mejor, lo que me ha molestado de esta parte de la novela es haberme visto reflejada en ella, pues he tenido pensamientos e incluso actitudes parecidas a las de Ruth. A nadie le gusta ver su propia sombra. Si es así, debo agradecerle a Noemí Casquet el haber escrito un nudo tan crudo y real que solo puede ser odiado. Es sin duda una maestra en crear personajes que provocan sentimientos encontrados en el lector.
La parte más dura de mi crítica es posiblemente que creo que Noemí Casquet escribe mejor cuando no escribe sobre sexo. Ninguna de las escenas de sexo me ha parecido excitante, sino más bien todo lo contrario, pero puede que todo eso sea por la naturaleza oscura del libro y su afán de mostrar situaciones bien lejanas a lo bello. He odiado en particular la escena de la orgía entre mujeres, que parecía estar escrita por un hombre para que la lean otros hombres, pero no homo. Esa escena estaba ambientada en un lugar tan hecho para la mirada de los hombres que me resultaba algo completamente ajeno que rozaba lo asqueroso.
Las escenas de sexo de Casquet, en este caso, no excitan a los lectores, sino que crean en ellos una sensación de terror. No sé si es la intención de la autora, pero sin duda es capaz de poner a los lectores en las posiciones más incómodas (no pun intended). Ninguna de las escenas de sexo en este libro me ha resultado liberadora, todas y cada una de ellas son oprimentes hasta que llega la escena que supone el último gran giro y la liberación del cuerpo de Ruth.
En cambio, me han encantado las escenas que describían los sentimientos de Ruth. Cómo se describía su estado mental depresivo o su relación con su madre. Sobre todo cómo ese recuerdo de su infancia la libera y hace que ella decida, por fin, ser la chica valiente que su madre esperaba de ella. El final es desgarrador y precioso. Paradójicamente, Casquet me gusta más cuando escribe sobre asuntos espirituales. Me ha encantado su visión de la vida y la muerte en esta novela. El final es bello y conmovedor y me ha dejado con muchísimas ganas de más. Sin duda compraré Almas, la segunda parte de este libro, cuando salga a la venta la semana que viene. A ver qué pasa con el hombre de las gafas redondas y cómo se desarrolla la vida de Ruth en el plano sexual y espiritual.