Sé que mucha gente ha adorado este libro, de hecho, viendo su ficha en Goodreads he comprobado que hay muy pocas valoraciones negativas, pero a mí no ha logrado engancharme en ningún momento. Yo respeto todas las opiniones y espero que nadie se moleste con la mía.
Para empezar, tengo que reconocer que no sentía un gran interés por esta novela. Unas amigas me habían hablado muy bien de las obras del autor y creí que ésta lograría cautivarme, pero desde las primeras páginas me di cuenta de que no iba a ser así. Inicialmente, ni siquiera entendía muy bien qué estaba pasando, pero cuando ya me quedó todo claro, la situación no mejoró. Fer, el protagonista, está a la espera de saber si R, su perro, sobrevivirá a un accidente que ha sufrido. A lo largo de una tarde y una noche, se irá conociendo el destino de R y también, mediante flashbacks, se irán describiendo situaciones que se han vivido en la familia de Fer.
Las anécdotas o historias que Fer va recordando me generaban indiferencia. Una de las personas con mayor protagonismo en todas ellas es su madre, Amalia, personaje que me fue irritando cada vez más. Se cuentan ciertas cosas que creo que pretender ser graciosas, pero a mí no solo no me hacían gracia sino que encima me parecían forzadas. No sé cómo, pero Amalia siempre interpreta todo a su manera y comete equivocaciones que parecen querer justificarse diciendo que es que ella no está del todo bien. Asimismo, se intenta transmitir que ella tiene cierta inocencia y que no hace nada de mala fe, algo que es ligeramente discutible. No digo que sea una mala persona, pero considero que en ocasiones se pasaba y que daba la impresión de que su objetivo era estar fastidiando a los demás. Aunque puede que sus motivos fueran buenos, entendía la impotencia que sentían sus hijos a veces con su comportamiento.
A lo largo de todo el libro no pasa prácticamente nada, los flashbacks no son decisivos para lo que está ocurriendo en la actualidad y llega un momento en el que resultan molestos. Los personajes no evolucionan ni parece que aprendan nada, entiendo que en 24 horas no podían dar un cambio brutal, pero sí que esperaba que enterarse de algunos secretos les ayudara a mostrarse un poquito diferentes. El final es previsible, aunque fue la mejor parte porque los flashbacks casi desaparecieron y me resultó interesante ver a las hermanas de Fer, Emma y Silvia, abrirse y dejar al descubierto sus mayores temores. Lo único que no me encajó en las últimas páginas es un debate que hay sobre que el perro se llama R. Yo no le vi nada de malo, pero esto se convierte en un quebradero de cabeza para Fer.
Puede que sencillamente no haya sido el tipo de lectura que a mí me gusta. Disfruto más de aquellas historias en las que la trama es trepidante o se va viendo una evolución en los personajes, algo que no sucede en este libro que destaca por lo reflexivo y pausado que es. Es posible que uno de sus objetivos fuera transmitir el amor por los animales, más concretamente por los perros, pero es que ni siquiera me conmovió en ese sentido porque la forma de narrar del autor me parece un poco aséptica.