Una mujer se va a vivir junto con su marido y su pequeña hija a un pueblo anclado entre sierras y arroyos. Hace tiempo inició un camino espiritual en la práctica del yoga y el estudio de textos orientales. Medita todas las mañanas y lleva un diario en el que registra esos momentos, las técnicas de respiración, hacia dónde van sus pensamientos o su deseo, como también el día a día en el valle.
El silencio de las montañas propicia un espacio ideal para que ella pueda ahondar en su paisaje interior, a veces placentero, por momentos vertiginoso. La posibilidad de continuar con su vida espiritual siendo madre se vuelve una inquietud constante.
En su primer libro, Mamá India, Soledad Urquia nos había presentado su interés por la búsqueda del sentido con una mirada simple y conmovedora. En La luz y la montaña vuelve a adentrarse en las empinadas encrucijadas de la mente, y con una prosa lúcida y sutil reafirma esa búsqueda como un modo de estar en el mundo.
Con una voz que resuena a Natalia Ginzburg y a Emmanuel Carrère, en un tono propio dubitativo y gentil, cada entrada de este diario se presenta como una revelación.
Este nuevo libro de Soledad es una obra admirable de gran entrega sobre el aspecto más íntimo, y por eso más riesgoso y vulnerable, de los seres humanos.
Ciertos libros me impactan de lleno, me movilizan porque veo en palabras mis propios sentimientos. Una especie de hermandad me une con el escritor y experimento una complicidad en ese descubrimiento del yo. Eso fue lo que me sucedió al leer La luz y la montaña de Soledad Urquía. Como si fuera un diario íntimo, Soledad nos permite dar una mirada a su espiritualidad, sus deseos, sus miedos, su angustia por querer desempeñar un buen rol de madre que varias veces se confronta con su necesidad de retirarse del todo, de volcarse al silencio y la meditación. La mayoría de los días de esta cronología comienza con unos minutos de meditación, la cual practica devotamente. Una parte de ella aun continua en el áshram de la India donde vivió casi un año. En el hinduismo, se le llama áshram a un lugar de meditación y enseñanza, tanto religiosa como cultural, en el que los alumnos conviven bajo el mismo techo que sus maestros.
He prendido sahumerios, puse de fondo playlists de sonidos de cuencos tibetanos o algún mantra para que al leer todas esas vivencias tan valiosas poder sentirme parte de esa experiencia, viajando yo tambien a la India o a esos retiros en Córdoba. Como dice Mason Cooley: “La lectura nos da un lugar a donde ir cuando tenemos que permanecer en donde estamos”
No voy a seguir explayándome, reseñando el libro porque lo que escribió Soledad Urquia es tan bello y profundo, tiene tanta entrega que me gustaría compartir algunas de sus palabras:
“Nos quedamos en silencio durante un rato, mecidas por el movimiento leve de las olas. Mirábamos el agua y un cerro con mucha vegetación que de alguna forma contiene el lago. Será esa la función de las montañas, contener la emocionalidad del agua”
“Las montañas nos atraen como por fuerza de un imán invisible, como si nuestra voluntad no tuviera nada que ver con la necesidad de estar cerca de ellas, como si hubiéramos llegado hasta acá gracias a su movimiento inevitable y faltamente hermoso”
“Sigo sin haber logrado volverme simple, pero siento que vivir en la montaña me ayuda en ese sentido. Quizás porque, acá, la vida verdadera tiene menos competencia”
Diario personal más indio que Mamá India. La narración se aproxima a Natalia Ginzburg en la forma y en la intuición de fondo, ese temblor constitutivo de todo lo que se examine por un momento, aunque sea mínimo. Las líneas finales son brillantes, desde que dice vos elegís. Qué interesante sería un libro de poesía de Soledad Urquía.
Este relato que está lejos de ser autoayuda, te acerca a la meditación y a la espiritualidad como ningún otro. Una delicia para estos tiempos de verano. Me vi en la sierra y en el arroyo que habitaban las personajes, y me fui meciendo en estas líneas tan sinceras, corrientes y naturales.
Comprendí los cuestionamientos de la protagonista, el peso de maternar, la alimentación, el yoga. Sentí molestia al saber que no quería al perro de la casa, y después la quise mucho cuando le dio un hogar a un perrito nuevo que se auto invitó.
Disfruté el ritmo acompasado del valle, colmado de fríos y caudales.
Relato intimista, sosegado y sutil. El punto fuerte de la obra es el narrar [la problematización está presente, aunque opacada por otros elementos] la tensión en la identidad de la autora, que deviene entre sus mundos interno y externo y a la vez es ambos y en ninguno. Esta temática se aborda en formato diario, dando al libro un ritmo calmo y centrado en las reflexiones. Hasta ahí todo bien, cómo punto débil, puede culpársele de exceso a la hora de narrar el mundo yogui [uno de los extremos que tensa a la autora, en oposición al vincularse y al maternar]. Hay una gran carga de conceptos, obras y pensamientos que emergen desde allí, lo que per sé no debilita la obra, sin embargo, muchas veces opaca al otro mundo, desde donde, al menos para mi, surgen las meditaciones más interesantes.
¿Es compatible la maternidad con la búsqueda espiritual? ¿Es posible conciliar la presencia de un ser que depende enteramente de nosotros con nuestras necesidades individuales sin sentirse egoísta? Esa indagación está en el centro de esta novela narrada en forma de diario con muchos elementos autobiográficos.
La narradora, tras períodos de residencia en India e Inglaterra en comunidades donde practicó la meditación, el yoga y la lectura de los libros sagrados budistas e hindúes, y luego de sentar cabeza con su pareja Santi y aceptar dar curso a un embarazo sorpresivo, emprende con su familia una mudanza a Traslasierra para llevar una existencia más tranquila. Allí descubre que no todo es tan fácil como parece. Debe afrontar un clima impiadoso en invierno, el aislamiento de sus seres queridos, períodos largos de soledad cuando Santi viaja a Buenos Aires por trabajo, y una comunidad de personas que parecen estar en su misma búsqueda pero cuya excentricidad de a ratos la abruma. Sin embargo, también encuentra una conexión más profunda con la naturaleza y el silencio, y un modo de crianza para su hija que le resulta orgánico y honesto. En medio de esos desafíos aparecen búsquedas espirituales, culpas y duelos no resueltos, y un repaso de una existencia inquieta y nómade que contrasta con su presente.
La novela tiene para mí dos aspectos centrales: uno es la búsqueda de sentido a través de diversas prácticas espirituales como el yoga, la meditación o la lectura. Aquí Urquía despliega una serie de citas muy interesantes que dan cuenta de un recorrido por filosofía, teología y literatura que hilvana una red de cosmovisiones que se conjugan en la narradora. El segundo, el que más me interesó, es el de la relación madre-hija, y cómo la noción de la propia identidad cambia a partir de la condición de madre. En este sentido me recordó un poco a algunas reflexiones de Distancia de rescate: la maternidad implica siempre estar atento a la presencia del hijo y los potenciales riesgos.
Creo que el mensaje final y alentador es que hay que defender y celebrar las propias elecciones y cómo se van entrelazando para llevarnos a un determinado lugar en el mundo y en la vida. Un libro interesante, que me sacó de mi zona de confort y me regaló algunos fragmentos muy bellos y profundos para seguir reflexionando.
"Lo único significativo de la práctica es detener la agitación mental. Sorprendentemente, el cansancio físico colabora con este objetivo, quizás porque siento que sigo durmiendo mientras una parte mía está despierta y observa mi mente en calma. [...] cuando me siento a meditar después de dormir mal y de forma entrecortada, enseguida entro en ese estado semidespierto consciente tan hermoso." ___________________________ Hace 10 años que la protagonista de "La luz y la montaña" se sienta todas las mañanas a meditar. Las sierras de Córdoba, donde recientemente se mudó junto a su pareja y su hija de 4 años, prometían ser un contexto ideal para sostener la práctica y afianzar su camino espiritual. Después del nacimiento de Aurora, quien se transformó inesperadamente en parte del plan, la práctica se volvió igual de necesaria como difícil. ¿Es la maternidad compatible con una vida espiritual plena? En esta pregunta se centra principalmente la segunda novela de la escritora argentina Soledad Urquía. La voz en primera persona y el formato de diario en que está escrita nos sumergen en una rutina familiar y personal. Sin embargo, quisiera resaltar la delicadeza de la pluma al transformar en palabras lo que sucede o lo que podemos sentir cuando meditamos. Hace unos meses, hice mi primer retiro de meditación Vipassana. Estuve 10 días en silencio, sin leer ni escribir, sin hablar y meditando 10 horas por día. Suena tremendo, pero fue muy, muy hermoso. Cuando quiero explicar lo que siento al meditar, veo las expresiones confusas de la gente. Sí, es difícil de explicar con palabras. Y Soledad Urquía lo hace hermosa y maravillosamente. "La luz y la montaña" es una novela bella que reflexiona sobre la compatibilidad entre la maternidad y la búsqueda de una vida espiritual. Al leerla, me dieron ganas de dedicarle más tiempo a la meditación de lo que hago. Estoy segura de que a vos, si meditas, te va a pasar lo mismo y, sino lo haces, seguramente quieras experimentarlo. Más si tenés mucha agua en tu carta natal. Conseguila en Las Orquídeas de Dolores. Link en Bio.
Qué lectura tan bonita he tenido en febrero y con cuánta sensación de paz salgo de ella. @soledad_urquia pone de manifiesto una realidad que cada vez es más necesaria en esta sociedad hiperactiva e hiperestimulada: la de alejarse del ruido, estar en la naturaleza y meditar. La de estar con nosotros mismos, la de dedicar(nos) momentos a solas, la del autocuidado.
También las dificultades de la maternidad, y cómo equilibrar el cuidado de un hijo con el nuestro propio. Cómo encajar la faceta de madre con la de mujer. No soy madre, pero leer sobre las experiencias de las mujeres en esta parte de sus vidas me parece interesante y necesario. Escuchar sus voces, su situación y sus reclamos. Mi querida Sylvia Plath, que también aparece en esta historia, me parece un buen ejemplo (uno de tantos). Mujer, madre y poeta. Poeta, mujer y madre. Madre, poeta y mujer. Un equilibrio constante entre lo que se es, lo que se quiere y lo que se tiene. Entre el tiempo para cuidar y cuidarse. Entre ser y crear. Entre estar y la necesidad de desaparecer.
Como en la historia, Plath también se retiró al campo, a Court Green, una preciosa casa en Essignton Road, en North Tawton (Devon). En ese momento, tenía a su primera hija, Frieda, y estaba embarazada de Nick. Lo que parecía un remanso de paz donde vivir y escribir con tranquilidad, se convirtió en una cárcel para Plath, que se vio sola, aislada y al cargo de todo, sin tiempo ni ganas para escribir.
Sobre ello también reflexiona Urquia. Sobre cómo compaginar su práctica de yoga, sus retiros y su silencio, en este caso, con el cuidado de su hija en plena montaña, y la ausencia de su pareja, que viaja a la ciudad constantemente por trabajo.
Todo ello me ha hecho pensar sobre lo que, en caso de ser madre en algún momento de mi vida, querría para mi hijo/a y, sobre todo, para mí. La posición que ocupo. La que ocupamos. La necesidad de encontrar la luz.
La maternidad y la espiritualidad son los conceptos en torno a los que se teje este diario.
“nada te ata más a la tierra que un hijo”
Una cosa está clara, y es que maternar cambia todo lo que se daba por sentado. Moldea y azota la vida. Pero creo que no es justo pensar que obliga a las mujeres que se convierten en madre a que dejen sus deseos a un lado. Sí pienso, o al menos este libro me ha ayudado a llegar a la conclusión, que se pueden cumplir deseos, pero con distinto recorrido al que se tenía planeado. Y eso también está bien. Porque se sigue aprendiendo y sigue habiendo asombro.
En realidad este libro no deja de ser el tránsito de una mujer en su día a día, por su lado más espiritual a la vez que intenta ese equilibro con la maternidad sin la necesidad de renunciar a ninguna. Ambas le exigen atención e incluso plenitud. Es más, la maternidad ha transformado su mirada y su manera de relacionarse con el resto del mundo: espacios, personas, consigo misma...
También me gusta presenciar en la lectura cómo convivir con una criatura te cambia los esquemas. Te hace bajar a tierra, ver el mundo desde su perspectiva, aprender algo nuevo, por muy pequeño que sea, cada día, hacerse preguntas que nunca antes te habías cuestionado y criar desde la consciencia y por la infancia.
“- Mamá, ¿quién cuida al mundo? - No supe qué responder”
Ha sido una lectura amena, pero confieso que no he sabido conectar con ella en su totalidad. Supongo que porque mi parte espiritual no está tan viva como la de Soledad. Sin embargo, me quedo con importantes reflexiones llenas de luz y de montaña como este título tan bonito.
Este libro es simplemente humano. Simple por la forma de escribir de la autora y humano por las vivencias que cuenta. Entonces es imposible no conectar con lo que tiene para contarnos. Es un relato íntimo en el que se siente una complicidad con la autora y te hace reflexionar sobre la propia intimidad. Un diario del cual se nos abren las puertas para explorar de cerca lo que la autora fue sintiendo.
Un relato pequeño e infinito a la vez. Ligero y exquisitamente escrito. Quizás al no pensar aún en la maternidad a corto plazo no se me había ocurrido la posible dicotomía entre esa experiencia y el crecimiento espiritual, así que me ha sorprendido. Tiene muchos términos de la espiritualidad y religiones asiáticas que le pueden resultar desconocidos a alguien no familiarizado, pero se aprende.
Estoy muy alejado en creencias, o como queramos llamarlo, de la protagonista, pero igual no tanto en un punto generacional de no saber si lo que tienes es lo que quieres o si podrías realmente salir de tu zona de confort. Me daba tranquilidad leerlo, aunque no me ha encantado.
Lo pasé bien leyéndolo, pero deja muchísimo que desear en ideas, reflexiones. Se toma muy enserio trivialidades y nunca las resuelve. Ahora entiendo por que a mi club de lectura le aburrió este libro.
Envuelve su historia pausada y que te lleva a reflexionar sobre más diferentes necesidades de la mujer frente a su realización. Un búsqueda continua de cuestionamiento sobre su espiritualifad, maternidsd y visa qué concluye en que ella lo eligió así.
¿Son incompatibles la maternidad y la búsqueda espiritual? ¿La familia y la realización? Una novela hermosa que pone el cuerpo y al cuerpo como territorio de lucha.
hermoso. cuando parecía que el tono iba a ser el mismo hasta el fin, de repente aparecen esas últimas escenas luminosas y te sacan una sonrisa. qué belleza el Valle.
está muy bien escrito, aunque no sé si es suficiente como para llegar a explotar del todo la idea del retiro y la maternidad. La verdad, creo que para la extensión que tiene está bien documentado y el personaje de la protagonista/narradora muy bien perfilado, pero el conjunto no llega a emocionarme del todo. Eso sí, tiene pasajes preciosos por los que ya esta novelita merece muchísimo la pena.
Entretenido y complaciente para quienes se hacen preguntas espirituales pero viven una vida mundana. Hay algo se sentirse cerca con la protagonista. El final es demasiado abrupto, esperaba algo más.