Después de romper con su novia, también saturado por la vida moderna y deseoso de redescubrir la harmonía de la naturaleza, Enrique Notivol abandonó Madrid y se instaló en el pueblo de su tía en Teruel. Llegó con grandes ideas en las maletas: huertos colaborativos, gallineros no heteropatriarcales y talleres de nuevas masculinidades.
Contra todo pronóstico, llegó a ser alcalde y encontró el amor con Lourdes, la dueña del bar de la carretera. Ahora la pandemia amenaza el mundo tal y como lo conocemos y gestionar el confinamiento en una zona despoblada tiene complicaciones inesperadas. Debe actuar ante el desafío secesionista de las Masías de la Rambla, solventar las dificultades de la campaña de vacunación, presentar un proyecto para acceder a los fondos europeos y gestionar el toque de queda, pero Enrique y los cañadienses idean soluciones imaginativas para sortear estos problemas, como la autodeterminación horaria, que permite a cada uno vivir en la hora que le apetezca.
Sin embargo, hay algo para lo que quizá el hipster no esté preparado: la llegada de los urbanitas -y de su exnovia- que, hartos de la ciudad asolada por la Covid-19, pretenden invadir su tranquilo rincón de la España vacía...
(Zaragoza, 1981) estudió Filología Inglesa y Filología Hispánica. Ha publicado los libros de relatos La edad del pavo (Xordica, 2001) y El fumador pasivo (Xordica, 2005). Sus cuentos han sido seleccionados en las antologías Siglo XXI. Los nuevos nombres del cuento español actual y Pequeñas resistencias 5. Es coguionista de la película de Jonás Trueba Todas las canciones hablan de mí. Colabora en Letras libres y en el suplemento Artes & Letras de Heraldo de Aragón. Ha traducido a autores como William Faulkner, David Vann, Christopher Hitchens y Sherman Alexie. Mantiene el blog danielgascon.blogia.com
Qué bueno reencontrarse con «el hipster» y más en este nuevo escenario de los primeros meses de la pandemia del COVID-19 en España. No es mucho más original que la primera entrega pero resulta hilarante verlo en situaciones aún más ridículas y costumbristas con los vecinos de La Cañada y tratando la gestión de la propagación del virus.
Lectura ligera y divertida, especialmente si no te ofenden las referencias irreverentes y satíricas a los dogmas de la Nueva Masculinidad, la autodeterminación política, la libertad de expresión, el veganismo o la kombucha.
Divertida, graciosa y ocurrente, hay pasajes en los que no paras de reír.
El hipster, urbanita y progresista, intenta llevar sus ideas a un pueblo de la España rural de Teruel. En este segundo libro la pandemia llega al pueblo, y trata de aplicar la logística y las medidas impuestas en los grandes núcleos urbanos, al pueblito de apenas unos cuantos habitantes. El choque con la mentalidad y las circunstancias especiales propias del medio rural producen situaciones muy cómicas.
Además huyendo del confinamiento, otros urbanitas, algunos amigos suyos, deciden ir al pueblo para pasar la pandemia en un entorno más natural y menos masificado. Pero en lugar de adaptarse al campo, pretenden amoldar el campo a su modo de vida. Poco a poco este y otros eventos que van sucediendo en el relato le hacen al hipster replantearse sus creencias.
Daniel Gascón con grandes dosis de ironía, lleva hasta el extremo el discurso político actual generando situaciones realmente cómicas, poniendo en evidencia lo absurdo de llevar hasta los límites algunos razonamientos.
Me ha gustado mucho y lo recomiendo. Lo único que me ha costado más es el lenguaje de crónica periodística, al que estoy menos acostumbrada en las novelas.
Me hacen gracia las contradicciones y hasta la reducción al absurdo de los principios sacrosantos del buenísimo, me conmueven los esfuerzos que hacemos por practicarlo, la buena fe que ponemos en ello: el tipo de cuestiones que Gascón parodia en esta novela, un poco una burla cariñosa de la corrección política.
Por lo que sé, es la continuación de una novela anterior, que no he leído. En esta, encontramos a Enrique Notivol como nuevo alcalde de un pueblito turolense de la España vaciada al que ha emigrado desde Madrid con la idea de llevarles la modernidad y desde donde gestiona como puede la amenaza del Covid, la llegada de urbanitas que huyen de la ciudad a causa del virus, y diversos casos más entre lo risible y lo bizarro. Y esta sería la pequeña objeción que le hago: que acaba funcionando más como un conjunto de anécdotas que como una novela con un sentido más unitario.
El protagonista me parece muy divertido, con un lenguaje tan pedante como ingenuo, tan bienintencionado como incomprendido, tan insoportable como entrañable. Todo lo intenta solucionar desde el diálogo, desde el progresismo generoso, el corporativismo, la mediación… todo bueno, pero llevado al ridículo por un contexto inapropiado y una actitud dogmática, demagógica (sí, y quijotesca), de tomarse las cosas demasiado en serio.
Me quedo con cierta curiosidad de leer la primera parte, cosa que haré en cuanto caiga en mis manos.
Ingeniosa la idea. Entretenido. Menciona temas de rabiosa actualidad. Personalmente no lo recomendaría pero tiene su mérito y aunque se me ha hecho algo largo, ha estado bien leerlo. Una lectura ligera, para pasar un rato con situaciones caricaturescas de nuestra sociedad urbanita actual. Es fácil identificarse con los personajes y sus "moderneces" en contraposición con los usos rurales.
Que terror, cuantas palabras para no decir nada gugutata judith Butler, Simon Weil, zizek, Kafka, rohmer, heteropatriarcado, Política identitaria, poliamor, pedagogía, que más, por dios, esto es como si abrieras twitter en el peor y mas psicopata de sus momentos y lo materializaras en un libro. Que balbuceo, que basura, quien decidió publicarlo? no dice nada!!!!
Es menos ingenioso y tal vez menos divertido porque propone derribar mitos y paradigmas (esos por lo que en el primer libro amábamos golpear al protagonista). El estilo de Daniel es muy dinámico y divertido, bien de guionista.
Me ha gustado mucho la continuación del hipster y cómo el pueblo y él van cambiando, las situaciones absurdas, la crítica a los urbanitas que van al pueblo, los intentos por poner La Cañada en Europa... Me he reído muchísimo
"Segunda parte del anterior. Narra las peripecias de nuestro hipster en pandemia y la metamorfosis del protagonista, de teórico de izquierdas obsesionado por mirar todo desde una óptica de ortodoxia política y alineamiento con ""las líneas de pensamiento"" a uno más del pueblo. El autor toma trozos literales de los planes de resiliencia del gobierno que encajan perfectamente en el absurdo conceptual de la novela. Una tontería planteada desde el absurdo y que me recuerda en ocasiones a ""amanece que no es poco"" o Monthy Python. Tan prescindible como la primera, pero aún así me he reido en bastantes trozos."
La muerte del hipster es la continuación de la novela Un hipster en la España vaciada. En esta ocasión he leído la novela en el Club de Lectura. Aunque no había leído el primer libro, se puede seguir perfectamente la lectura. Es una novela corta que me ha costado leer. No es una lectura fácil, al menos para mí. No he conseguido empatizar con el hipster. Las compañeras del club que habían leído las dos novelas coincidían en que la primera es mejor.
Hipster es un término de la lengua inglesa que la Real Academia Española (RAE) no incluye en su diccionario. Un Hipster se caracteriza por adoptar un estilo de vida con gustos e intereses asociados a lo vintage, lo alternativo y lo independiente, están en contra de las convenciones sociales y rechazan los valores de la cultura comercial.
En la primera novela, tras una ruptura con su novia, Enrique Notivol, el hipster protagonista de las dos novelas, abandonó Madrid y se instaló en el pueblo de su tía, La cañada de Azcón, (de 234 habitantes), en Teruel.
En La muerte del hipster, el protagonista, debe hacer frente a los urbanitas que, huyendo de la pandemia, pretenden establecerse en su tranquilo rincón de la España vacía. Ahora es el alcalde y encontró el amor con Lourdes, la dueña de uno de los dos bares del pueblo.
Ahora tendrá que, gestionar el confinamiento, con unas complicaciones insospechadas, enfrentarse a los habitantes de las Masías de la Rambla y su idea de secesión, la campaña de vacunación, o presentar un proyecto para acceder a los fondos europeos.
La llegada de los urbanitas no solo van a revolucionar a los habitantes del pueblo, el alcalde, nuestro protagonista, tendrá que enfrentarse a la llegada al pueblo de su exnovia con su actual pareja, su mejor amigo.
El hipster, que es el narrador, puede parecer irritante, o entrañable, una especie de Quijote, pijo y posmoderno, rodeado de personajes que son extravagantes sin saberlo. Algunas veces cándido (o ababol), otras veces pedante, hace continuas referencias a escritores o filósofos, sus ideas y sus obras, lo que hace un poco pesada la lectura. Abanderado de la nueva masculinidad, dogmático hasta lo ridículo, que al instalarse en un pueblo de Teruel pretende, con buena intención, modernizar a sus habitantes.
La muerte del hipster es una novela corta y diferente sobre la España vacía y la pandemia, contada con toques de humor y sarcasmo.