Este libro es en realidad un tratado literario de filosofía epicúrea, que reivindica la felicidad y ensalza el amor, la amistad, los libros, la bondad… El narrador parte de los entrenamientos y partidos de su hijo, pero también de la pasión de las grandes ligas, los jugadores míticos o sus recuerdos infantiles como aficionado, con la «liturgia» que significaba ir al campo. Pero en cada uno de estos aspectos, cada anécdota, cada recuerdo, abandona el fútbol para adentrarse en temas universales. Carlos Marzal va y viene, y mientras tanto recorre la vida. O, mejor dicho, lo que le gusta de la vida.
Carlos Marzal, llamado en realidad Carlos Navarro Marzal, es uno de los principales representantes de la poesía de la experiencia, que dominó la lírica española en los años 80 y 90. Numerosos críticos incluyen también en este grupo la obra de autores como Luis García Montero, Felipe Benítez Reyes o Vicente Gallego.
Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Valencia, durante sus diez años de existencia codirigió Quites, revista de literatura y toros. La obra poética de Marzal alcanza su punto de mayor éxito con la publicación de Metales pesados, poemario que tras su publicación consigue los premios Nacional de Poesía y de la Crítica. El año 2003 obtuvo el Premio Antonio Machado de Poesía y en 2004 el XVI Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe por su obra Fuera de mí. Ha debutado en la narrativa con la novela Los reinos de la casualidad (Tusquets, 2005), considerada como la mejor novela del año por el suplemento El Cultural del periódico El Mundo.
Ha traducido del valenciano la obra poética de Enric Sòria Andén de cercanías (Pre-Textos, 1995).
Es un libro interesante. Escrito con agudeza y buen estilo. Me interesan muchas observaciones y su deseo de usar el fútbol para hablar del corazón. Lamentablemente, he sentido que en algún momento pierdo el interés y las páginas se vuelven pesadas y repetitivas, aunque vuelve a alzar el vuelo al final. No me arrepiento de haberlo leído. Creo que le sobran unas cuantas páginas, pero esas sugerencias son frivolidades de lector, que tiene derecho a dar su opinión pero no a decir como otro hace su trabajo. El libro es lo que es, y no es malo. Espero que a otros consiga apasionarlos como no logré yo, porque me gusta mucho la poesía del autor y porque leyéndolo, se adivina un buen tipo.
En cualquier caso, me parece un libro estimable que finalmente no logra soportar el peso que se impone desde el principio. Acaso tampoco importe tanto.
Muy bien escrito. Comienza de forma muy entretenida más centrada en el análisis sentimental y emocional del fútbol, pero a medida que transcurren las páginas se vuelve repetitivo y no ves el momento de terminarlo. De hecho no lo terminé
Aficionarse a un libro es como apasionarse con un jugador. Quieres avanzar en la lectura como quieres que el jugador toque otro balón, celebras cada frase redonda como celebras cada gol que marca, vuelves a los párrafos buenos como vuelves a los highlights en YouTube. Y al final, cuando ya eres un devoto del escritor y del jugador, te haces la misma pregunta: ¿cómo lo hacen?
Esta es la pregunta que te harás cuando leas Nunca fuimos más felices, el último libro del poeta Carlos Marzal, un escritor con estilo, que tira caños de vez en cuando y a la vez es resolutivo. El escritor valenciano, autor de casi 20 libros entre poesía, narrativa y ensayo, ha construido un tratado inmenso y profundo, pero también divertido y ameno, con el equilibrio ideal: ni es pedante ni se apoya en tópicos.
El libro es acogedor porque desprende alegría y amor a la vida. Y emana, claro, devoción por el fútbol, la excusa sobre la que se vertebra el libro. "El universo del fútbol contiene una energía sentimental y moral incalculable, es un escenario pasional absoluto, y a mí me interesa el corazón humano por encima de cualquier otro asunto", nos cuenta Marzal, que expande las anécdotas para hablar de los grandes temas. A partir de reflexiones y vivencias propias, se construye este híbrido entre diario, ensayo y relato; un compendio de digresiones con las que, a través del balón, se reflexiona sobre la vida, la literatura y, sobre todo, la paternidad.
El libro está dividido en cuatro partes (calentamiento, primera parte, segunda parte y prórroga), que son en realidad cuatro libros. Marzal nos abre la puerta de su corazón para vestirse de cómplice en las gradas, pero no de esos que te dan con el codito, que se van antes del 90, que te dicen que el equipo no vale nada. Marzal es uno de esos compañeros que no quieres que se calle nunca. Y ha escrito un libro que tiene de todo, con toques de humor sutil y elegante. Hasta propone una alineación de escritores españoles. Solo tiene una pega: si eres de los que subrayan los libros, te vas a quedar sin lápiz.
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