Me pasa con la poesía surrealista que, aunque puedo detectar la calidad y la belleza de los versos, leer muchos poemas así seguida me satura y me sobrepasa. Con estas dos obras de Aleixandre me ha sucedido algo así. Son de una maestría incuestionable, pero para una persona como yo acostumbrada a una lírica donde el concepto es más explícito y tiene más protagonismo, dos poemarios tan abstractos y tan dependientes de la belleza intrínseca, puramente lingüística, de sus textos, se me acumulan y no puedo procesarlos bien. Lo que más me ha gustado de ellos ha sido precisamente lo que he leído en pequeñas dosis, cuando tenía más tiempo y espacio para digerir el contenido concreto de un poema.
En resumen, muy buenos, pero tal vez no están hechos para mí.