El gualicho estaba en una caja de adentro había una copa rota llena de sangre, pétalos de rosas y un huevo tipo de codorniz envuelto en gasas. Estuvo todo el día en el pasillo hasta que Daniel se despertó a la tarde, abrió la puerta, lo miró con curiosidad y lo entró. Ardores, fiebre, temblores y un insaciable deseo llevarán a Daniel a la búsqueda de un pequeño alivio (aunque tal vez no tan pequeño) recorriendo una Buenos Aires vacacional, desierta y muy caliente.
rápida, en dos días. la trama es muyyy original, me encantó. pero no la vendería como novela homoerotica. los párrafos de sexo me provocaron más pena que calentura.
Hace tiempo que no leía algo que me calentara tanto y me diera tanto morbo. Una joya. La idea de la culebra me pareció una genialidad y una imagen fantástica para hablar del deseo. El sexo es explícito, claro, yo le preguntaría a la gente en qué mundo el sexo no lo es. Los son numerosos, repetitivos, una verga tras otra, que es justamente cómo se desata en estos lugares. El que quiere sexo más literario, que lo busque en otra parte. Quizás, la fantasía se me hizo demasiado perfecta: todos los tipos dotados, grandotes, re machos (imagino que ahí está la fantasía del autor). Pero me gustó un montón. Como dice Daniel cuando llega al parque: me sentí como en casa.
Una sofocante tarde de verano Daniel encuentra un paquete en la puerta de su departamento. En él hay una copa rota, sangre, pétalos de rosa y un huevo extraño envuelto en gasas. Sin atribuirle importancia lo tira a la basura y comienza su día clavándose una mientras mira una p0rn0 en la compu. Sordo a cualquier exigencia del mundo exterior (sea de su roommate, madre o trabajo), Daniel sigue en la suya -que es ver dónde ponerla o cuántas clavarse- hasta que nota que algo anda mal cuando no logra que se le pare en todo el día. Ni el sexting, ni el porno, ni siquiera las travestis del callejón logran subírsela. Con el correr de los días, las páginas y las bolsas de frula, la situación se vuelve desesperante hasta que, en medio de una ducha, Daniel descubre algo que lo alivia un poco: meterse un dedo. Sólo esa exploración de su ano le logra bajar la fiebre y reducir el malestar difuso que le nublaba la mente. A partir de este hallazgo, y no sin resistencia al principio, nuestro protagonista se ve envuelto en un vía crucis lúbrico que sonrojaría al Marqués de Sade y enorgullecería a Bataille.
Si bien en el orden cronológico “Machito” (2021) funciona como camino de vuelta de “Gualicho” (2016), yo las leí al revés. No hay drama, no tienen continuidad entre sí, aunque haya cierto parentesco de estructura (invertida): mientras que “Machito” nos planteaba las peripecias de la construcción de una subjetividad gay activa, “Gualicho” nos cuenta la caída en la pasividad como una maldición. En este libro, la tentación, la pasión y la carne son a la vez la cruz y la salvación. Daniel será clavado y martillado, de eso no hay dudas. De hecho, las “dudas” sobran: las hay en las teteras, en los rincones recónditos de los bosques de Palermo, en los oscuros departamentos donde abundan líneas que no marcan límites, sino que los van corriendo hasta que nuestro protagonista entiende a la vez el goce y la humillación de lo que significa la “p3n3-traición” en occidente.
Algunas ideas sueltas (con spoilers)
Antes que nada recordemos una regla básica de la literatura: no se trata de que una novela reproduzca lo que su autor piensa. Al contrario, si leemos con atención, en las primeras páginas, cuando el protagonista busca una salvación en una porno heterosexual donde varios hombres negros penetroan a dos mujeres hegemónicas del pornstar system (es decir: rubias, voluptuosas y dóciles) podemos ver prefiguradas las aventuras y desventuras del protagonista. La pasividad como maldición debe ser tomada acá como un hecho cultural, no como un juicio de valor.
Quizás sea la fecha, pero me parece que hay algo de la estructura del vía crucis que realmente le sienta bien a la lectura de la trama. Daniel es condenado, carga una cruz, es clavado, emprende un descenso a los infiernos, en cierto sentido llega a “morir”, es limpiado por las mujeres trabajadoras sexuales y, con su ayuda, empieza su resurrección y la limpieza de sus pecados.
Algo que me llama la atención es que el autor suele tener protagonistas con los que no es fácil empatizar al principio, pero que, a medida que van desarrollándose o encontrando los apuntalamientos correctos, se van volviendo más queribles. En este caso son Elizabeth, la mujer trans, y sus compañeras trabajadoras, emblemas de todo lo que en el imaginario gira torno a la penetración, los personajes que logran humanizar a Daniel.
Lecturas afines:
Machito (Policano Rossi) Las malas (Sosa Villada) Una curiosidad nueva (Nader) Lanús (Olguín) Historia del ojo (Bataille)
No se que leí, pero quiero ducharme por cuarenta dias y cuarenta noches despues de leerlo. Se sintio como un sueño de fiebre bizarro en esteroides homoerotico.
La idea principal es muy interesante y original. Me hubiese gustado más si los detalles que tenían que ver con la brujería (que a mi parecer son algo muy erótico) hubiesen sido más largos y detallados. Pero sentí que los detalles se fueron en la parte del sexo explícito, que fue eterno y me cansó de tanta redundancia. Tal vez esa fue la idea del autor, cansar al lector para sentir también el cansancio del personaje. Aún así no dejo de pensar que podríamos sacar gran parte del relato erótico y el libro seguiría siendo el mismo.
El deseo. Lo que controlan, lo que dominan. El cuerpo es, en primer lugar, un receptáculo del deseo. También, su jaula. En esta novela, el cuerpo de Daniel se entregará a lo desconocido, a lo que produce en él una sensación de alivio. Es entonces, cuando va pasando límites, uno, dos, tres… el cuerpo se puede expandir y abrir en todas direcciones. Una narración directa, sin rodeos. Y un espíritu que, también, acompañará al lector.
Un libro extraño, inquietante, creo que podría decir frenético. Nunca leí algo así, tal vez en Osvaldo Lamborghini. No podía soltarlo, se lee muy ágilmente -demasiado. Cuando finaliza deja asco, angustia pero también libertad. Una pieza extraña y fascinante.
Un libro rapidísimo de leer. El frenesí del sexo es un poco agotador, pero sirve mucho para solidarizar con el personaje. La parte más fascinante e intrigante, por lejos, es la de la brujería.
«El de aritos se puso más al palo todavía viendo la cogida. Agarró el cráneo de Daniel y le cogió la boca con fuerza. Daniel, ahogado de pija, atolondrado, no daba más. Le perforaban la boca y el orto y la agitación y los empujones lo estaban dejando bobo. Gorrita usaba el culo de Daniel con violencia y sin poesía. La punta de la verga le revolvía las entrañas y la dragona que tenía adentro escupía fuego apasionada. Gorrita sacó la verga de su culo y el alivio fue breve. El pelado duro le apoyó la pija en la caraja. La pija, ancha, anchísima y carnosa, trató de ir más hondo. Daniel abrió más las piernas y trató de elongar su cola todo lo que pudo. Venía una bien fuerte. La primera entrada fue hasta el fondo. Daniel gritó. La verga de Gorrita le fue directo a la garganta y no pudo gemir. Gruñendo, el pelado empezó a cogerlo con un meneo fuerte, adelante y atrás, meneo hondo y profundo. El pelado duro festejó entrar de una cacheteándole las nalgas. Daniel sentía las pelotas del pelado contra su culo, los pelos le raspaban, la habitación daba vueltas, la realidad era un VHS mordido en una casetera con los cabezales sucios». GUALICHO de Gael Policano Rossi
Me lo prestó una amiga, que se lo prestó a todas sus amigas y yo a todas las mías. Te lo devoras! Es osado, erótico, ardiente y también político. Un viaje total en pocas páginas, de fácil lectura y a la vez muy penetrante. Súper recomendable!
Propone una lectura veloz de una tarde pero si entras realmente ese ritmo angustia. El universo de la noche en buenos aires esta retratado con una crueldad sensible. Lo erótico pasa por lo enormemente vulnerable intimidad.
Es la segunda obra que leo de Gael y me gustó, más que machito seguro. El desarrollo de la historia tuvo un fundamento, una construcción y un final lógico y bien cerrado. Los relatos eroticos son fuertes, pasa por una gran variedad, desde románticos hasta gangbang.
Extraordinaria novela. Ágil, emocionante y conmovedora. De una aparente crueldad injustificada hasta que el autor nos da como lectores un momento de redención poética en dónde se revela un sentido para toda la degradación mostrada. Una novela bella por terrible.
Una historia con poca imaginación, cargada de violencia sexual desagradable y triste. Las escenas eróticas dejan de ser tales por las descripciones exageradas y repetitivas. La utilización constante de diminutivos resulta molesto y no se entienden; además que la gran cantidad de insultos y discriminación por parte del narrador me parecen innecesarios.
A veces me cuesta pensar los límites de la ficción, ¿no? Pero me gustaría saber ¿qué mundos estamos construyendo? Si la literatura indie homoerotica se convierte en oraciones cargadas de estigmas y de clichés, ¿qué nos queda? Llenar un libro de guarradas pija-culo-teta-leche, pero poner a los personajes en roles estereotipados, racializandoles y estigmatizándoles, no me pareció revolucionario ni original.
El disparador es interesante, pero al final todo se reduce a una lista de estereotipos del mundo binario y heteropatriarcal: venganza de una ex (qué original), romantizacion de la pobreza, travestis en pose diosas con poderes místicos y sobrenombres en portugués -me resonó la Virgen Cabeza salvando las largas distancias- que viven despreocupadas en la miseria absoluta, el trabajo sexual no elegido y por supuesto la necesidad de un hombre cis para llevar a cabo las tareas de mantenimiento del hogar. No le falta nada. Y hacia el final, redobla la apuesta con un varón que, a pesar del placer descubierto en vínculos homosexuales, decide vengarse de ese pibe que le dio placer y condenarlo para su propio beneficio. Más paki no se consigue.
La verdá, me decepcionó.
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Es un libro súper calentón, entretenido, atrevido. No pude soltarlo cuando empecé a leerlo, es de rápida lectura porque te atrapa, y pasa de todo. De repente sin darme cuenta estaba metida ahí en la vida del personaje y estaba frenética (y a veces perdida) de acá para allá con él: de rodillas, en baños, en parques, en deptos, con uno, con varios, del orto, sin rumbo. En un punto también me provocó incomodidad y hasta asco (venus en virgo, sorry not sorry) Amé las expresiones de Gael, un sin fin de sinónimos hermoso. Por supuesto lo recomendé a amigues ❤️
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Me lo leí en una tarde y pasé por todos los estadíos, tuve que dejar de leer en varias ocasiones por qué calienta como el mismísimo sol del verano que relata en el libro.
Termino esta lectura un poco confundido y preocupado por Enrique, que me dijo que Gualicho era un libro homoerótico. Yo lo sentí más como un libro fetichista: su protagonista es un hombre cis hetero que termina teniendo encuentros homosexuales (sería “volteado”, “chapulineado”… o “una gallinita”, como dirían las mujeres). Dejando de lado cualquier argumento moralista, la lectura es divertida e intensa; se percibe la desesperación de Daniel en cada página. Gael Policano Rossi narra sin tapujos, con una prosa acalorada que no da respiro. ¿Será Gualicho un libro vaquero homosexual?