«¡La igualdad de la dictadura es la igualdad de la nada!»
Es un libro magnífico como introducción al sufragio universal femenino. Nos cuenta la historia de Mari Luz, una joven que trabaja como cigarrera en la Real fábrica de Tabacos. La lista de agravios a la mujer es larga. «Ni un paso atrás». Mari Luz, evoluciona a lo largo de la lectura, de esa muchacha inocente e ingenua que llega a Madrid, a una mujer que dice NO a un matrimonio esclavista. A través de ella visualizaremos lo que suponía ser madre soltera.
Mari Luz conocerá a un joven, del que se enamorará, pero con el que no deseará casarse ni siquiera cuando descubra que está embarazada, ¿por qué? Porque la mujer casada no existe ante la justicia, la ley no la reconoce capacidad, toda su voluntad está en manos de su marido. Aquí llega lo interesante de aquellas primeras feministas que se las acusa de no desear el voto para algunas mujeres, leyendo esto se entiende mejor ese hilo de pensamiento, «El voto del hombre es un voto familiar, ¡es impensable que una mujer vote lo contario del marido!». Hay que cambiar el pensamiento, hay que educar, porque sino la mujer votará lo que el hombre ordene y mande, y sin pensar mucho, estaremos de acuerdo que esto puede ser un arma mortal para la mujer. Ningún hombre casado permitiría que su mujer le llevase la contraría, pondría en entredicho su hombría.
Clara Campoamor, no solo luchó por el voto de la mujer, también por el derecho al divorcio y la igualdad de los hijos fuera del matrimonio. Una mujer de carácter, de lucha y con expectativas ambiciosas. Quitando el sufragio femenino y la abolición de la prostitución, consiguió que la Constitución recogiera gran número de sus demandas.
El resto de cigarreras, humildes y luchadoras que conciliaban el cuidado de sus hijos con su trabajo. Un colectivo pionero por la lucha de los derechos de la mujer, acostumbradas a soportar los malos gestos y las palabras desafiantes de los hombres que veían peligrar su trabajo si la mujer, mano de obra más barata, hábil y rápida, entraba en el mundo laboral. Nuevamente señala la lectura la diferencia que existía entre una trabajadora soltera, casado o viuda. La solidaridad de un grupo que cuidaba de todas y cada una de ellas, incluidos sus hijos, que estaban en la fábrica con su madres.
Las ilustraciones de Montse Mazorriaga, trazos sencillos cargados de peso, las cejas también hablan, tienen un lenguaje propio, os animo a descubrir la expresión de su gesto, el asombro, la indignación, la tristeza y el miedo, ese movimiento facial enriquece el texto, da una mayor comprensión a los sentimientos y emociones.
Disfrutado y devorado. Un primer contacto magnífico con el sufragio femenino, claro y conciso, con profundidad en los personajes, que invita a reflexionar, a conocer e investigar más. Lo único, la letra es muy pequeña en algunos bocadillos.
¡Feliz lectura!