«Te incineraron con una novela mía entre las manos. Por eso escribo este libro. Hasta ese momento jamás pensé que contaría nuestra historia. Había logrado asumir el largo camino de tu final, que a veces, no sé si atreverme a decirlo, tanto deseaba que llegara, y describir aquel calvario que por encima de todo fue tuyo me habría parecido una herejía. Pero entonces supe que te incineraron con la novela entre las manos y ahí, sin retorno ni piedad, nació este libro. Yo rememorando y tú muerta. Jamás podríamos habernos figurado el día del primer abrazo que desembocaríamos tanto después en este diálogo.»
Una historia real de amor, muerte y desarraigo iniciada en el Madrid de los años ochenta y concluida hoy. Autobiográfica, especulativa, alcohólica, espectral. Nadie es quien soñó que sería.
2015 PREMIO BIBLIOTECA BREVE La isla del padre 2010 PREMIO VIOLETA AL COMPROMISO CULTURAL CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO 5 x 2 = 9. Diez miradas contra la violencia de género 2010 XIII PREMIO PRIMAVERA DE NOVELA Todo el amor y casi toda la muerte 2008 PREMIO GRAN ANGULAR DE LITERATURA JUVENIL Zara y el librero de Bagdad 2008 PREMIO “LUIS GARCÍA BERLANGA” SOBRE EL ZAPATO FEMENINO Huellas desnudas de la mujer invisible 2006 PREMIO NACIONAL DE LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL Cielo Abajo 2005 PREMIO DULCE CHACÓN DE NARRATIVA Invasor 2005 PREMIO ATENEO DE SEVILLA El mundo se acaba todos los días 2005 PREMIO ANAYA DE LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL Cielo Abajo 2001 PREMIO NADAL El Niño de los coroneles 1991 PREMIO NOVELA CORTA CIUDAD DE BARBASTRO La luz prodigiosa
Qué maravilla. Probablemente, mi mejor lectura del año. Una autoficción que se convierte en un auténtico canto al amor y a la muerte, contado con una delicadeza y una intensidad difícil de encontrar. Es una historia triste pero también bonita en cierto modo y, sobre todo, magistralmente escrita. No puedo más que recomendarla.
Un libro de expiación sin anestesia. Las primeras sesenta páginas las leí del tirón. Fernando Marías sin saberlo, o quizás intuyéndolo, escribió su testamento vital, ya que murió repentinamente en febrero de 2022, al año siguiente de su publicación. Un viaje al pasado donde rendir cuentas y hacer autocrítica de lo vivido, una carta de amor a la compañera que marcó su vida, un libro de duelo. Preñado de reflexiones, también hay espacio para descripciones del Madrid de los ochenta, donde la pareja daba sus primeros pasos y donde la cultura (las pelis, los libros, la música) y también el alcohol, mucho alcohol, se convirtieron en su leitmotiv. Un libro que surge de las profundidades del alma, honesto y valiente, sensible sin caer en lo cursi y que arde en la memoria.
Fernando Marías es novelista, editor y guionista español. Sus obras se dirigen a un público muy amplio, pues ha escrito tanto literatura juvenil como adulta, jugando a su vez con varios géneros narrativos.
Muchas de sus creaciones han ganado numerosos premios nacionales e internacionales. De entre ellas, algunas han sido llevadas al cine y al teatro, siendo él guionista de las mismas. "La luz prodigiosa" fue galardonada a nivel internacional.
Destacar que, en 2019, junto a Espido Freire, llevó a cabo dos propuestas teatrales que resultaron todo un éxito tituladas "Esta noche moriremos" y "¿¿Esto era todo!!" que incluían monólogos y un encuentro posterior con el público.
Así mismo tiene un blog titulado "Diodoti se mueve" en donde ofrece experiencias de viajes culturales, así como entradas de opiniones, micro talleres, relatos y mucho más.
Autor prestigiado y reconocido en el mundo de las letras no cesa en su empeño de compartir sus historias, bien sea en solitario o en colaboración con otros autores, sorprendiéndonos cada poco tiempo con una nueva obra.
De corte autobiográfico, "Arde este libro" es la última novela de Fernando. En ella se deja la piel con una narrativa poética, inteligente, delicada y metafórica con cierto aire filosófico.
Escrito en primera persona, el autor se desnuda plasmando sus sentimientos y reflexiones durante una época difícil de su vida vinculada a una mujer cuya relación supuso un antes y un después para él.
Con un aire espectral, psicológico y fuertemente emocional, Fernando atraviesa, por medio de una mirada con perspectiva en el pasado, su vida desde una etapa más madura, aportando reflexiones vitales en donde comparte con el lector los aprendizajes extraídos de una serie de acontecimientos que le marcaron en el tiempo.
Principalmente la novela se encuentra narrada en su totalidad, pues cada frase va dando vida a unas extraordinarias memorias con carácter introspectivo, sin embargo, existe una cantidad ínfima de diálogo que dota de significatividad al texto.
Sin lugar a dudas la ambientación y las descripciones de las calles de Madrid y los míticos lugares que supusieron centros de ocio y de la vida social en los años 80 son un gran protagonista en la narración, dado que no solo nos ofrece, de forma muy visual, una imagen general de las localizaciones, sino que ayudan a transmitir el desasosiego y la melancolía que impregnan la narración.
Del mismo modo, una gran cantidad de información sobre arte, literatura y cine, así como obras literarias, películas y autores se van dejando caer a lo largo de las páginas confesando el valor emocional de las mismas para el propio protagonista y sus relaciones.
Son incontables las ocasiones en que el autor deslumbra con sus amplios conocimientos y su gran bagaje cultural, confesando a su vez el modo en que éstas fueron guiándole en la toma de decisiones.
Pocos son los personajes protagonistas de esta historia, sin embargo, y a pesar de que el lector pueda conectar en mayor medida con ellos, es fácil distinguir la naturalidad con la que son descritos. Tanto el narrador como la mujer en la cual gira la novela, se muestran como seres humanos al uso. Ninguno es especial ni pretende serlo. No son buenos ni malos. Simplemente se trata de un par de personas que se dejan llevar por las circunstancias de la vida, toman decisiones, se equivocan, están confundidos, se arrepienten o simplemente se mantienen atrapados en una realidad de la que no pueden salir.
Al encontrarse con la novela el lector no sabrá qué esperar, pues su sinopsis no aclara mucho, sin embargo, conforme avance en ella, la lectura comenzará a suscitarle planteamientos y reflexiones sobre diferentes temas como el paso del tiempo, el alcoholismo o la muerte.
Personalmente, después de leerla, considero que es en la ignorancia parcial de su contenido el modo en el que el lector debe abordar esta lectura, pues es una novela que lentamente te va atrapando a través de una exquisita pluma y una narración cuyo carácter confesional te va desarmando y removiendo por dentro.
El autor consiguió llegarme de forma directa y profunda dejando un gran poso en mí. Es por ello que no puedo más que recomendarla abiertamente advirtiendo al futuro lector, que se atreva a darle una oportunidad, que, cuando la inicie, se sienta en un estado anímico fuerte y decidido para iniciar este recorrido por las profundidades del alma y de la memoria Fernando.
En conclusión, "Arde este libro" es una novela que impacta. Un viaje al pasado, un recorrido autocrítico sobre la vida, el amor, las decisiones, las relaciones y las personas que marcan un profundo significado en nosotros y cuyo recuerdo perdura a lo largo del tiempo.
ESTO NO ES UN LIBRO, ES UNA HOGUERA Termino la lectura del nuevo libro de Fernando Marías acuciado por la necesidad de compartirlo. Contiene esa literatura que me gana siempre: la que se involucra en quienes somos, la que nos cuenta lo que no puede decirse de otra forma, hondura humana que nos interpela directamente, sensibilidad que nunca es cursi. Es un libro valiente, pues expone el propio pecho del autor, pero también trata del único tema posible: la vida. Y lo hace con un fuego literario que no solo está en su título. En estos tiempos de lecturas tibias, aquí hay un libro que quema en la mano.
libro lleno de momentos y frases que te rompen un poco le pongo 3 estrellas porque me ha atormentado (el escenario es literalmente mi barrio) bastante y no es mi tipo de lectura ideal, pero está lleno de reflexiones y metáforas que te dejan con la boca abierta no me gusta leer sobre amor y tampoco sobre muerte, pero esta mezcla llena de fallos me obliga a agradecer ser testigo de una historia así
Impresionante novela de no ficción la escrita por Fernando Marías en 2021. Es la última de su producción pues la muerte sorprendió inopinadamente al escritor el día seis de este mes de febrero. Su fallecimiento fue toda una sorpresa. No me la esperaba. Quizás fue este suceso lo que me impulsó a sin demorarme echarme a leer su novela. Antes había leído elogiosos comentarios de la misma por parte de amigas lectoras de criterio bien contrastado. Todas ellas aseguraban el impacto que esta novela intimista les había ocasionado. Yo también declaro sentirme golpeado por el relato. En él Fernando Marías hace un recorrido autobiográfico por su existencia. Una existencia con varios acompañantes, el principal su pareja Verónica, fatalmente muerta en 2012 y cuya desaparición fue el detonante de la escritura del relato iniciado en 2019. Se trata de una elegía, un canto fúnebre que contiene el desarrollo de la vida de la pareja y la fatal desaparición del integrante femenino por culpa de la adicción alcohólica. Es el alcoholismo el núcleo de la narración. El sentimiento de culpa invade a Fernando Marías pues ella, Verónica, era una mujer que no probaba el alcohol hasta que gozosa y enamorada decide hacer caso a su pareja y probar los deliciosos gin-tonics, vinos y cervezas que él parece tanto disfrutar. Este pesar arrastra el narrador durante toda la novela. Por azares de la existencia resultará que el inductor tras tocar fondo en un momento dado (morir en hermosa imagen literaria) resucita a una vida de abstinencia plena de cualquier toma alcohólica. No así sucedió con Verónica que continuará su discurrir por los derroteros del demonio alcohol en soledad. Todo el arco de la relación humana desde su conocimiento en 1979, en plena hermosa y disfrutona juventud en el Madrid de lo que durante la década de los ochenta se denominaría luego, en el futuro, Movida madrileña, hasta la disolución de la vida en común, físicamente en 2003 con la marcha de Veronique a casa de su madre en Marsella, y definitiva desaparición de este mundo con su muerte en 2012, allí mismo en Marsella tras un sufrimiento médico angustioso que le hizo ingresar varias veces en el hospital, sufrir trastorno límite de la personalidad, una enfermedad mental que luego se complicaría con otras derivadas de ésta que la llevarían a limitar su movilidad y quedar en coma al menos tres semanas antes de su muerte. Y entre estos dos extremos toda una vida, con su fase de amor exultante: la vida en pareja en la que el afecto y el sexo es el eje central; luego las ilusiones de futuro, las fantasías: él -siempre él- pensando triunfar en el Cine y luego escribiendo libros, ella sobreviniendo con trabajos mal pagados al sostenimiento de la pareja para que él pudiera escribir; el triunfo de esa novela primera, el pago por ella y por sus versiones al cine y la televisión; el disfrute de ello; y el alcohol siempre en el centro de la vida de ambos; la caída de él y su entrada en la abstinencia; la dificultad o imposibilidad de convivir un exalcohólico con una alcohólica; la necesidad de él de distanciarse de ella para no recaer; los engaños diarios y las promesas sin futuro de un alcohólico; los espacios mentales en blanco por culpa de la ebriedad; y así. La novela no tiene clara división en capítulos aunque sí que los temas van apareciendo primero de manera sucesiva y luego ya de forma reiterada según que la novela memorialista avanza y vuelve y revuelve el recuerdo de unas cosas y otras hasta completar el círculo que se abre cierra con ese libro incinerado en manos de ella que alguien colocaría ahí antes de la cremación: "Te incineraron con una novela mía entre las manos. Por eso escribo este libro." El escritor -y aí lo dice varias veces a lo largo de la novela- tiene miedo de que la muerte lo sorprenda con un libro amedio escribir. este desde luego no lo es, pero yo me pregunto: ¿Dejó Marías algún libro ya iniciado? No lo sé, pero no me sorprendería. Lo que a lo largo de esta lectura me ha estado golpeando constantemente ha sido el saber que su muerte estaba próxima, algo que él ignoraba. De ahí el choque emocional que he sufrido cada vez que le leía al escritor frases que anunciaban equivocadamente una vida futura larga aún. La Parca está siempre ahí, parece decirnos sin haberlo formulado así en ningún momento.
Doloroso relato autobiográfico de desamor y de culpa del escritor, que además constituye un amargo y último legado antes de su prematura muerte en 2022, cuya causa está directamente ligada con lo que se cuenta en este libro. El autor se desnuda y da rienda suelta a una sensibilidad melancólica que acrecienta lo espeluznante de esta historia. No sé si se puede calificar de "cursi", palabra y efecto de los que precisamente el propio autor quiere huir y al mismo tiempo no deja de evocar, ese exponer tan crudamente la nostalgia de una felicidad perdida, término, el de felicidad, del que se abusa con crueldad. O no sé si se puede denominar del mismo modo a la exposición sin anestesia de unos sentimientos aptos para el desbordamiento, pero, si así lo fuera y tuviéramos que usar la palabra "cursi", lejos de constituir el peor defecto que puede contener una obra (a juicio del propio Marías), constituye a mi entender un elemento humanizador, que dignifica la obra, y que es comprensible por la intensa cercanía emocional que despliega el autor hacia su propia historia y la de su compañera, de infausto destino. Desde mi punto de vista, Arde, este libro no es una novela autobiográfica sino, ante todo, un desgarrador testimonio de expiación y catarsis personal y, en ese sentido, veo imposible afrontarlo con una distancia literaria, por muchos pasajes inspirados y certeros que tenga (que los tiene). Se siente el sufrimiento que ha producido su escritura. Y eso, que en la parcelación cronológica que el autor usa, el tiempo de la felicidad, el de la resurrección, los años del teléfono... donde menos se atreve a abundar es en aquellos años en los que "le enseñó a beber", el periodo sin duda más duro para evocar el recuerdo y en el que más lacerante es el peso de la responsabilidad. Arde este libro, es pues, como su propio título indica, un acto purificador y, al mismo tiempo, un testamento vital inmensamente desolador. Es difícil salir ileso. Transmite y contagia una terrible tristeza.
Abandonado en la página 35. Al principio pensé que igual no era mi momento de leerlo, pero al avanzar un poco me di cuenta de que no solo era eso si no que la forma de contar la historia no me estaba gustando, por lo que he decidido que para llevarnos mal, mejor dejarlo aquí.
Este libro me ha jodido la vida. Puede que en algún momento, cuando no esté totalmente devastada, me aventure a escribir una review del que va a ser mi libro favorito de este año. De momento me lo guardo para mí
BRUTAL. Lo compré ciegamente después de leer una bonita reseña y resultó ser una autobiografía de un autor que desconocía. Una historia muy triste pero escrita con una literatura tan rica y honesta, que no podrás dejar de leer. Este libro arde en tus manos, abordando un tema socialmente estigmatizado de una forma muy valiente y narrado con tanta humanidad y respeto, que te hace admirar más si cabe al autor. Qué alegría acabar libros con este buen sabor de boca y qué pena que Fernando nos haya dejado justo cuando empezaba a conocerle. Un canto a la vida, que muestra lo frágil o tremendamente fuertes que somos las personas. 100% recomendado.
Acabo de terminar “Arde este libro” (2021), obra que arranca con dos frases durísimas y hermosas; catorce palabras cuya onda expansiva me ha catapultado, doscientas páginas después, a redactar esta mísera pero espero que justa reseña:
“Te incineraron con una novela mía entre las manos. Por eso escribo este libro.”
Libro que puedo considerar desde antes de mediados de año como el que va a ser mi libro favorito del año. Para empezar me introdujo en el Club de Lectura Viva el día que le fui a comprar los regalos de cumpleaños a mi tía y a mi abuela. Lo he comentado con toda la gente que me rodea hasta el punto de spoilearlo entero. Sin embargo, considero que lo mejor del libro es como está escrito. Además, la realidad (una vez más) supera la ficción. Me ha dejado destrozada con frases como “Te incineraron con una novela mia y por eso escribo este libro” o “Yo te enseñé a beber y la bebida te mato”, también he llegado a subrayar prácticamente capítulos enteros que han llegado a desgarrarme el alma (dramáticamente, pero de verdad). Es un libro muy duro que invita a la reflexión sobre el amor y ser un alcoholico. En concreto, el conjunto de ambas. Personalmente, siento que este libro en todo momento va para ella, de hecho muchas veces siento que interrumpo su intimidad. Pienso que Fernando le escribe a Veronica. Y aunque todos somos seres independientes con capacidad de razonamiento y decisión sobre nosotros mismos es muy importante ponerse en el lugar de cada uno. No todo el mundo es capaz de salir de una dependencia, independiente de los sustos (de muerte) que se hayan llevado. Es muy triste de principio a fin. Como cuenta como se conocieron y los últimos años que pasaron. Es precioso el final, cuando decide un momento junto a ella para cerrar el libro y, el que es, su favorito de ella. Como él consigue parar de beber y como reflexiona de la convivencia del alcoholico y el no alcoholico. La dureza de sus palabras y como la describe y se describe me lleva a pensar que el autor la quería de unas maneras que desconozco. Y poner tierra de por medio también me parece una forma de hacerlo. Por ambos. Ella también lo sabía. Y aun así mantiene la relación. También es muy triste la última vez que se vieron, como él dice, después de todos los años compartidos, esos 3 días fueron los únicos que ninguno de los 2 bebió. Habla de la pobreza y de cómo su dependencia con la bebida está por encima de las necesidades vitales. Habla de dientes rotos, aunque no saben como. Y habla de los ingresos en el sanatorio y la esperanza de una vuelta al amor en la relación. También creo que es amor, aunque de otro tipo, la convivencia durante toda la vida. Me parece increíble que la incineraran con un libro que él le escribió a ella (La luz prodigiosa) y que le escriba este último. También para él. Además hace una reflexión sobre los libros sin terminar antes de morir y más, y peor, morir escribiendo uno. Fernando el último que publicó fue este, qué a su manera, es autobiográfico para él. Como él mismo dice, para contar la historia de ambos se tiene que saber también como son ambos. A ella le de voz de una manera sutil, pues ya muerta, es imposible hacerlo del todo correcto. Y para mi si que lo respeta. Hay mucha reflexión sobre la muerte. Nadie muere mientras sea recordado. Me ha causado mucha impresión lo que hizo con la herencia de ella. Dársela a unos alcoholicos callejeros. También reflexionó lo que era serlo en pareja y como les unió durante tantos años. Así como el monstruo que habitaba en ellos. Me quedo mucho por contar, pero es de los pocos libros que tendría en físico y leería cada poco. Un libro de noche, en su caso noches, porque de una me resultaría un dolor insoportable
«La única persona capaz de velar a medias por tu seguridad física en Madrid, yo, no quería sacrificar su vida por esa responsabilidad que podía alargarse de forma indefinida».
El amor y sus sacrificios. Una novela que nos habla de amor, pero sobre todo de culpa y excesos. «Te mató el alcohol y fui yo quien te enseñó a beber». Juntad esta frase y la primera, aguantarlas un momento en la cabeza, enfrentarlas y decidme, ¿qué pensáis? Cuando leí esta frase, mi mente caprichosa me recordó una película, Días de vino y rosas, Jack Lemmon invadió mi cabeza narrándome una historia brutal, cargada de frases devastadoras.
«Para entonces yo no bebía hacía años, por tanto, tú y yo éramos extoxicómano contra toxicómana, exalcohólico contra alcohólica, esa convivencia criminal a la que nadie sobrevive.»
La novela es magnífica, pone al lector en situación, oprime, «El bebedor, esclavo de su sed, se erige impecable verdugo de las personas que tiene alrededor». Pero lo mejor de esta novela es su carácter de balance, triste y real, cómo se pasa de la felicidad de los primeros años, de las ilusiones y la construcción de un futuro juntos, a la destrucción.
«Tu voz, un hilo débil, cuya indefensión extrema no me alarmó porque me hallaba familiarizado con ella».
¿Nos volvemos insensibles al dolor de los que amamos? ¿O preferimos no adentrarnos en esas habitaciones oscuras donde arrojamos recuerdos y emociones por sentirnos culpables? Y respondo con una frase del libro, «La cobardía no debe prevalecer sobre el abrazo último a las personas amadas».
Una obra estremecedora, una confesión reflexiva sobre él y su vida, sobre la ausencia y la soledad, «¿Quién terminará esa lectura que dejé inacabada tras mi muerte?». No creo que con esta novela autobiográfica Fernando Marías buscase el perdón del lector, ni siquiera el suyo, no se cree merecedor de él. Culpable, no de la muerte de Verónica, sí de mostrarle el camino hacia ella. Al hacer balance de esos años se dio cuenta que no era quién soñó que sería, no era ese el final que construyó con la mujer que fue su pareja durante tantos años, Verónica.
“Te incineraron con una novela mía entre las manos. Por eso escribo este libro”, una primera frase tras la cual es difícil desentenderse de este libro. Página tras página, Fernando Marías trenza la autobiografía de su dolor, por la desaparición de la persona que amaba y la expiación imposible de su sentimiento de culpabilidad (esa otra frase rotunda “Te mató el alcohol y fui yo quien te enseñó a beber”).
Relato en primera persona de una destrucción compartida, sumergida en una adicción al alcohol en pareja. Un viaje más allá de la espiral agridulce de relatos similares, esos “Días de vino y rosas” cinematográficos que el autor cita, sin compasión por si mismo y desnudándose por completo. No existe un lado dulce en una pareja adicta. Una adicción que sirve también como marco para una disección del final no deseado de una relación, el imposible duelo de perder, por cualquier causa, a quien se sigue amando.
Relevante que el último libro de Fernando Marias antes de su muerte sea esta autobiografía. Un escritor considerado menor, a pesar de tener alguna obra de interés y premiada. En cualquier caso, esta es quizás su mejor obra, al menos la que será más difícil de olvidar a quien haya leído alguna más suya.
Canto al amor y a la culpa. El autor arremete contra el alcoholismo, condena que padeció y a la que arrastró a su amada, sentenciando su vida de ese modo. El paso del café con leche al gin tonic fue el principio del fin, fue la paulatina muerte de una vida. También fue lo que catapultó la relación al fracaso, pues en tanto que el autor pudo combatir y dejar de lado la enfermedad, ella no. Lectura cruda que logra estremecer. Retrata todo aquello que pudo ser y nunca fue y actúa como caja de recuerdos del inicio de una relación que hubiera podido ser idílica.
Más allá de una prosa impecable, de esas que te transportan segundo a segundo al mundo que crea el autor en el ámbito de su memoria. El homenaje a una historia y la mujer con la que lo vivió es abrumador. No es un libro cursi, todo lo contrario. Es un texto en el que el autor se desnuda y, en la más absoluta muestra de vulnerabilidad, repasa su vida con Verónica. Sensacional.
Desgarrador ejercicio de memoria, sincero y emotivo, hacia una persona querida. Fernando Marías narra de forma magistral las primeras esperanzas de juventud y el enamoramiento luminoso, no obstante no vacila cuando toca descender a los más incómodos infiernos (que aquí toman forma etílica).
Este libro arde y quema y duele. Es una autopsia, un expurgo, una casa en llamas. Es maravilloso.
Empecé este libro casi por casualidad, por una cita que me gustó y encontré en internet, sin saber muy bien qué esperaba. Y vaya hallazgo. Es un libro tan triste como hermoso, escrito con una sensibilidad y una valentía que te hacen sentir el amor y el dolor del autor en cada página. No es solo una historia; es una memoria encendida, una confesión que arde.
Un libro duro, triste, a veces angustioso. Muy bien escrito. El autor repasa su vida desde la llegada a la Universidad hasta la muerte de su pareja. Años de unión y desunión marcados por el alcoholismo.
El mejor libro que he leído este año. Un libro desgarrador a la vez que maravilloso. De una dulzura y sinceridad extremas. Se lo recomiendo a todo el mundo.
Un paseo por los 80 y su movida madrileña, por los estragos del alcoholismo, y el resurgir del autor. Una historia de amor y separación. Pero sobretodo, es un homenaje al amor de toda una vida, que se quedó en el camino, devorada por el alcohol. Una lectura desgarradora, pero necesaria.
El último libro de Fernando Marías, es bellísimo, te atrapa. Es melancólico, es un drama. El final es un poco flojo, pero en general la novela es magnífica.