¿Qué es lo cutre? El gotelé, el bar de barrio, el coche viejo, las ferias, la Movida. El escritor y periodista Alberto Olmos repasa la cara amable, simpática y entrañable de lo cutre, un concepto que agrupa buena parte de la cultura popular más resistente y que conecta nuestro tiempo con un tiempo anterior, donde solo se sobrevivía.
Pero lo cutre puede ser también una filosofía, un modo de estar en el mundo sin servidumbres ni competiciones, ajeno a las modas tecnológicas y al consumismo. El gusto por el objeto con historia, de segunda mano, frente al frenesí de lo nuevo; el ingenio de los pequeños fabricantes frente a la frialdad productiva de las grandes empresas; el arte hecho sin medios, únicamente con talento. Todo eso es cutre, es decir, valioso.
Con humor y agudeza, Vidas baratas radiografía la nostalgia por las cosas sencillas y las actitudes verdaderas, y descubre lo cutre como la tradición más esencialmente española, una tradición que, como todas las tradiciones, consiste en hacer juntos el pasado.
"Si alguien compra barato pudiendo comprar mucho más caro, es cutre. Si alguien compra barato porque no le da la nómina para más, es pobre. En cierto sentido, la filosofía cutre consiste en vivir como si fueras pobre".
Lo cutre se encuentra cada vez más presente en nuestras vidas, está casi de moda y sus adeptos no paran de crecer, muy orgullosos, además. Lo cutre asoma en las películas, en las canciones y en los anuncios; se hace política cutre y gusta, se hace comida cutre y también gusta. La tele cutre es la única que se ve. Hay cada vez más gente que encuentra en lo cutre una tabla de salvación para no ser simplemente pobre, o simplemente rico. Ser cutre está por encima del capitalismo y sus extremos. Es una opción de vida y, como tal, parece una buena idea.
Publicó su primera novela, A bordo del naufragio (Editorial Anagrama), en 1998. La obra resultó finalista del Premio Herralde de novela y fue considerada por la revista El Cultural entre las diez mejores ópera prima del año. Su segundo libro fue Así de loco te puedes volver, editado por Tertulia de los martes de Segovia en 1999. Durante tres años, residió en Japón, concretamente en la Prefectura de Tochigi, donde dio clases de español y de inglés, hizo crítica cinematográfica y literaria, y se inició en el mundo de los blogs. Después de este período volvió a residir en Madrid. En 2006 ganó la X edición del Premio Arte Joven de la Comunidad de Madrid con Trenes hacia Tokio (Editorial Lengua de Trapo). En 2007 apareció su obra más extensa y ambiciosa: El talento de los demás. Tatami - 畳, publicada al año siguiente, fue llevada a escena por la compañía Tanttaka Teatroa en 2009. El estatus consiguió el premio Ojo Crítico RNE de Narrativa 2009, como la mejor novela del año escrita por un autor menor de 40 años. El jurado estuvo compuesto por Javier Rodríguez Marcos, Modesta Cruz, Isaac Rosa, Pablo D'Ors, Alfredo Laín, Laura Barranchina, Julio Valverde y Nuria Azancot Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y con estudios de Filología Románica, ha colaborado con el diario El Mundo y con numerosos medios nacionales e internacionales, muchos de ellos en Internet. Desde octubre de 2007, y durante todo 2008, colaboró como columnista con el diario Público. La revista Granta en español lo eligió en 2010 como uno de los 22 mejores narradores jóvenes en castellano. Con el sobrenombre de Juan Mal-herido escribe un blog de crítica literaria que se caracteriza por su acidez y crudeza. Algunas de sus críticas se imprimieron en un libro titulado Vida y opiniones de Juan Mal-herido.1 Ejército enemigo es su última novela publicada. Fue elegida entre las novelas más destacadas de 2011 por el diario Público, las revistas QuéLeer y Tiempo, y las revistas digitales GoMag, Koult y Fantastic Plastic Mag.
A diferencia de Soto Ivars que vive del hacedme casito por favor, las columnas de Olmos suelen eludir el troleo abierto y fácil que produce mucha interacción. Rara vez busca esa reacción, uno de los motivos por los que Soto Ivars no pasa de ser un patán y Olmos uno de los mejores columnistas de la actualidad aunque al final a Ivars le den clicks y a Olmos premios. Sin embargo que le respondan a uno en estos tiempos de dios parece inevitable. En 2017 escribió una columna sobre sus vacaciones en un poblacho murciano donde hablaba de una España que nunca se ha ido, de ferias cutres sin medidas de seguridad, crios que beben y fuman y salones pintados con gotelé y ataviados con sillones de skay y mamotretos de contrachapado con su tapiz de ciervo.
Aquello generó más comentarios de los habituales, y no positivos, la mayoría procedentes de los pocos murcianos que son capaces de descrifrar el arcano arte de la escritura (vale, pulla gratuita, pero no os pensabais que ibais a ser la única comunidad donde ganó Vox de gratis). En realidad Olmos lo que quería no era criticar eso, sino señalar que esa España, en la que él mismo había crecido y asumía como propia, como parte de su identidad, seguía existiendo y no como algo marginal, en un pueblo de Murcia, o de Galicia, o de Extremadura. La feria y su orquesta Zafiro, o Zodiaco. Ese es uno de sus temas recurrentes, por debajo del maquillaje, esa España existe.
En ese mismo artículo reclamaba un ensayo sobre la cutrez que alguién debía escribir en algún momento, guante que, al no haber sido atendido por nadie, ha terminado recogiendo él mismo, ya se sabe, si quieres algo bien hecho, hazlo tu mismo.
Eso es lo que presenta, ahora que parece que ha optado por dejar a un lado sus novelas (algo plomizas y, siento decirlo, prescindibles) y se ha apuntado al carro del libro anual en visperas de navidad (que no pasa nada Alberto, todos lo hacen, pero no todos lo criticaron antes) sobre temas varios con menos elaboración o presuntuosidad pero más accesibles para el público general.
El ensayo comienza de manera bastante canónica, y es por el asunto etimológico del tema, la Rae, las fuentes, las primeras apariciones literarias y la evolución del término. Los orígenes de lo cutre son en si mismo, cutres, ni estan claros ni aluden a nada que no sea eso, cutre. Además es un término comodín, lo que hace bastante inasible la labor de acotarlo. Cutre en los 80 era la movida pero cutre en los 90 era Gil y sus gañanadas, igualmente cutre para una pija de madrid es una cosa y para mi, pues otra.
Como el tema de lo cutre es difuso y no da mucho juego en seguida pasa a las vidas baratas, el barrio, los bloques de vivienda, los pisos con tabiques de papel, el gotelé, el taller de barrio. Tema que agota pronto para volver a lo cutre hoy, la política cutre (la entrevista de Pablo Iglesias en Ana Rosa en aquel piso de abuela de estudiante donde no residia),el humor cutre y su importancia en el humor patrio, el escritor cutre (Houellebecq y otro de sus temas fetiches, Bolaño), los programas del corazón cutres (valga la redundancia), la segunda cadena en sus inicios (que digo yo, Telecinco es la meca de la cutrez catódica desde sus inicios y se puede decir que son cutres todo su horario de emsión salvo parte de las noticias) y, otro de sus temas recurrentes, la biblioteca de barrio que también tiene su punto cutre a su entender (o pobre, no esta claro aqui donde apunta y en Olmos el clasismo siempre esta presente).
Olmos va tocando los palos de lo que a él le parece cutre (la cutrez, fuera de lo abiertamente kitch u hortera, tiene un alto grado de subjetividad) pero el tema parece falto de foco. El tratamiento tampoco está muy definido, no sabes si quiere ser enunciativo, humoristico, irónico ni tampoco donde quiere ir a parar muchas veces más allá de acumular cosas que a él le resultan sórdidas. Igualmente queda por despejar que quiere decir, ¿que todos somos algo cutres? ¿que no debemos renegar del cutrerío?, ¿que los pobres que no querían asumir su modestia eran cutres? falta un tanto de definición en el asunto a mi modo de ver viendo esto como un ensayo. Ni por la naturaleza del término es posible enumerar lo cutre, ni parece querer demostrar o concluir en nada.
En definitiva, tratado o ensayo de la cutrez y la vida pauper que se lee bien pero no deja de resultar más un desarrollo extendido de los temas recurrentes de sus columnas que un intento por abordar el tema central. Imperdonable eso si que ni le dedique una línea al apostol mediático reivindicativo de la cutrez que siempre ha sido Alfonso Arús.
El elogio a la cutrez de Olmos es tan divertido como intrascendente. Después de un capítulo en el que rebusca en la etimología del término, Olmos abandona el aburrimiento lingüístico que esto ha supuesto y se pone, básicamente, a relatar recuerdos suyos de cosas que considera cutre: desde las segundas viviendas en las playas hasta la empresa familiar, pasando por las bibliotecas, los teléfonos móviles y hasta Pablo Iglesias (porque para qué iba a criticar a un político de derechas, ¿verdad?).
Porque el libro es eso, básicamente, incluso cuando en la última parte ya no sabe de lo que escribir se pone a criticar la cultura televisiva de los últimos 30 años como si fuese uno de mis amigos que ya ha publicado un libro sobre ello, solo que Alberto tiene mucho menos talento.
En definitiva, este ensayo y reivindicación de lo cutre no es más que una de sus columnas de opinión alargada hasta las 200 páginas. Como dije al principio, divertida (y muy divertida cuando se pone a darle a diestro y siniestro a otros escritores como ya hiciera en su volumen recopilatorio del VIPS) e intrascendente, pero al menos se echa el rato.
Es un artículo de opinión más que un ensayo sobre un tema. El tema es una excusa, nada aporta en el conocimiento de lo cutre.
Algunas opiniones bastante despectivas innecesariamente, muchas referencias a las lecturas del autor que se va por las ramas sin poner el foco en el tema principal. Quizá entendí mal el tema y no es "lo cutre" sino las opiniones de Alberto Olmos acerca de Pablo Iglesias, Ignatius o lo poco que le pueda gustar la sátira de cómicos españoles.
He gozado este libro como cuto en el barro. Es una manera muy amena y entrañable de visitar la España globalizada. Además la edición física es una pura cutrez
Vaya por delante que uno siente devoción lectora (o sea, agradecimiento, interés y respeto) por el Sr. Olmos, pero este ensayo le ha salido regulero. Es gracioso, porque desmiente la idea de que los libros por encargo salen mejor (la idea se la he leído a Trapiello, seguro, y juraría que también al propio Olmos). Hay reflexiones interesantes y bien hilvanadas sobre la idea de "lo cutre", pero no llenan el libro, en el que sobran espacios como en un aparcamiento de Ikea un día de diario. El autor tira de oficio y rellena páginas como puede hasta llegar a las 200 comprometidas con la editorial. Rescata, a lo mejor sin saberlo, reflexiones ya publicadas hace mucho (miren el raudo#100 de su viejo blog Hikikomori, allá por el 2014, y se encontrarán casi con las mismas palabras sobre Siniestro Total y Cachitos de hierro y cromo). Está uno tentado de comprar la broma que el propio autor sugiere en su introducción y afirmar que es un ensayo cutre sobre lo cutre. Pero es mentira. Este ensayo no es cutre. Es malo. Aun así, siempre hay una inteligencia y un español tan bien escrito en las cosas del Sr. Olmos, que hacen que merezca la pena leerle.
Escribir un libro, aunque sea breve, sobre lo cutre es meritorio. El tema, aunque dé para algunas disertaciones, necesariamente se agota rápido. Más meritorio todavía es escribir como hace Olmos (en este libro y en general), un tipo que hace reír sin ser divertido, al menos a mí, seguro que a otros cabreará. Esa seriedad lo hace especialmente gracioso. Qué bien me cae.
La crítica cultural contemporánea enfrenta la tentación perpetua de subordinar la complejidad de lo real a la elegancia de nuestros esquemas interpretativos. Alberto Olmos sucumbe en su primer ensayo a esta tentación de manera decepcionante.
En la tercera parte de Vidas baratas: elogio de lo cutre, el andamiaje conceptual que Olmos había construido con notable sutileza —esa reivindicación de lo «cutre» como resistencia cultural frente a la hegemonía del consumo acelerado— se resquebraja bajo el peso de sus propias ambiciones explicativas. No me refiero a la decoración retórica de los hechos (estrategia legítima en el ensayismo literario), sino en la manipulación deliberada de hechos o fenómenos políticos concretos para forzar su encaje en la teoría propuesta.
En su empresa personal y política, evidente por sus publicaciones en la red social X, contra los llamados «partidos del cambio», llega a inventarse que la exalcaldesa de Barcelona, Ada Colau, no se bajo el sueldo durante sus mandatos. La realidad es que, ante el impedimento del consistorio, la Alcaldesa de la ciudad condal cobraba alrededor de unos 3000€ mensuales y donaba el resto del sueldo para cumplir con el compromiso del recorte, a pesar del impedimento del consistorio.
Este es un ejemplo concreto de mentira. Pero se puede intuir, prestando atención al trasfondo de su modo de expresarse en el primer capítulo del tercer apartado, una intención expresa de denostar repulsivamente a los movimientos político post-15M de manera velada, en tanto que los trata como casos de estudio para demostrar su tesis de lo cutre.
Cuesta trabajo sostener la confianza lectora, la autoridad del narrador benjaminiana, cuando descubrimos que el ensayista no solo selecciona sus ejemplos (ejercicio legítimo) sino que los fabrica.
Resulta irónico que Olmos, cuya obra narrativa había explorado precisamente la impostura intelectual y los peligros de la construcción artificial de sentido, replica en su práctica ensayística los mismos mecanismos que su ficción denunciaba. El teórico de lo auténtico recurre a la falsificación, el crítico de la cultura del espectáculo monta su propio teatro de la evidencia.
Esta fractura metodológica no solo compromete las reflexiones del último apartado, sino que instala una sospecha hermenéutica sobre el conjunto del texto. Una vez roto el pacto de veracidad, la lectura debe transformarse en ejercicio detectivesco: ¿dónde más se habrá permitido el autor estas licencias creativas? La duda, como bien sabía Descartes, puede ser metodológicamente fecunda, pero cuando se instala por defecto de confianza y no por elección analítica, contamina irreversiblemente la experiencia interpretativa.
Vidas baratas contiene intuiciones valiosas sobre la resistencia cultural popular, pero estas quedan ensombrecidas por un problema de método que las convierte en sospechosas.
A todos nos gusta lo cutre, es lo que viene a resumir este libro, que si algo no es cutre no nos gusta, y después de leerlo, me doy cuenta de que es verdad. El programa de salvame que ven las abuelas y las no tan abuelitas, las casa de verano construidas hace 40/50 años con gotelé, los coches clásicos... Que el que se puede permitir algo mejor y no lo hace es cutre también nos dice este ensayo, y realmente es verdad.
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Sobre el concepto de cutre, que va agarrando significado con el tiempo. Incluso está de moda y reivindicado. Antes era algo negativo, ahora ya no necesariamente.
En un ensayo-crónica sobre la España cutre. Destacan las segundas residencias, las ferias y Pablo Iglesias. Es divertido, punzante, doloroso en ocasiones; Alberto Olmos me gusta. Es un buen narrador del costumbrismo español.
Muy recomendable. Tan divertido como siempre e incorporando, a medida que madura, nuevos registros: lo personal, lo tierno. Y en mi opinión, acertando de lleno.
Expresivo, ágil y sobre todo esos razonamientos " aparentemente" sencillos que hace que uno se diga: es lo que yo pienso y me gustaría saber escribir o transmitir mis impresiones de este modo.